Que el baloncesto español necesita un empujón para mejorar su expansión no es ninguna sorpresa. Que salvo cuando juega la selección española estamos perdiendo audiencia, tampoco. La Supercopa empieza con pobres audiencias.

Gracias a la web FormulaTV, que día a día hace un análisis completo de las audiencias del día anterior tanto en TDT como en plataformas de pago, vemos que la final entre el Gran Canaria y el Barcelona no llegó a los 54.000 espectadores, es decir, no estuvo entre las 20 programaciones más vistas del sábado en Movistar.

Sí estuvo la semifinal entre el Madrid y el Barcelona, que superó los 110.000 espectadores, aunque no dejan de ser cifras muy bajas para un partido de ese calibre y en horario prime-time.

Es interesante ver como los entrenamientos libres de Moto 3, que no son la carrera en sí, superan a toda una final de la Supercopa. Un dato sin más, podríamos pensar (y así es de hecho), pero no deja de ser significativo.

El debate en las redes es claro: la ACB va a perder audiencia y la masa popular no sabrá cómo va el desarrollo de la competición.

Pero la otra cara de la moneda también es clara: Movistar aporta unos ingresos a la liga imprescindibles, dotando a los clubes de un plus económico que, en muchos casos, supone más de un 25% del presupuesto total del club. Y que el trato televisivo que se le da al baloncesto es infinitamente superior en términos de calidad al que le daba TVE.

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