El 28 de mayo de 2016 Kevin Durant, junto a sus Oklahoma City Thunder, eran eliminados en las finales de la conferencia Oeste por los Golden State Warriors en una serie en la que desaprovecharon una ventaja de 3-1. Dos meses y unos días después de la eliminación, el 4 de julio, Kevin Durant anunciaba en The Players Tribune que se unía a los Golden State Warriors, subcampeones de la NBA y equipo que le había eliminado en los playoffs. Hoy, 13 de junio de 2017, Kevin Durant es campeón de la NBA  y MVP de las finales.

Como dice Guillermo Giménez, y ahora más que nunca, tenemos que hablar de Kevin. Durant ha liderado a los Warriors a conseguir el anillo de la NBA y ha sido el factor diferencial del enfrentamiento ya histórico entre los de la Bahía y los Cleveland Cavaliers. Podemos cuestionar su decisión desde el punto de vista del aficionado, en el que el valor de la lealtad a un equipo está muchas veces por encima de la victoria. Pero desde la visión de un profesional al baloncesto que tiene como objetivo además de ganarse la vida, triunfar, la decisión no pudo ser mejor. Y hoy hemos visto cómo ese círculo que empezó a trazarse en las finales del 2012 se ha cerrado.

Un jugador con un talento especial, con una facilidad anotadora incontestable hasta el momento y un físico para jugar a este deporte prodigioso. Demasiado tiempo ha pasado Kevin Durant en ganar un anillo. En su novena temporada en la liga, ha continuado demostrando de lo que es capaz, pero esta vez en los Golden State Warriors y con un grupo de jugadores infinitamente mejor que el que tenía en Oklahoma.

A pesar de su historial, parecía que la gente se había olvidado de quién era Kevin Durant. La única diferencia de estas finales respecto a las anteriores no es que Harrison Barnes es Kevin Durant, como podíamos leer en las redes sociales. Y es que Kevin Durant ha sido LA DIFERENCIA. Kyrie Irving y LeBron James tenían cogida la medida a los Warriors y lo demostraron ganando los últimos tres partidos de las finales del 2016, y la llegada de Kevin Durant a Golden State ha volteado la ecuación por completo. Tiene la habilidad de dominar un partido y el juego como pocos jugadores la tienen. En esta serie ha estado imparable en los primeros dos partidos, decisivo en el tercero, a su nivel en el cuarto y rematando en el quinto.

Promedió 35.5 puntos, 11 rebotes y 7 asistencias en los dos primeros dos encuentros, con unos porcentajes del 56% en tiros de campo y 50% en triples. En el tercer encuentro, además de anotar el triple que dio la victoria a su equipo, anotó 14 puntos de los 29 de su equipo en el último cuarto. En el cuarto partido, los 24 triples y la exhibición ofensiva de los Cavs ensombrecieron su actuación. Fue el responsable de que la ventaja no aumentase en los momentos más críticos, e incluso metió el miedo en el cuerpo a todo Ohio cuando acercaba a su equipo a distancias que rondaban los 10 puntos de desventaja. 35 puntos para él, muy lejos de los 14 de Stephen Curry y de los 13 de Klay Thompson. En el quinto partido, como no podía ser, ha sido el participe de la victoria decisiva y final de los Warriors que ha dado el anillo.

Kevin Durant por fin tiene su merecido anillo. Kevin Durant, you are the real MVP.

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