La selección de España femenina cuenta los partidos de preparación por victorias. Ante Cuba, en el último encuentro del Torneo Provincia de Palencia, volvió a mostrar su capacidad para interpretar el juego desde la eficacia y la brillantez (83-40).

Partido roto en pocos minutos y sin embargo y como si el marcador no existiera, misma vocación por crear baloncesto en ataque y en defensa, por encontrar placer en construir y en destruir, en jugar largo en ataques posiciones o en romper la defensa con rápidas transiciones. Y todo ello desde el esfuerzo justo, constante, sensato. Porque en esta selección española nunca encuentras desidia como tampoco exageración. En según qué partidos adquieren ese ritmo constante que va encadenando acciones desde… sí, desde la armonía. En el minuto 15, 31-8 y al descanso la ventaja era descomunal (40-16) y ya no tanto por lo que indicaba el luminoso sino por lo que sucedía sobre el parquet.

Y en la segunda parte, más de lo mismo pero viajando los dos equipos mentalmente en direcciones opuestas. Porque de la misma manera que las jugadoras cubanas notaban en las piernas y con ello en la vocación defensiva, el desgaste de un marcador adverso, las nuestras insistían en una defensa intensa, en una propuesta continua de contraataque, en una lectura perfecta de las debilidades del adversario. El marcador ampliaba progresivamente diferencias, 64-29 al final del tercer cuarto, y España disfrutaba de una nueva y contundente victoria, con todas las jugadoras anotando asistiendo, encontrando en las esquinas los lugares donde no llegaba la defensa cubana, cada convertida en una manta corta incapaz de tapar todas las amenazas españolas.

Foto: María González (FEB)