Es uno de los grandes del baloncesto europeo y un legendario de la liga griega. Es Dimitris Diamantidis, la leyenda del Panathinaikos, quien ha acabado poniendo fecha de caducidad a su carrera profesional.

“Lo tengo decidido, esta será mi última temporada. Quiero terminar mi carrera de la mejor manera posible.” Así anunciaba su decisión en una entrevista para el periódico griego Prasini. El jugador ha demostrado tenerlo muy claro, quiere acabar su carrera siendo una pieza importante, y no una leyenda que acabe aportando más años que ayuda.

Sin embargo, por muy inteligente, acertada y oportuna que haya sido su decisión, el baloncesto europeo se resiste a aceptar que un base de la talla de Dimistris Diamantidis quiera abandonar el barco. Y es que se trata de uno de los pocos jugadores que puede presumir de un superlativo manejo en labores tanto ofensivas como defensivas. Una labor que le ha brindado la oportunidad de pertenecer a ese grupo de jugadores que marcan una época, que ilustran una década.

El triunfo de quien nace y no se hace siempre se ve venir y así lo hizo el de un joven de 19 años que  tras debutar con el Iraklis, y lograr ser el MVP de la Liga helena con 24 años, comenzó a coleccionar ofertas de todos los grandes del baloncesto europeo. En 2005, justo una temporada después, el Panathinaikos lograría hacerse con sus servicios. Comenzaba entonces a labrarse el futuro de Diamantidis, a fraguarse la leyenda de los verdes.

Desde 2005 y durante los 10 años que lleva en el OAKA no ha dejado título individual sin coronar. Ha sido nombrado mejor defensor de la Euroliga en seis ocasiones. Ha formado parte del quinteto ideal de esta competición durante cuatro años, tres de ellos de forma consecutiva. Y ha sido nombrado jugador más valorado en las finales de 2007 y 2011.

Pero el palmarés de Diamantidis no se queda aquí. A esta ingente cantidad de reconocimientos individuales hay que sumarle todos los títulos que ha conseguido de forma conjunta con su preciado Panathinaikos, un total de 18 trofeos entre los que se encuentran: ocho Ligas, tres Euroligas y siete Copas griegas. Por último, y no mucho menos importante, no nos podríamos olvidar del oro con la selección helena en el Eurobasket de Serbia’05 y el metal de plata en el Mundobaskte de Japón’06, medallas que ponen la guinda a este extenso palmarés.

El mayor signo de inteligencia es anticiparse y en este caso Diamantidis no ha podido ser más inteligente. Es cierto que decir adiós a un maestro de los tiempos, del ritmo de juego, de los pases imposibles y de la explosividad ofensiva-defensiva no es plato de buen gusto para quien ama el baloncesto. Sin embargo, alargar el éxito siempre es correr el riesgo de acabar con la estrella y terminar estrellado.

Solo por esto es mejor disfrutar la próxima temporada de un «Diamantidis siendo el que es», que cuatro más de un “quién le ha visto y quién le ve”.

 

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