Mucho han cambiado las cosas para la selección española en apenas 10 días de competición. Del descalabro de las tres primeras jornadas a la dominación absoluta, primero con Lituania y posteriormente ante uno de los rivales más complicados del torneo olímpico. Los cuartos de final entre España y Francia prometían una nueva batalla en la especial rivalidad que ambos conjuntos han adquirido, con especial hincapié, en los últimos ochos años.

Victorias dispares para ambos combinados, que siempre han vivido con especial intensidad los enfrentamientos previos a estos Juegos Olímpicos. Con estrellas del calibre de Pau Gasol, Tony Parker o Nico Batum, el partido estaba llamado a ser uno de los grandes de la competición, pero la realidad es que el nombre que asumió todo el peso ofensivo fue el de Nikola Mirotic. El ala pívot español tuvo ante sí la posibilidad de asumir ese rol dominador al que siempre estuvo predestinado, pero que nunca logró alcanzar, hasta ayer.

Con un Pau Gasol muy errático en el apartado ofensivo (no así en el lado contrario de la pista, donde fue una de las piezas más destacadas de un conjunto que sea coloca ya como la mejor defensa del torneo), el jugador montenegrino nacionalizado español por fin ha demostrado lo que todo el mundo esperaba de él tras dominar el baloncesto europeo en categorías inferiores y ser el elegido en el eterno debate por el hueco de nacionalizado con Serge Ibaka, que fue la selección de Scariolo para los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.

Con el plan francés de negar la recepción a Gasol en la pintura, con dobles marcajes continuos, abrir la cancha era una obligación en el juego de la selección para hacer daño a una Francia que esta vez fue inferior en el plano físico. Scariolo lo vio rápidamente y es por ello que Mirotc se convirtió en el factor X del conjunto español. Su capacidad para ocupar el lado débil y abrirse tanto en las esquinas como en la zona central fueron una pesadilla constante para el juego francés que nada pudo hacer para llegar a las acometidas de un Mirotic que día a día sigue mostrandose más amenazante en tiros de larga distancia.

Su concentración fue inmejorable, y su cara reflejaba la felicidad de encontrarse cómodo en un papel que por primera vez desde que llegó a la selección, para el Europeo 2015, tuvo tiempo para asumir. La circulación española le encontraba, todo mientras el jugador de los Bulls buscaba una y otra vez sacar a Diaw de zonas interiores.

Pero el impacto de Mirotic no solo se hizo palpable en tiros abiertos. Agresivo de cara al aro en cada momento y buscando el extra pass en cada ocasión que podía, el montenegrino demostró porque su juego sigue siendo cada día más completo hasta el punto de liderar a uno de los mejores equipos del mundo.

Y si el ataque fue de escándalo la defensa no se quedó atrás. Pese que Mirotic no es ni será nunca un especialista en este ámbito, su defensa en ayudas sigue día a día generando una conexión mejor con un Gasol que canaliza todo el sistema si su físico le respeta. El miércoles lo volvió a dejar muy patente, atacando con intensidad el rebote ofensivo y dejándose ver realmente bien en las defensas 2vs1 y en la presión en líneas de pase.

Y es que no hubo un jugador en cancha que hiciera a peligrar el MVP de Nikola Mirotic en el encuentro. 23 puntos, 5 rebotes, 2 asistencias y 2 robos además de un 26 en valoración fueron los números de Nikola en uno de los partidos más importantes de su vida. Cuando la presión asfixiaba y España le necesitaba más que nunca.

Ese jugador del que la selección ha carecido en los últimos tres años y que pone por fin en evidencia que la referencia interior está asegurada con la retirada del más grande. Mirotic era la pieza que le faltaba a una España que arrancó con dudas, pero que llega por tercera vez a unas semifinales de los Juegos, hecho histórico en el deporte español.

El rival será Estados Unidos. Un conjunto que no se parece en casi nada a aquellos equipos dominadores de Pekin y Londres, pero que ha demostrado de sobra su garantía en momentos importantes. Con todos en el barco, solo faltaba Mirotic. Su hora ha llegado, esperemos que sea por muchísimo tiempo.