La humildad, el respeto, la integridad. Incluso teniendo todos estos valores, la crueldad del deporte puede llegar a términos impensables. Porque el estallido de júbilo, a veces, puede acabar como el rosario de la aurora. Eso es lo que ha pasado en Estados Unidos (cómo no).

Nos ubicamos. Burrillville juega contra Cariho, partido de High School. En jugo, nada más y nada menos que el campeonato estatal. Todo un curso trabajando para ese día. Tras anotar en su último ataque, los Broncos robaron el balón en defensa y lo lanzaron al aire en un intento por que pasara el poco tiempo que quedaba. De repente, los tableros se iluminaron y el marcador, que señalaba 0,0 marcó el final del partido. Todo el equipo de Burrillville saltaba a la cancha para celebrar la victoria…antes de tiempo.

El jugador de Chariho que había recuperado el balón tuvo el suficiente aplomo para pedir tiempo muerto antes de que el reloj llegara a cero. Los jugadores de Burrillville tuvieron que abandonar la cancha y defender una última posesión que terminó con la canasta rival y con el título que habían abrazado segundos antes, lejos de sus dedos.

Esto es, en definitiva, la crueldad del deporte.

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