«Dedicarse constantemente a aquello que nos apasiona vence con frecuencia al talento». En el caso de España, el talento sobrepone a cualquier tipo de superstición u obsesión física.

Una travesía inolvidable. 10 años en la cúspide del baloncesto mundial. Mirando de tú a tú a todos, inclusive a los estadounidenses. Dominando. Colgándonos medallas. Ejerciendo una supremacía nunca antes vista (en Europa). Galopando sin cesar por cada campeonato con etiqueta de favorito. Respetados. Admirados.

De Saitama a Río

Obviaremos el bronce de 2001 y la plata de 2003. Vayamos directamente a Saitama, a aquel Mundial de 2006 en Japón. El inicio de todo. El origen. La primera piedra de una inolvidable década. Y eso que la final, contra Grecia, la jugamos sin Gasol, lesionado en semifinales. Pero dimos una muestra de qué significa ser un equipo. Con los triples de Garbajosa, un superlativo Navarro, los eternos Mumbrú, Calderón y Jiménez… En definitiva, el inicio de todo. Nos presentamos al mundo y nos bañamos de oro con Pepu en el banquillo. Allí empezó esta fiebre llamada BA-LON-CES-TO.

Un año después llegó una de las mayores decepciones. En casa, en el Eurobasket 2007. La final contra Rusia. Un partido un tanto extraño, con tanteo bajo y, cuando parecía controlado con el 59-54 a favor de España a 1:17 para finalizar, un bloqueo invadió a la selección. Rusia comenzó a anotar canastas fáciles y España se empecinó con meter balones en la pintura a Gasol, lo que provocó varias pérdidas seguidas que dieron vida a los rusos, hasta el punto de que a falta de dos segundos, Jon Holden ponía uno arriba a los rusos. La situación era crítica. ‘Pepu’ Hernández pedía tiempo muerto y diseñaba una jugada para Pau Gasol, el buque insignia. Carlos Jiménez sacaba de banda casi al límite de violar los cinco segundos, enviaba el balón a Gasol que hacía un reverso, tirando el balón a tablero, y éste, tras besar el cristal, hacía la corbata en el aro y se salía. Rusia era campeona de Europa. Tan increíble como merecido.

Pero tocaba seguir soñando, había que ir con todo a los Juegos de Pekín 2008. Fuimos superando todos los obstáculos hasta que tocaron los americanos en la final. Les tuvimos, les hicimos sufrir, creyeron que se les escapaba nuevamente el oro -tras el fracaso de Atenas 2004- Pero no pudo. España había perdido, pero eso era casi lo de menos. Las caras de los jugadores se fueron alegrando a medida que pasaban el mal trago de la derrota, eran conscientes de que habían llevado hasta la extenuación a la mejor selección del planeta. Durante 40 minutos, habían llevado a un país entero a soñar con el oro. En definitiva, eran Historia del baloncesto. Una plata que vista a la luz de nuestros ojos, era de oro.

Tocaba levantarse del varapalo acaecido en el verano anterior y que mejor manera que hacer un back to back en el Eurobasket de 2011 en Lituania y volver a colgarnos el oro. Quizás el mejor torneo que ha jugado la selección a día de hoy. Supremacía de principio a fin, con Navarro llevándose el MVP en un campeonato brillante, en el que parecía un milagro verle fallar un tiro.

Y los Juegos de Londres 2012. Oh, lo tuvimos de nuevo en nuestras manos. Si en Pekín fuimos un grupo de talentos con las técnicas de supervivencia de una banda de boy scouts, ahora éramos William Wallace, rebelándonos contra todo y contra todos, con el mismo infausto destino, el fracaso, pero con una diferencia, seguíamos vivos para quien sabe si en 2016 tener otra oportunidad. Una generación ejemplar. Un sueño que todavía latía. Nos colgaron una plata, nos sentíamos de oro.

Dos manchas en un historial prácticamente inigualable.

  • El Mundial de Turquía 2010, la mejor ocasión para defender la corona conseguida cuatro años atrás en tierras japonesas. España era la segunda mejor selección del planeta (a años luz del tercero y no tan lejos de la primera). Un nuevo reto tan apasionante como difícil, pues hasta el momento, sólo Brasil (1959, 1963) y Yugoslavia (1998, 2002) habían sido capaces de repetir éxito de forma consecutiva en dos Mundiales. Pero Teodosic se inventó un triple inverosímil a falta de 3 segundos y desde una distancia más propia de Curry que de él para dejarnos en la cuneta en cuartos.
  • Y el Mundial de 2014, en nuestro país, con todas las ilusiones puestas en hacer historia en casa. Pero Francia nos pasó la mano por la cara ante la inoperancia de Orenga y jugadores que no estuvieron a la altura de las circunstancias.

Pero este grupo no entiende de fracasos y, si llegan, se levanta cuál ave que busca a su presa para recuperar el dominio del territorio.

Así fue en el Eurobasket 2015. En Francia. Nuevamente con ese inicio de campeonato titubeante. Con Alemania rozando una eliminación que hubiera sido catastrófica para los nuestros. Pero se rehicieron, con Pau Ribas como héroe silencioso. Y cuando llegaron los cruces apareció el gigante. Pau Gasol. Sería injusto individualizar tanto en un torneo colectivo, pero fue él el gran artífice del éxito. Aquellos 40 puntos en las semifinales contra los galos forman ya parte de los anales del baloncesto FIBA. Por dominio, por superioridad, por excelencia. Y en la final no dimos opción a Lituania.

Y así ha sido en Río de Janeiro 2016. Pese a comenzar con dos derrotas, rozando el apocalipsis, España recuperó su versión de selección mítica y barrió a Lituania y Argentina en la fase de grupos para terminar en segunda posición. Y entonces llegaron los cruces. Francia, otra vez Francia. Y como en 2015, nuevamente victoria -aunque ésta mucho más espectacular con un juego magnífico-. Tocaban las semifinales contra Estados Unidos. Una final anticipada. Y España lo tuvo cerca, y a la vez muy lejos. El marcador más corto de diferencia, pero con las sensaciones más rarunas. Tocaba luchar por el bronce ante Australia, con la que teníamos un balance histórico de 5-2. Y estos tíos no fallaron y se colgaron el tercer metal olímpico consecutivo.

El de la guinda a un pastel muy goloso.

Algún día valoraremos en su justa medida el nivel de competitividad que ha tenido este grupo en los grandes campeonatos. Por que en muchos comenzaron mal, sembraron dudas, levantaron criticas… pero siempre acabaron luchando por las medallas -y ganándolas-, demostrando que ese gen ganador indomable les dejará como una de las mejores selecciones internacionales de todos los tiempos.

Por que todos los rivales les admiran, les respetan, les imitan. Por que todos los entrenadores y jugadores han sabido elogiar en su justa medida a esta España. Parker y su «se parecen a los Spurs», Coach K y su «partido más difícil -el de semifinales», Nowitzki y su «siento envidia por la historia que han escrito», Scola y su «hemos compartido muchos campeonatos y jugar contra ellos era un suplicio».

Por tantos éxitos, momentos de felicidad, partidos inolvidables… Gracias y mil gracias, equipo. Sois historia.

 

Fuente imagen: FIBA
Fuente artículo: Fullbasket