El colofón a un círculo inimaginable. El broche de oro -de bronce, en este caso- a una generación irrepetible. España derrotó a Australia en un precioso partido y acabó tercera en los Juegos Olímpicos de Río, conquistando así su cuarto metal olímpico, el tercero de forma consecutiva.

No fue un partido fácil, y eso que los chicos de Scariolo comenzaron muy acertados en ataque, con Gasol superando con claridad a Baynes y Mirotic abriendo la pista para martirizar a los australianos desde la línea de tres. En defensa, Llull contagió a los demás con su intensidad, cortocircuitando a los pupilos de Lemanis.

A pesar de las tempraneras dos faltas de Ricky -hastiado con el arbitraje a lo largo del torneo-, España supo frenar el juego colectivo de los Boomers. Mills aparecía en cuentagotas. Los primeros diez minutos acabaron 17-23 para los españoles.

Entró la segunda unidad para mantener el nivel defensivo y la renta en el marcador. Y lo consiguieron con la pareja “merengue” Reyes – Hernangómez, que hicieron ese trabajo “de perros” que tan poco se valora en el baloncesto moderno. Rebote, agresividad, resolución. Paró el partido Lemanis (23-32, min 14).

Parecía romper el partido España con dos triples de Claver y otros buenos minutos de Gasol, omnipresente en la pintura (28-40, min 17). Pero en los últimos tres minutos, Andersen, brillante en la lectura del pick’n roll, castigó a los de Scariolo, poniendo nuevamente a Australia en el partido al descanso (38-40).

Siguió la misma tónica tras el descanso. La de la igualdad. La del intercambio de canastas. Concretamente fue un duelo entre dos compañeros. Gasol y Mills, Mills y Gasol -compartirán vestuario en los Spurs-. El pívot español barrió rebotes, hundió alley-oops y amargó constantemente a Motum y Andersen, con quien tuvo sus más y sus menos. Y el base australiano encendió su chispa, con un sinfín de recursos técnicos y una demostración de una muñeca prodigiosa -de las mejores del campeonato.

Nos íbamos al último cuarto con todo por decidir (64-67).

Motum se disfrazó de Blake Griffin, y con un mate en la cara de Gasol obligó a Scariolo a parar el partido (70-70, min 32). España estaba atascada, pero Bogut eliminado.

Y llegaron los momentos de infarto. Con España no muy acertada en ataque, dependiendo de las genialidades de Gasol, inconmensurable en la zona. Mills se empeñó en que el sueño no se hiciera realidad, y Baynes puso por delante a Australia a falta de 1 minuto.

El Chacho metió dos tiros libres clave a falta de 5 segundos… y Claver, en la última defensa, impidió que Mills lanzara a canasta.

El bronce es ya una realidad. El fin a una década irrepetible. Lo han vuelto a hacer.

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