El deporte tiene multitud de virtudes. Una de ellas, quizás la menos vistosa a ojos del espectador, tan amante de las estadísticas y los highlights, es la posibilidad de hablar el mismo lenguaje allá donde vayas.

Con una pelota naranja de por medio puedes entenderte. Eso debió pensar Brad Kanis (29/XII/1983, Portland), uno de los jugadores que más países ha pisado (nueve) para jugar a aquello que le apasiona desde que tenía cinco años: el baloncesto.

Afable, cercano, con un punto de humor y largo, muy largo (218cm). Kanis vive desde hace tres años en Girona, sede de la Europrobasket International Academy que él mismo dirige. “Intentamos trabajar con jugadores de todo el mundo, jóvenes y no tan jóvenes, para que puedan labrarse un futuro en Europa. La exigencia técnica, táctica y física aquí es mucho mayor a la de otros países y nosotros ofrecemos un programa completo para poder ubicarles en algún equipo, aunque esto es deporte profesional y nada es sencillo”, cuenta.

La altura de Kanis, acompañada de su corpulencia, impresionan. “No hay día que alguien me mire con cara de estupefacción por la calle”, confiesa entre risas. Claro que no es de extrañar que el estadounidense mida 2,18m. Su padre se alzó hasta los 2,10m y su madre alcanzó el 1,85m. “Diría que hasta los 22 años seguí creciendo. Nunca hubo, por eso, un estirón de estos impresionantes. Fue algo progresivo”, recuerda.

LEE EL REPORTAJE COMPLETO EN FULLBASKET MAGAZINE 8 

(DESCARGA) –>