El comienzo de algo en la vida siempre despierta ilusión. Bien sea la primera vez que caminamos, la primera vez que vamos al colegio, o la primera vez que probamos sensaciones nuevas. En baloncesto no es distinto, y la llegada de una nueva temporada siempre eleva a su clímax las expectativas a corto plazo. Pero la realidad puede ser bien distinta cuando el presente te da en las narices y muestra una vez más que todo aquello que habías pensado momentos antes de arrancar lo que llevabas tantos meses esperando no responde como uno o todos esperaban. Ese el caso de Los Angeles, y no los Clippers, que de nuevo se muestran como un equipo candidato a todo tras un gran verano y un tremendo esfuerzo por compenetrar piezas en el training camp. Hablamos de unos Lakers que tras cuatro partidos han dejado las peores sensaciones de entre todas las franquicias que este año disputan la NBA, no sin olvidar a Anthony Davis y sus Pelicans por supuesto.

 

La franquicia más popular y «glamourosa» de la historia del baloncesto ha comenzado el curso con un contundente 0-4 que no hace sino mostrar las carencias de un equipo poco trabajado que parece se jugaba a los dados su temporada en merced de un Kobe Bryant que volvió como todos esperábamos, menos ellos mismos claro. Y es que no se puede negar (por desgracia para el baloncesto) que Bryant ya está lejos de esa superestrella capaz de cargar con el peso ofensivo de una plantilla carente de ideas y en la que sólo un jugador es capaz de defender con la intensidad esperada de un jugador NBA. Lo que ha demostrado Byron Scott en este arranque de dudas de los Lakers es su poca implicación y trabajo en la transición a otro rol de un jugador que seguirá insistiendo en lo mismo, porque sus genes, que no su físico, seguirán siendo los mismos el resto de su vida. Bryant ha lanzado una media de casi 16 lanzamientos a canasta por encuentro, no llegando apenas al 32% en tiros de campo. Nadie es más crítico consigo mismo que él, como bien admitió hace unos días de forma rotunda.

 

 

«Apesto. Ahora no soy ni el jugador número 200 de esta liga»

 

Pero la solución no está en esperar a que los tiros entren. El juego de Bryant en estos mes de lesión no ha cambiado un ápice y las estadísticas no hacen más que apoyar la idea. Cuando Bryant está en cancha, el 30% de los tiros de los Lakers son obra suya. Un dato incomprensible para un equipo que esta temporada ha buscado en D’Angelo Russell una pieza sobre la que sostener la franquicia en un futuro y que debe tener en Jordan Clarkson y la vuelta de Julius Randle sus primeras opciones de cara a canasta. El 24 de LA sigue buscando los mismos tiros que antaño, con la clara diferencia de unos porcentajes que no mienten. Su lanzamiento de media distancia se ha visto resentido drásticamente, especialmente en lanzamientos de 3 a 5 metros donde el alero de los Lakers no encuentra su comodidad de años previos y su agresividad de cara al aro es prácticamente inexistente en este comienzo de temporada. Esta claro que su tiempo de muestra no es elevado como para hacer aseveraciones en cuanto a estas malas estadísticas, pero sí nos muestran claramente como el estilo de juego de Kobe sigue cayendo en la misma tesitura una y otra vez. A su falta de acierto en el lanzamiento se le suma su peor ratio de asistencias desde su etapa de novato en el 96. Apenas llega al 15%, cuando en su carrera profesional a pesar de llevar siempre la batuta de «chupón» se ha ido a cifras cercanas al 25 o 30%.

 

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FOTO: NBA.com

 

Y es que en estos Lakers es difícil encontrar a alguien que comparta el esférico. Su sistema de aclarados y la presencia de jugadores que buscan constantemente el uno contra uno como es el caso de Randle, el propio Bryant, Lou Williams o Nick Young provoca que el equipo no pueda generar situaciones de ventajas, quedando jugadores como Hibbert, que se mueven mejor en estilos de juego colectivos, como meros espectadores en el juego de ataque. Es por ello que los de oro y púrpura son uno de los equipos que más anota en la liga, pero también de los que lo hace con peores porcentajes y mayor número de intentos de ese termino que tanto gusta en USA, «Isolations». Junto a una ofensiva con mucho por corregir.

 

Si analizamos la evolución de otra superestrellas con el paso de los años, Kobe Bryant tiene dos espejos a los que mirarse en el presente inmediato. Tanto Tim Duncan como Kevin Garnett han sabido rehacerse a sí mismos desde el minuto uno, adaptando su juego a las condiciones que su equipo necesitaba desde el primer momento. Si analizamos la estadística de la posesión que tiene cada uno con respecto a los jugadores llamados a tener el peso ofensivo en sus distintas plantillas, observamos como Kobe sigue absorbiendo gran parte del juego de su equipo, a diferencia de un Tim Duncan que ha sabido a la perfección delegar tareas en ataque, permitiendo así a su cuerpo seguir logrando ese rendimiento defensivo que a sus 39 años alcanza picos casi más altos cada año. El caso de Garnett es distinto. Su labor como mentor en su vuelta a Minnesota ha logrado hacer de este equipo algo ilusionante en este arranque de campaña. Se implica poco en el juego, pero busca imprimir esa actitud y competitividad a cada instante que está en cancha, y lo más importante, desde el banquillo, sabiendo que la franquicia tiene otras armas en este momento con las que desarrollar su nuevo sistema de juego. Es sabido por todos que Kobe debe evolucionar desde ya a ese rol más secundario, en el que hacer participar mucho más a sus compañeros y delegar unas responsabilidades que no está consiguiendo en las primeras cuatro derrotas. Sin perder su capacidad de competitividad, Bryant debe lograr transmitir a su núcleo jóven que son ellos los que deben cargar con el peso anotador y que él, más que un finalizador, debe convertirse en un facilitador.

 

 

Todavía están a tiempo, pero Lakers se equivoca si el camino por el que quiere llevar a la franquicia esta temporada es el mismo que las pasadas. Hay formas y formas de ser un líder, y Bryant debe volver a serlo desde una perspectiva completamente distinta a lo que nos tiene acostumbrados si quiere que la temporada 2015/2016 no sea un año perdido para la franquicia a la que tantas alegrías ha dado desde el año 96.

 

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