Ben Simmons (Louisiana State University)

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La esperanza de relanzar una franquicia. Esa podría ser la descripción del jugador australiano que llega a la NBA con el mayor cartel de la historia. Íntimo amigo de su compatriota Dante Exum, la otra esperanza del conjunto kiwi, Ben Simmons es la definición de baloncesto «casi» total. Formado en su Melbourne natal, fue con 16 años cuando este talento sin igual cogió las maletas rumbo a Estados Unidos, más concretamente a Montverde, Florida, donde su caché no paró de crecer y se mostró tal y como era, el mejor jugador de su generación con muchísima diferencia. En su temporada sophomore, a las órdenes de uno de los mejores técnicos de High School, Kevin Boyle, Simmons fue la pieza clave sobre la que se sustentó la remontada de Montverde frente a St Benedicts tras llegar a perder por 16 puntos de diferencia.

Su presencia en el Jordan Brand Classic le catapultó a todas las portadas, nombrando a un chico australiano de 17 años como uno de los mejores proyectos de jugador de los últimos 20 años. Tras tres títulos consecutivos a las órdenes de Boyle, Simmons tuvo que decidir donde jugar su única temporada en el baloncesto colegial. Con algunas de las mejores universidades del país tras su recruit, fue su relación con David Patrick, asistente de Louisina State, el detonante de su marcha a una universidad que desde Shaquille O’Neal no contaba con un recruit de este calibre. Íntimo amigo de su padre, con el que jugó en su juventud, la confianza entre Patrick y Simmons es total, hasta el punto de denominarle su padrino. La temporada en LSU a nivel colectivo no ha sido ni mucho menos lo esperado para Simmons y un equipo llamado a rivalizar con los mejores grupos en la SEC. Ni siquiera una no clasificación para el NIT mancharon un ápice el potencial individual de un jugador que ha mostrado de nuevo al mundo sus excepcionales virtudes para este deporte, pero que a la vez y en un equipo tan poco trabajado y cohesionado, ha dejado a la luz las múltiples e importantes carencias que posee su estilo de juego.

SIMMONS

Dominante desde el rebote y salida a campo abierto, el juego de Simmons es pura imaginación. Conoce a la perfección su cuerpo y sus capacidades atléticas, además de aunarlas todas juntas con una visión de juego impropia para un ala pívot de sus características físicas, lo que recuerda de forma inevitable a uno de los grandes de la historia, Lebron James. Su capacidad para subir el balón y generar ventajas ante jugadores de su corte físico, además de su velocidad y movilidad le permiten sacar multitud de variantes a la hora de anotar, pero durante esta temporada ha mostrado, a veces en exceso, que su primera opción siempre es involucrar a sus compañeros y buscar la mejor opción, evitando incluso asumir galones necesarios para los Tigers en determinados encuentros clave de la temporada. Sus virtudes son innegables, pero su gran carencia es el lanzamiento. Y desgraciadamente su paso a college ha enfatizado más esa necesidad de mejora que se antoja imprescindible de cara al profesionalismo. Completamente nulo a la hora de tirar de larga distancia, el midrange jumper también se le resiste. A niveles colegiales ha usado su cuerpo para llegar a canasta y generarse sus tiros, pero ante las bestias físicas de la liga, y de igual a igual, Simmons estará obligado a generar amenaza con su suspensión o las defensas le flotarán y se centrarán en bloquear su capacidad innata para el pase.

Diversos scouts han admitido ver una evolución durante este período predraft en los entrenamientos, pero su traslado a los partidos será la gran incógnita que además podría costarle un número uno que durante ya tres años se antojaba dirigido al genio de Melbourne. Simmons es un proyecto único, un All Star perenne y un jugador sobre el que sustentar un proyecto deportivo sin apenas vacilar. La duda es si Philadelphia apostará por sus capacidades o de lo contrario se la jugará al best fit. Mientras, Lakers a la espera.