Está claro que Eulis Báez no es Kevin Bacon, pero también es cierto que el dominicano ha sido capaz de sacar de quicio a todo un Baskonia gracias a su gran juego de pies y su enorme intensidad, gracias a su forma de bailar en la zona. El capitán del Herbalife Gran Canaria sacó a relucir su mejor baloncesto cuando su equipo más lo necesitaba y eso, apoyado en un juego rápido y con más ritmo que el del pasado sábado, llevó a los amarillos a forzar el tercer partido. Con O´Neale y McCalebb como principales gregarios, Báez le devolvió al Granca la sonrisa que había perdido en Vitoria.

La intensidad de los dos equipos se dejaba notar en cada ataque, en cada defensa. El juego estaba siendo bastante eléctrico y con mucha guerra individualizada en esos primeros instantes donde ambos buscaban cogerse ese calorcito ideal para empezar. En ese sentido, el Granca se encontraba un poco más cómodo e incisivo, consiguiendo percutir en la zona del Baskonia con más facilidad que su rival. Con Salin y Báez reencontrándose a sí mismos, y con O´Neale como hombre bandera, los grancanarios dominaban el factor psicológico.

Shengelia era el encargado, por parte del Baskonia, en intentar apagar el fuego con canastas tanto desde larga distancia como en las inmediaciones de la canasta. Sito Alonso no lo veía claro y quiso parar el encuentro, aunque sus pupilos estaban teniendo más problemas en el acierto que en la partida de ajedrez con su homónimo en el banquillo contrario (25-15). Bien es cierto que el Gran Canaria había entrado mejor en el partido, pero los vascos estaban cuajando un gran partido en cuanto a extra pass se refiere.

Los vitorianos intentaban levantarse, pero no encontraban el acierto y, además, se estaba encontrando con un Granca que corregía errores sobre la marcha para hacerse de cemento. Los de Casimiro marcaban las distancias y ampliaban ventaja a tres minutos del final de la primera parte con un claro dominio del partido, sacando de sus casillas a Sito Alonso y obligándole a buscar respuestas con otro tiempo muerto (41-24).

El ritmo de partido que llevaban los amarillos era altísimo; McCalebb campaba a sus anchas, Báez seguía bailando en la zona y con esa velocidad de crucero el Gran Canaria no se había encontrado con demasiada oposición en esos primeros veinte minutos (49-32).

El paso por vestuarios no trajo consigo al mejor Baskonia. Los vascos seguían estando un peldaño por detrás de su rival mientras Royce O´Neale y Báez continuaban afinando la orquesta. Eso sí, no duró mucho, y es que el conjunto vitoriano apretó atrás para sumar un par de robos que acabaron en canastas fáciles. Esa circunstancia les ayudó, también, a coger confianza y empezaron a ser mucho más consistente en el cinco contra cinco, encontrando en Larkin a su mejor hombre. Casimiro lo tenía que parar (55-44).

Tras el tiempo muerto, el Granca retomó su camino y con varios tiros libres de Planinic y un triple de O´Neale volvió a contrarrestar el empuje de su rival para evitar que se acercaran más. Aun así, Larkin ya tenía la muñeca lo bastante caliente como para martillear el aro amarillo y volver loco a un Oliver que no parecía encontrar un remedio para frenarle.

A pesar de ello, cada intento de Baskonia por meterse en el encuentro de lleno y por bajar de los diez puntos era sobrellevado por un Granca que siempre veía la luz (71-53).

A diez minutos del final, los vitorianos seguían luchando para intentar llegar a un final más apretado. Shengelia volvía a comandar las operaciones sobre la pista ahora que Larkin descansaba, pero la renta grancanaria parecía insalvable salvo una desconexión muy pronunciada y una quinta personal acabaría con el partido del georgiano faltando siete minutos por jugarse. Asimismo, McCalebb mantenía un nivel ofensivo sencillamente espectacular con unos cambios de ritmo y de dirección dignos de un diccionario.

Lo cierto es que Baskonia consiguió meter al Granca muy rápido en el bonus y su acercamiento en el marcador empezaba a ser patente gracias a ello, algo en lo que también ayudó una técnica a Casimiro (73-63). Pero no hubo manera de meter mano a un equipo, el amarillo, que no se dejaba amilanar y que estaba teniendo en Báez a su buque insignia. Después de llevar unos meses en los que no se le veía del todo cómodo sobre la pista, el dominicano estaba sacando todo lo que llevaba dentro para ser una agonía para los defensores vascos.

Además, unos problemas físicos de Larkin no le dejaron permanecer en la cancha y eso terminó de hundir todas las esperanzas de un Baskonia que no dejó de intentarlo. Al final, fue el capitán, fue Eulis Báez, quien le sacó las castañas del fuego a un Granca que no quiso despedir la temporada (94-79).