Minnesota es un estado que se encuentra en el vasto norte, asolado por un inclemente frío hibernal. Con temperaturas medias de -15ºC, los inviernos suelen ser largos y helados. Durante esos meses la vida se despliega alrededor de la supervivencia más instintiva.

 

Por la mañana, las máquinas quitanieves inauguran el día, que despierta blanco y entumecido por un clima exigente e implacable, dando lugar al mundo de los hombres. La sofocante calefacción central y el frío coche estacionado en la intemperie se suceden en hábitos de resignación. Cuando llega la noche, los humanos vuelven a sus cálidos hogares, dando paso a un mundo inhóspito y glacial con el cual sólo los lobos están condenados a convivir.

 

Dos días antes de empezar la temporada, el mundo se paró en Minneapolis. Una llama se apagó, presa de la más despiadada enfermedad que asola el ser humano, y dejó los corazones de la ciudad helados. No era un buen comienzo. El cruel invierno llegaba antes de hora, y se antojaba largo e insoportable.

 

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La llama se apagó, Flip Saunders. DEP

Como si fuera una pesadilla, los lobos despertaron repentinamente, sintiendo el aire en su faz, sedientos de libertad. El macho alfa que una década antes había liderado la manada hasta cumbres insospechadas, conciliando hombres y animales en la persecución de un solo sueño, había vuelto a la ciudad. Con él, otros veteranos ilustres adiestran (y escudan) de forma infatigable el relevo generacional.

 

Porque hubo una vez que él lo fue todo. Fue cuerpo y alma, fue ataque y defensa, fue imagen y sentimiento. Con él, los inviernos fueron más cálidos, más cortos, más emocionantes y más vivos. Él terminó con la dureza del hielo, la victoria del frío y la muerte del invierno.

 

El macho alfa, Kevin Garnett.
El macho alfa, Kevin Garnett.

En el pasado queda ese lobo blanco que un día trajo promesas de tres en tres y que depredaba con un hambre voraz rebotes de ilusión a ambos lados del terreno. Un lobo blanco que paseó estabilidad y bonanza en una ciudad desolada por la nieve, el recuerdo y la derrota. Pero ese ejemplar, aunque magnífico y hermoso, nunca fue un macho alfa, y un día se fue en busca de la comodidad que supone no tener que alimentar toda la manada.

 

Pero ahora los cachorros aprenden con velocidad, desarrollando sus instintos animales, comprendiendo su naturaleza predadora, corriendo y defendiendo sus dominios.

 

El guía es un ser foráneo, un lobo de pelo corto proveniente de un lugar más cálido. Entre destellos de magia, ha tenido muchos problemas con el clima del norte, pero poco a poco ha encontrado su sitio, y en este, ha vuelto a ser feliz. Así es como mejor se siente, como mejor desarrolla su juego. Tiene una visión sorprendentemente privilegiada, y una capacidad asombrosa para controlar el territorio y el ritmo que requieren los suyos. Él es el encargado de acorralar la presa, de hacerla corretear por sus dominios hasta que esté perdida para que sus compañeros le salten encima. Con tanto predador suelto, ha encontrado un espacio de confort para la creatividad y la diversión.

 

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El guía mágico, Ricky Rubio.

El lobo negro de dientes perlados es el cazador. Nacido el vasto norte de albos y puros paisajes, su adaptación siempre fue fácil. Una silueta oscura como el carbón, deslizándose suavemente por un mundo blanco. Pese a este contraste aterrador, encontró su sitio, su grupo, y en él está llamado a ser el alfa. Sus exhibiciones día tras otro no hacen más que confirmarlo. Con un cuerpo atlético y unos movimientos gráciles se ha convertido en un depredador letal, y esto, en un juego por la supervivencia más feroz, es diferencial.

 

El más joven de todos, es también el más grande. Llegado de una tierra de indios, donde se cuentan historias, mitos y leyendas acerca de lobos, licántropos y huargos, lleva la victoria colectiva grabada en su ADN. Con un cuerpo descomunal y una naturaleza bestial, es un protector nato y un competidor infatigable, y con una proyección desconcertante a la par que aterradora, está dispuesto a dominar un universo de gigantes en un futuro no muy lejano.

 

El último lobo, Karl-Anthony Towns.
El último lobo, Karl-Anthony Towns.

 

Pero tres no hacen un equipo. Los secundarios se han ido reuniendo, de aquí y de allá, para dar estabilidad a un grupo que la pedía a gritos.

 

Llegó un lobo plateado casi desconocido, criado en la cordillera Balcánica, desde donde salió a campar por Europa hasta que se convirtió en rey. Formando parte de la segunda unidad, se ha convertido en un lujo envidiado por todo el continente. Anota, asiste y rebotea, y lo hace con un anhelo por ayudar, por aportar su granito de arena, que le está volviendo imprescindible.

 

Con él comparte protagonismo el corredor, el rastreador del grupo. El más norteño de todos, el más adaptado al frío y la humedad. Cerca de la costa pacífica, donde también abundan historias sobre seres a mitad de camino entre el lobo y el hombre. Su origen le ha transformado en el más anárquico cazador, pero a la vez el más elegante y espectacular.

 

El cazador anárquico, Zach Lavine.
El cazador anárquico, Zach Lavine.

 

Finalmente, otra promesa les cubre las espaldas en los momentos de descanso. El más cosmopolita de todos, proveniente de la suave y maravillosa California. Un multiusos integrador, que vive y se desvive por el grupo.

 

Porque para afrontar otro invierno glacial, no existen los nombres. Los lobos han dejado la anarquía convirtiéndola en libertad, han roto la somnolencia para construir un sueño y han abandonado la prudencia para cazar con descaro. Han olvidado los nombres y han recuperado un espíritu, la manada.

 

Algo está tomando cuerpo, fuerza y energía. Algo que si sigue creciendo a este ritmo dará calor y alegría por muchos inviernos, y como pasó hace una década cuando él era el rey, llenará las calles de hombres, mujeres, niños y niñas que acompañarán la manada de lobos en su cruzada nocturna contra los fantasmas del norte.

 

 

 

 

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