A lo largo de la historia del baloncesto no hemos visto demasiadas selecciones tan importantes e icónicas, en la pista y fuera de ella, como la Yugoslavia de finales de los 80.

Fue una generación absolutamente mágica, que estaba compuesta por talentos de todas las regiones del país, como el gran Drazen Petrovic, croata, Vlade Divac, de Serbia, o el joven Tony Kukoc, también de Croacia. En unos años en los que la tensión entre las diferentes regiones de Yugoslavia estaba a punto de hacer estallar una guerra civil, esa generación de oro fue una de las pocas cosas que mantuvo al país unido.

Pese a que su ciclo ganador fue bastante más corto que el de otras potencias históricas a causa de la separación de Yugoslavia, la importancia de este grupo es indudable. Y es que quizás si Divac, Petrovic o Kukoc no hubieran puesto a su selección en la cima del baloncesto mundial las cosas hubieran sido muy diferentes para genios posteriores como Dejan Bodiroga, Milos Teodosic o Pedja Stojakovic.

El mundial del 86, el inicio de todo

El campeonato mundial de 1986, celebrado en nuestro país, fue la carta de presentación de la generación de oro yugoslava, que consiguió llevarse la medalla de bronce, y que se quedó a una sola canasta de ganar de la todopoderosa URSS en las semifinales. Este mundial significó el debut de Vlade Divac en un torneo con la selección absoluta, y también la consagración de Petrovic, que con 25.2 puntos por partido fue el cuarto máximo anotador del campeonato.

El Eurobasket del año siguiente, 1987, supuso un relevo generacional. A Divac y Petrovic se les sumaron otros jóvenes de gran talento como Dino Radja, el mencionado Kukoc o Zarko Paspalj. Pese a ser una selección especialmente joven realizaron un gran torneo, y volvieron a conseguir una medalla de bronce. Se trataba de un núcleo joven con un gran juego ofensivo y muy vistoso. De hecho, fueron la tercera selección en puntos por partido con 97.0, y lograron la anotación más alta del torneo, 128 puntos, en el partido contra Polonia en los cuartos de final.

Los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988 fueron la primera gran prueba de fuego para el nuevo núcleo de la selección Yugoslava. En toda la plantilla Petrovic era el único con experiencia en unos JJOO, los del 1984 en Los Angeles.

Sin embargo, la falta de experiencia no fue ningún problema. Los jóvenes yugoslavos volvieron a exhibir un juego brillante y vistoso. Esta vez sí consiguieron llegar a la final, algo que no ocurría desde los Juegos de 1980. Su rival por el oro olímpico fue la todopoderosa URSS, que había conseguido eliminar a Estados Unidos en las semis, y con la que ya se habían enfrentado en el Eurobasket del año anterior. El desenlace, por desgracia para Yugoslavia volvió a ser el mismo. Los rusos volvieron a hacer valer su experiencia y se llevaron otra vez el oro, esta vez por 76-63.

El Eurobasket del 89, en lo más alto

Tras la gran actuación en el Eurobasket del 87 y la medalla de plata en Seúl, las expectativas con la selección yugoslava se dispararon. El torneo europeo de 1989 se celebraba en Zagreb (que entonces aún era parte de Yugoslavia) y el oro era lo mínimo que se esperaba de Petrovic, Divac y cía. Y lo cierto, es que no decepcionaron.

La generación de oro volvió a desplegar un juego ofensivo espectacular. Con Petrovic como gran líder, Yugoslavia ganó los cinco partidos que jugó y se llevó el oro frente a Grecia, contra la que perdieron en las semifinales del anterior Eurobasket. La habilidad de Kukoc y Divac, jugadores increíblemente técnicos para su tamaño, el talento anotador de Petrovic o la dureza de Radja bajo los tableros fueron claves para el éxito de los yugoslavos. Sin embargo, lo mejor aún estaba por llegar.

Cuando quedaban pocas semanas para el Mundial de Argentina de 1990, la gran pregunta que flotaba en el ambiente era si los jóvenes iban a ser capaces, esta vez sí, de ganar a la Unión Soviética y a Estados Unidos, algo que no habían logrado hasta ahora.

Esta vez, algo era diferente en los yugoslavos. Su había mejorado notablemente con el paso de los torneos, y sus jóvenes estrellas estaban cada vez más curtidas. Y así, esta vez sí consiguieron ganar a Estados Unidos en las semis por 99-91. La sensación general era: estos chicos son muy buenos.

En las finales el rival que se iban a encontrar era otra vez la URSS. Y esta vez sí, Divac, Petrovic y cía lograron llevarse el oro. Yugoslavia realizó otra exhibición en ambos lados de la cancha, y derrotó definitivamente a los rusos por 92-75. Fue la última gran victoria de los chicos de oro de los Balcanes antes de la desfragmentación del país, y también la última gran actuación de la Unión Soviética como tal, aunque eso es otra historia.

Guerra civil, también en el vestuario

Uno de los motivos por los que la generación de oro fue tan icónica es por el contexto en el que se formó. Y es que mientras que las tensiones entre los ciudadanos de las distantes regiones que formaban Yugoslavia eran cada vez más evidentes, los lazos de amistad entre los diferentes jóvenes que formaban la selección se hacían cada vez más fuertes. Sin embargo, al final la guerra que se estaba empezando a desencadenar en el resto del país también terminó llegando al vestuario.

Mientras los jugadores de la selección celebraban en la pista el triunfo ante la URSS en Buenos Aires, un aficionado yugoslavo entró a la pista con una bandera croata. La reacción de Vlade Divac, nacido en Serbia y partidario de mantener el país unido, fue tirar la bandera croata al suelo y levantar una bandera yugoslava. A partir de ese momento la amistad con Drazen Petrovic, quién apoyaba la independencia de Croacia, saltó por los aires. En un solo gesto un equipo que había conquistado el mundo en varios años se había roto.

El genio de Sibenik murió en un trágico accidente de tráfico el año 1993, cuando su carrera en la NBA estaba en su mejor momento. Y según nos mostró el magnífico documental de la ESPN Once Brothers nunca hubo una reconciliación entre ambos.

En cuanto a Yugoslavia, el país se empezó a deshacer poco tiempo después del incidente de la bandera. Croacia y Eslovenia fueron las primeras regiones en independizarse, y la guerra no tardó en explotar definitivamente. Así, Yugoslavia recibió fuertes sanciones que le impidieron competir en eventos deportivos durante varios años. Por su parte, la selección croata de Petrovic, Kukoc y Radja llegó a competir en los JJOO de Barcelona 92, en los que perdió en la final contra el Dream Team.

A partir del 95, la selección yugoslava, ya sólo formada por jugadores de Serbia y Montenegro, pudo volver a competir. Eso sí, sin perder un ápice de competitividad. Entre el 1995 y el 2003, cuando se convirtió definitivamente en Serbia y Montenegro, ganó dos mundiales, tres títulos europeos y una plata olímpica. A partir de 2006 ambas naciones empezaron a competir por separado.

A pesar de todas sus guerras el baloncesto balcánico sigue siendo hoy en día el mejor de Europa junta al español y al francés. Sin embargo, es una lástima que nunca podremos ver lo que sería actualmente la selección yugoslava. S

ólo si pensamos en algunos nombres que podríamos haber visto juntos es para asustarse: Milos Teodosic, Goran Dragic, los Bogdanovic, Nikola Vucevic, Nikola Jokic…y eso sin contar a los grandes jugadores secundarios que encontramos en varias selecciones. Por desgracia eso es algo que nunca llegaremos a ver. Aunque si no podemos aguantar la curiosidad, siempre nos quedará NBA 2K.