Un joven imberbe era yo cuando pisé por primera vez la grada del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid (cuando su nombre no pertenecía a un banco inglés) para ver al equipo menos mainstream de los dos que juegan en esa cancha, el Estudiantes.

 

Asombrado me quedé cuando uno de los fondos no cesaba en gritar y cantar para apoyar al equipo, se hacían llamar “La Demencia” y pese a haber ido a infinidad de partidos de baloncesto de otros equipos, quedé prendado por la pasión de aquel sector de aficionados. Con el partido acabado y la victoria resuelta sonaba en el Palacio un atronador: “Que salgan los chavales uoo” y el entrenador del equipo colegial, haciendo caso a las peticiones, dio entrada a los alumnos más aventajados de la cantera del Ramiro de Maetzu.

 

Estos chavales que habían sido pedidos no cesaron en intentar dejar un buen sabor de boca a su afición y entrenador en busca de más minutos. Sus rostros eran los de la ilusión, las ganas de comerse el mundo. Ahora a la larga mirando los canteranos que debutaron en aquel partido, casi ninguno ha hecho gran cosa en el baloncesto, pero aquel día tenían más ganas que nadie de introducir la naranja por el aro.

 

Hoy en el Santiago Martín, el Estudiantes visitaba la cancha del Iberostar Tenerife tras acumular tres derrotas consecutivas en el inicio liguero, debían ganar. Para colmo el serbio Stimac abandonó el barco a comienzos de semana utilizando la cláusula de su contrato que le permitía irse a la Euroliga, para colmo Nacho Martin también se lesionó. El Estudiantes afrontaba un duro choque con Juancho Hernangómez como mayor esperanza tras su buen hacer la pasada jornada y una convocatoria plagada de canteranos.

 

Como si de Kobe Bryant se tratara, Darío Brizuela, la Mamba del Estudiantes, aprovechó la oportunidad que le dieron para enamorar a propios y extraños en la cancha de la ciudad insular. Era su día, su oportunidad, después de tantos años esperando en la cantera por fin llegó su momento y no lo quiso desaprovechar. Unos increíbles 33 de valoración con 25 puntos y un acierto total en los 6 triples que intentó, hicieron que Brizuela brillara con luz propia y llevara al Estudiantes de los chavales a conseguir la victoria y es que hoy los chavales brillaron con luz propia.

 

Al surgimiento de Brizuela hay que sumarle los buenos papeles de otros chavales colegiales de Juancho Hernangómez que anotó 7 puntos y capturó 12 rebotes y la fundamental aportación de Jaime Fernández, que pese a su Juventud ya es capitán de este equipo y poco a poco está cogiendo las riendas del Estudiantes al que ayudó hoy con 18 puntos y 5 rebotes. Números bestiales de unos canteranos que tuvieron que tirar de un equipo y lo consiguieron, todo producto de casa, todo producto español y es que en España hay talento.

 

En el último estudio de la FIBA sobre jugadores foráneos en diferentes ligas de baloncesto, pudimos comprobar como de las competiciones estudiadas éramos la que menos apostaba por el producto nacional sin superar un 40% de jugadores nacidos en nuestras fronteras (38,4% aproximadamente). Este dato contrasta mucho con el Eurobasket conseguido en septiembre por el equipo nacional, el cual ya denota cierta veteranía más que nada por la falta de concesión de jugadores nacidos en España.

 

Visto lo conseguido por los chavales del Estudiantes, bien podrían Laboral Kutxa, Unicaja y Barcelona (equipos con menor porcentaje de españoles de la Liga) en tomar ejemplo y empezar a apostar por unos jóvenes que cada vez tienen más ganas de destacar con sus equipos, progresar y demostrar que pueden ser bien útiles. Y es que sin las canteras no existiría el baloncesto. Por favor, sigan el ejemplo del Estudiantes hoy aunque no tengan la cantera más grande del mundo y aunque no tengan a una demencia que se lo sugiera: QUE SALGAN LOS CHAVALES.

 

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