Un simple nombre ensalza toda figura infinitamente más que su rendimiento. Es cuestión de fama, de reputación. Al fin y al cabo, la afirmación ‘todo lo que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas porque nadie más lo hará’ toma sentido cada año al aproximarse el All-Star. Nos situamos en una sociedad estamental por así decirlo. Hay privilegiados, y no privilegiados. Todo está escrito. Por desgracia, corren tiempos difíciles para el concepto ‘destino’.

Y, a día de hoy, sigue pareciéndome cuanto menos fascinante la equívoca concepción de este ‘partido de las estrellas’. No es cuestión de medir la valía del jugador, sino de recompensar su rendimiento en lo que va de temporada. Duela a quien duela. Falte quien falte. Sobre quien sobre.

Este reconocido ‘All-Star Game’ ha pasado de ser un choque pasional entre ‘lo mejor’ de la competición a un paripé donde se premia infinitamente más el ingenio de fans, franquicias, ‘celebrities’ y, por qué no, jugadores para ganar votos en las redes sociales. En definitiva, alabamos las ‘payasadas’ y otorgamos a estas nuestro voto, olvidando a un grupo reducido de héroes que luchan contra la historia jornada tras jornada y que, desgraciadamente, no recibirán su más que merecida recompensa. Acudirán como suplentes, sí, pero es cuestión de principios, de amor por el deporte y de tener ciertos valores. Deben ser titulares los mejores, no los favoritos.

Una vez introducido el tema, comencemos. Los últimos serán los primeros. Los olvidados serán los grandes protagonistas de esta mi reflexión (escrita). Olvido a muchos de igual valor, lo sé. Perdonadme, de corazón.

Comencemos por él. Figura endiosada en plena hazaña histórica. Lo inalcanzable parece estar a su alcance. Sí, se trata de Russell Westbrook. El hombre del triple-doble, el gran líder de unos devastados Thunder que, contra viento y marea, se afianzan en posición de PlayOffs, pero claro, aquí influye más ganar 65-70 partidos rodeado de otros 3 All-Stars.

Al hablar de Russ, son muchas sus proezas y marcas registradas que pasarán a la historia. Entre ellas, el hecho de promediar un triple-doble, único caso en la historia desde el todopoderoso Oscar Robertson. Pero su grandeza no acaba aquí, pues lidera la mejor liga de baloncesto del universo en puntos por partido (30’6), puntos por cada 48 minutos de juego (42’5) y porcentaje de asistencias (56’9%). Para agrandar su endiosada persona, cabe mencionar que secunda la NBA en asistencias por partido (10’4) y, siendo base, es undécimo en rebotes por partido (10’6). ¿Alguna duda al respecto? Lo imaginaba.

A pesar del irreal alcance de sus estadísticas, quedémonos con el valor de las sensaciones. Lo intangible. El esfuerzo sobrehumano al que somete a su anatomía jornada tras jornada, el coraje que expresa sobre la cancha, el liderazgo sin igual, el apoyo incondicional de sus súbditos. ‘Ganaremos (y perderemos) por ti, sin reproches. Gracias y perdón.’

Russell Westbrook

Una vez desvelado el primero de nuestros dos grandes intérpretes, desvelemos el segundo pues. Isaiah Thomas, liderazgo y corazón en estado puro de unos 175 centímetros. Otro héroe olvidado.

Para conocer quién es verdaderamente este jugador hay que verle sobre la cancha. Observar cómo interpreta el baloncesto, cómo choca ante todo rival, cómo penetra sea cual sea la oposición. Una gota de su sudor posee más coraje que el del resto de jugadores. Es una cuestión de calidad, no de cantidad.

The King of the Fourth‘. Él (y solamente él) se ha ganado tal reconocimiento. Lidera. Así de sencillo. A su lado, los Celtics parten con una ventaja inconmensurable en todo último cuarto. Su cuarto. Pero esto no finaliza aquí, hablemos de lo tangible, del valor de las estadísticas. Así, el gran Isaiah Thomas es cuarto en puntos por partido (28’7), pero segundo en puntos por 48 minutos de juego (40’5). Dato que habla mucho (y bien) de su valía. Así pues, su aportación en el apartado organizativo y distributivo de su equipo es muy potable con 6 asistencias por partido, ocupando la decimosexta plaza en tal apartado.

Orgullo Celtic‘ circulando por sus venas. El trébol vuelve a estar de moda y, en gran parte, es gracias a él.

Isaiah Thomas

Dicho lo cual, ya sabéis cuál es mi concepción de este All-Star Game. Por suerte, los incondicionales seguiremos aquí, batallando.