El Eurobasket 2017 no será el mejor de la historia seguramente, pero sí nos está regalando momentos para el recuerdo. El récord histórico de Pau como máximo anotador, la primera fase de Markkanen, la irrupción de Letonia como bloque de presente y futuro, la decepción de Francia… Son muchos los alicientes para disfrutar de los partidos. Y en nuestra retina quedarán guardados varios de ellos.

Sin embargo, cabe decir que este Eurobasket confirma que se deben buscar fórmulas alternativas para que el ambiente sea mejor. Y es que las gradas de los diferentes pabellones que han albergado encuentros durante el torneo han estado semi-vacías. 

Sin ir más lejos, este martes, en los encuentros de cuartos de final, 1.845 personas vieron el España-Alemania, mientras que el Letonia-Eslovenia lo vieron 2.651. Números pobres para un pabellón que puede albergar cerca de 14.000.

Si hablamos de los octavos, la cosa tampoco cambia demasiado. El Lituania-Grecia tuvo apenas 2.144 espectadores, el Eslovenia-Ucrania no llegó a las 1.000 (730) y el Letonia-Montenegro se saldó con 718 personas en el pabellón. Hablamos de menos de un 5% menos de asistencia.

Sí hubo un ambiente acorde a lo que se estaba disputando en el España-Turquía (9.934 personas), aunque para ser la anfitriona tampoco se llenó como se esperaba. El Croacia-Rusia se disparó hasta los 10.153 espectadores, récord hasta el momento en el Sinan Erdem.

En la primera fase, los pabellones de Cluj-Napoca y Tel Aviv presentaron un aspecto pobre en prácticamente todos los partidos. Sólo en Helsinki, donde se juntaron las aficiones de Finlandia e Islandia, se pudo ver un ambiente de baloncesto puro. 

Es evidente que la imagen que se transmite al exterior no es la mejor. Los pabellones deberían presentar otro aspecto. ¿Qué es lo que falla? La FIBA deberá analizarlo.