Desde la temporada 1984-85 hasta el 1991, el pequeño Kobe Bryant vivió con su familia en Italia, donde jugaba el padre Joe; perfectamente integrado en la cultura transalpina, esta experiencia de vida le ayudó a convertirse en uno de los más grandes de siempre.

 

“Si Kobe se ha convertido en el jugador que es hoy lo debe sobre todo al baloncesto italiano. En América se salta y se corre, pero pocos conocen de verdad los fundamentales: en Italia aprendió lo básico de este deporte”; así declaraba Joseph “Joe” “Jellybean” Bryant, padre de “Black Mamba”, sin duda uno de los más grande de este deporte.

 

Que Kobe Bryant hubiese pasado una parte de su infancia en Italia era un hecho conocido, pero, gracias al inconmensurable trabajo de Andrea Barocci, escritor y periodista del Corriere dello Sport-Stadio, y de su libro “Un italiano di nome Kobe” (“Un italiano de nombre Kobe”) salido a la venta la pasada primavera en Italia, ahora conocemos los detalles más íntimos y las anécdotas más curiosas de las 7 temporadas que la familia Bryant pasó a través de la geografía italiana, desde Rieti hasta Reggio Emilia, pasando por Reggio Calabria y Pistoia.

El libro "Un italiano di nome Kobe" salió a la venta en Italia (Foto: Facebook)
El libro «Un italiano di nome Kobe» salió a la venta en Italia (Foto: Facebook)

 

Joe Bryant era un excelente jugador de baloncesto, ala-pívot clase 1954; había disputado 9 temporadas en NBA entre Filadelfia, San Diego y Huston, hasta que decidió dar un cambio radical a su vida personal y su carrera profesional. Padre de 3 hijos pequeños, buscaba una realidad distinta a los ritmos frenéticos del baloncesto profesional americano, que le obligaba a transcurrir mucho tiempo fuera de casa y alejado de la familia. Le apodaban “Jellybean” porque le consideraban un poco loco, pero de loco no tenía ni un pelo. Era una persona buena, siempre sonriente, generosa, quizás por esto no encajaba al 100% en el competitivo mundo de la NBA.

 

En 1984 en Rieti, ciudad de menos de 50.000 habitantes a unos 80 Km de Roma, el presidente del local equipo de serie A2 (segunda división italiana) tenía un gran proyecto y quiso fichar a un estadounidense anotador que enganchase al público e infundiese la pasión para el baloncesto en la pequeña ciudad del Lazio. A Joe Bryant la idea de mudarse con su familia a vivir en la tranquila provincia italiana le gustó, y fue así que empezó la aventura transalpina del pequeño Kobe, que tenía en aquel entonces 6 años, habiendo nacido en 1978.

 

El chiquillo Kobe y sus hermanas mayores Sharia y Shaya frecuentaron la escuela primaria en Rieti, ya que sus padres consideraron absurda la idea de apuntar a sus hijos en la escuela americana de Roma y que tuvieran que cubrir cada día un largo trayecto.  Mientras el padre Joe inflamaba el público de Rieti con sus increíbles porcentajes de realización (pero ni se le ocurría bajar a defender cuando le tocaba…), el joven Kobe aprendía rápidamente el idioma impregnándose de cultura local y no perdía ni una ocasión para coger una pelota y tirar a canasta. Tenía mucha admiración hacia su figura paterna y ya desde muy pequeño se entrenaba en el patio de su casa o en el colegio con una pasión y una continuidad muy raras a estas edades.

 

Cuenta Barocci que ya con 6 años Kobe empezó a jugar a mini-basket con el equipo local y que ya se le notaban un talento innato; era muy bueno Kobe, quizás demasiado, tan superior a sus compañeros de equipo, que tendía a jugar solo contra todos, le costaba pasar la pelota.

Un joven Kobe Bryant con uno de sus primeros equipos en Italia (Foto: nbapassion.com)
Un joven Kobe Bryant con uno de sus primeros equipos en Italia (Foto: nbapassion.com)

 

Los Bryant se integraron rápidamente en la sociedad de Rieti; mientras los padres salían con amigos locales, Kobe también participaba en las típicas fiestas de cumpleaños de sus compañeros de clase. En una anécdota el periodista romano nos describe como Kobe, en una tarde de abril 1985, sorprendió a sus amiguitos lanzándose en un baile de break-dance, algo desconocido a los simples reatinos, desatando la hilaridad de los presentes.

 

Tras dos temporadas en Rieti, el pequeño equipo no logró la promoción en primera división pase a las avalanchas de puntos de Jellybean y los problemas económicos obligaron al talentoso jugador americano buscar otra solución, que encontró en el extremo sud de la península. En Reggio Calabria el presidente Viola tenía en mente un ambicioso proyecto: querría la serie A1, y fichó a Bryant, proporcionando también un encantador alojamiento para el jugador y su familia. El joven Kobe parecía encantado de poder vivir al lado del mar, una novedad para él, y la mudanza en la ciudad, que en aquella época se encontraba envuelta en movida de criminalidad organizada y delincuencia, fue vivida positivamente por parte de la familia, que se quedó al margen de los problemas diarios de sus nuevos vecinos.

 

También en Reggio Calabria Kobe se integró al equipo local de mini-basket, siguiendo en su aprendizaje y su progresión. Según los testigos aportados por Barocci en su libro, parece que el padre no se entrometía demasiado en el desarrollo deportivo de su hijo: confiaba plenamente en el trabajo de los entrenadores locales, posiblemente porque se había dado cuenta que su hijo estaba en muy buenas manos.

 

La permanencia de Joe Bryant en Reggio Calabria estaba ligada a la posibilidad de promoción de la Viola a la serie A1, promoción que esfumó, así que el jugador se encontró sin equipo. De vuelta a Estados Unidos, Bryant esperó con impaciencia una nueva llamada para volver a establecerse en el país que en 3 años él y su familia habían aprendido a amar.

 

Y la llamada por fin llegó, a Joe le querrían en Pistoia, equipo siempre de serie A2; no se lo pensó dos veces, aceptó enseguida, sin tener ni siquiera claro donde se encontrase esta ciudad. Pues en la ciudad de Toscana, cerca de Florencia, los Bryant permanecieron dos temporadas, durante las cuales a Kobe se le pegó el acento típico de la zona. Era desde luego muy gracioso ver a un chaval de color expresarse en italiano con el “h” aspirado típico toscano.

 

Mientras el padre con 33 años deslumbraba no parando de anotar canastas con la camiseta de su nuevo equipo de segunda división italiana, Kobe hacía lo mismo con su entrenador y sus compañeros en las categorías inferiores. Gracias a los precisos enseñamientos sobre los fundamentales, unidos a la clase, empezaba a forjarse un campeón que habría hecho historia.

 

Tras dos años en Pistoia, una vez más la familia Bryant había vuelto a hacer las maletas para Filadelfia, con un Kobe once añero que, como cualquier niño italiano, estaba pendiente del resultado de la final de Copa de Campeones de fútbol, en la cual “su” Milan dominó 4-0 al Steaua Bucarest. Con gran felicidad de todos, durante aquel verano 1989 llegó otra llamada para Joe: le querrían en Reggio Emilia, en serie A1. Su amada Italia estaba lista para acogerles una vez más, para una última etapa, la que más importante se reveló para Kobe, que no tardó en empezar a apreciar la cocina local, pues Emilia Romagna es la tierra de lasañas y tortellini.

 

Otra cosa muy importante era que Reggio Emilia tenía (y aún tiene hoy en día) uno de los sectores juveniles de baloncesto mejores del país, así que durante las dos temporadas en las cuales Joe anotaba canastas para la alegría del público del PalaBigi, Kobe seguía con su aprendizaje, mejorando día tras día, empezando a jugar un baloncesto siempre más verdadero, y destacando siempre más sobre rivales y compañeros de equipo. De hecho, considerando su nivel y su ansia de baloncesto, Kobe jugaba tanto con sus coetáneos, como con los nacidos en 1977 que, estando una categoría por encima, ya jugaban con canastas a altura reglamentar y no las de mini-basket.

 

Cuentas sus entrenadores de aquella época que Kobe era un alumno humilde y con mucho afán de mejorarse en continuación. Si algo fallaba, luego se quedaba más tiempo en la cancha él solo con la pelota y tiraba, tiraba, tiraba a canasta en continuación. Ya tenía claro y lo repetía que él querría jugar en la NBA como su padre, y quien estaba a su alrededor empezaba a creerse siempre más las palabras de este niño de color que hablaba italiano con acento toscano y metía canastas imposibles.

 

Los Bryant habían fijado su nuevo hogar en Montecavolo, una aldea a 20 minutos de Reggio Emilia, lugar que siempre se quedaría en el corazón de Kobe. De hecho a finales de la temporada 1990-91, con la Reggiana retrocedida en serie A2, terminaba definitivamente la aventura italiana de los Bryant, y decírselo a Kobe fue un trauma para sus padres. En Reggio Emilia Kobe tenía muchos amigos, fue donde de niño se había convertido en adolescente y la consideraba su ciudad.

 

Tras un breve y triste paréntesis en Francia, al Mulhouse (problemas económicos para el equipo y de adaptación para los chavales), los Bryant volvieron definitivamente a Estados Unidos, donde Kobe empezaría el College y su carrera tomaría el vuelo definitivo hasta convertirlo en uno de los más grandes de todos los tiempos.

 

Italia está en el corazón de Kobe Bryant, que tuvo la ocasión de volver a Reggio Emilia en 1997 para un entrenamiento cuando ya jugaba en los Lakers desatando la euforia local, que peleó para poder jugar en la Lega Italiana durante el lockout de 2011, pero cuestiones logísticas hicieron este sueño imposible y que ha bautizado a sus hijas con nombre italianos.

 

Un italiano de nombre Kobe, definitivamente.

 

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