No se habla de otra cosa, es la semana. Star Wars finalmente ha sido estrenada, y el mundo NBA no ha hecho más que volcarse non stop en estas últimas semanas de competición. Equipos como Milwaukee o Minnesota han querido celebrar el estreno de la película más esperada del año con la noche Star Wars, y desde Fullbasket hemos querido colaborar y tomarnos con un toque de humor la mezcla del deporte que a todos nos apasiona y una de las sagas más memorables de la historia del cine, a través del análisis de los nombres clave de la temporada a estas alturas del año.

 

La fuerza es intensa en ellos…

 

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El salvador de la fuerza. En un momento en el que el físico predomina sobre todo lo demás en la liga, la luz de un elegido nacido en Akron guía al camino a la salvación para aquellos que creen que el baloncesto puede ser dominado por talento en estado puro. Curry ha sido elegido como el salvador de un proyecto muerto, el resurgir de un juego de ensueño similar al baloncesto de antaño, que tantas y tantas veces echan de menos los nostálgicos. Un jugador diferente, un tirador dentro de un cuerpo que muchos desecharon hace ya seis años. Un manejo de balón que impide predecir un juego que el 30 de los Warriors es capaz de extrapolar a un equipo entero. Unos registros históricos por los que nadie apostaba, pero que desde su nacimiento estaban llamado a romper. Curry es un líder, un salvador, un elegido. Y a su ritmo la bahía disfruta., porque el bien siempre prevalece, y el talento también. 25-1 y muchísimo tiene su sello personal. Stephen Curry.

 

 

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Buscando a mi compañero. Harden sigue vagando solo por la liga. Al igual que el contrabandista más famoso del cine, el jugador más especial de los Rockets necesita un compañero. Su Chewie sigue sin aparecer, pero él insiste una y otra vez en convertirse en el más buscado del universo baloncestístico. 5 exhibiciones por encima de los 40, otra por encima de los 50. Nunca se agota, la canasta es su único objetivo, lo demás no importa, siempre el fin, pero sin medios. El problema es otro. Harden necesita aire y una conexión con el llamado a ser su compañero de batallas por la NBA. Un compañero que sin embargo no está cómodo a su lado, una relación llamada a dominar la liga y que no parece más que un espejismo que finalizó el pasado 27 de mayo. Pese a ello, la actitud del 13 nunca cambia. Domina y lo sabe, pero parece que hacerlo en su parcela menos favorita no es una prioridad. Más que nunca debe corregirlo, pues unos Rockets necesitados de su capitán urgen un líder claro en una batalla que tiene nombre claro, Playoffs.

 

 

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Yo… soy tu padre. Eso podría recalcar Kobe Bryant a toda la plantilla angelina. Una última batalla en la que la debilidad muestra su imagen más confusa, en la que la lucha ya casi no tiene victoria, pero en la que la esperanza por recuperar y mostrar una franquicia nueva muestra la meta al final del camino. Amado por muchos, odiado por tantos otros, el 24 de los Lakers nunca deja a nadie indiferente. Solo una pelea más y ceder el testigo a la nueva luz, un último viaje lleno de aplausos y admiración incluso por los más reacios. Independencia, desobediencia, Kobe es único y seguirá siéndolo, en la cancha y fuera de ella. El arranque ha sido complicado, pero como en tantas otra batallas Bryant siempre encuentra la salida, y esta vez no será diferente. Se va uno de los más grandes, no de la actualidad, sino de toda la historia.

 

 

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El poder del lado oscuro. Sin ruido. Temporada a temporada. Comandando la liga desde la sombra. Moviendo hilos Russ ha mostrado ser el otro «malo» de la liga. Aquel que a la estela de los grandes adorados lucha de forma particular en una batalla contra el mundo y contra sí mismo. Un talento distinto, hecho a si mismo por  pura evolución y constancia. Llegando a todos pero de una forma diferente. Aquel que siendo el malo siempre consigue convertirse en el eje de una trama que este año busca el tan ansiado anillo. Aquél que casi demostró poder luchar contra el mundo él solo. Una hazaña que siempre termina fallando, pero que demuestra la ambición y las ganas de dejar huella. Westbrook sigue consiguiéndolo año a año, y por ello es por primera vez candidato a mejor jugador de la temporada con su gran acompañante en la fuerza a pleno rendimiento. Está por ver si ha terminado de superarle, pero una cosa queda clara, ganas nunca le faltan.

 

 

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Recuerda, la fuerza estará contigo siempre. El maestro sigue impartiendo sabiduría allá por donde va. Difícilmente habrá habido un mejor mentor en la liga desde su creación. Un jugador que a sus 40 años continúa dando clase tras clase, consejo tras consejo, para hacer de su aprendiz uno de los mejores aleros de toda la liga. Poco a poco, como durante toda su carrera. Con un estilo único, con una inteligencia única. Solo los sabios son aptos para impartir conocimiento, y es realmente complicado conocer a alguien más sabio baloncestísticamente hablando que el mejor número 21 de la historia de este deporte. Una leyenda que aprovecha sus últimos compases para disfrutar, sin perder un ápice de esa competitividad que le ha hecho el más grande, pero sin ignorar ni un solo segundo a esos jugadores dispuestos a aprender de él desde que aterrizan en San Antonio. Compañero único, mente única, talento único. No hay palabras para describir a Tim Duncan. Maestro.

 

Wookie of the year

 

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Una generación dorada en las alturas. Tres jóvenes con talentos dispares, pero imparables al fin y al cabo. Tres ganadores natos a los que su afán por mejorar y crear historia propia han hecho del 2015 una de las grandes camadas de los últimos años. Un europeo (Porzingis), un centroamericano (Karl-Anthony Towns)  y un estadounidense (Okafor) se rifan el premio que te señala como elegido a triunfar. No siempre sucede, pero nadie tiene dudas al respecto sobre tres interiores que han mostrado en diferentes ámbitos una descaro impropio a estas alturas. Uno se ha ganado a la meca, hecho que no sucedía en un novato desde tiempos de los grandes, de los más grandes. Otro hace historia a nivel estadístico. Un talento único que apenas muestra fisuras, y al que su constante evolución le convierte en una mente sin techo aparente. El último es el más inconformista. Crecimiento desde el sufrimiento, la premisa para el triunfo. Pero es el eje, y la franquicia lo tiene claro. Tres chavales que han rendido por encima de lo esperado en situaciones muy diferentes, pero que muestran en la pista todo lo que esconden fuera de ella. Una batalla que acaba de arrancar, pero que está llamada a hacer historia. ¿Quién se lo llevará? El más constante y regular, aquel que maneje mejor la presión y sepa manejar situaciones que gente de su edad no ha podido conseguir antes.

 

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