New York vuelve a dejarnos con la miel en los labios. Un año más, y ya son decenas, una de las franquicias más valoradas del deporte mundial arranca la temporada con nulas expectativas y una reconstrucción eterna que ya ni sorprende al aficionado knickerbocker más acérrimo. Pero al igual que desesperación, New York también acaba generando ilusión a la mínima alegría. Todo esto es lo que había sucedido tras el arranque de una temporada en la que la salida de la cara de la franquicia en la última década marcaba una nueva imagen para los de la Gran Manzana. El drafteo de una joya desconocida como Ntilikina y los galones por fin a Porzingis eran el mayor reclamo de un primer mes inicial en el que New York volvió a generar expectativas ante un arranque que ni el más soñador podría imaginar.

Pero siempre fiel a su cita, New York se encargaba poco a poco de volver a mostrar el nivel real de una franquicia que ya casi ni recuerda esos años en los que peleaba por ser candidato a todo con la lucha y entrega que caracterizaba a los grandes knickerbockers de la historia. La lesión de Porzingis hace una semanas volvía a ser el punto final a un año de transición en el que pocas conclusiones se dan por hechas de cara a asumir el proyecto, cada más claro, fallido por parte de un Hornacek que arrancó con Rose, Noah, Melo y KP y que en su segundo año terminará con Kanter, Beasley, O’Quinn, Tim Hardaway y Ntilikina.

El futuro no sé si invita a la ilusión, pero en New York todo resquicio de esperanza sirve para aferrarse a un hilo que amenaza con romperse cada año desde ya ni se recuerda. Y otra cosa no, pero la Gran Manzana a falta de títulos se ha convertido en el lugar idóneo para rearmar una imagen rota en base a jugadores que parecían perdidos para la causa.

El ascenso a los cielos… temporal

Shawne Williams, Landry Fields, Langston Galloway, Lance Thomas y el caso especial de Jeremy Lin. Estos son solo algunos ejemplos de los jugadores que en su paso por una NY superada por las expectativas han aprovechado para relanzar (o iniciar) una carrera en la que el hype mediático siempre ha ido por delante su talento como jugador NBA. La dicotomía más extrema (y también el caso más diferente) es el del jugador formado en la universidad de Harvard. Lin salió de la nada en unos Knicks a la deriva para crear todo un movimiento mediático sin precedentes, la Linsanity. Se hizo el rey de la gran manzana con actuaciones legendarias, llegando incluso a dejar en un segundo plano a un Carmelo Anthony al que nunca terminó de gustarle la idea de ser el segundo foco de atención en una casa en la que sólo vivía él. Lin demostró ser un jugador claramente NBA por talento, pero nunca terminó de hacer que NY fuese un equipo más competitivo. Pese a todo, la oportunidad dada por los Knicks le sirviópara firmar un contrato millonario con Houston y a partir de ahí hacer carrera como jugador de pleno derecho en una liga en la que nunca volvió a generar esa imagen especial que en New York le otorgaron durante meses. El resto de casos ha sido una constante.

La «Linsanity» fcreó un auténtico efecto dominó en la NBA 2011-2012.

Piezas como Shawne Williams y Steve Novak enamoraron al Garden por sus condiciones de lucha y acierto exterior creando una imagen que solo para los acérrimos Knicks demostraba la realidad de dos jugadores más que limitados que nunca volvieron a hacer carrera en la liga. Pero el caso se extrapola también a los recién llegados. Toney Douglas primero, Landry Fields después e Iman Shumpert como último ejemplo. Los dos primeros llevan fuera de la liga desde 2016 (las lesiones lastraron a un Fields en que terminó por retirarse para formar parte del scout team de Spurs) mientras el tercero, que generó amor y odio a partes iguales en sus cuatro años en New York acaba de ser traspasado a los Kings en una carrera que no ha dejado de ir cuesta abajo desde su años rookie.

Ejemplos y más ejemplos del dañino efecto de una prensa agresiva que transmite a los jugadores la importancia de una imagen que la franquicia lleva sin recuperar desde ese efímero sueño con viaje a las semifinales de conferencia en la 2012-2013. Los grandes mercados imponen su propia presión, y la de New York, a diferencia de la que puede tener Boston o LA con proyecto más ganadores, transmite siempre la sensación de desesperación y deseo frustrado que termina por transmitir a los jugadores unas expectativas deshechas desde el primer minuto.

Mudiay, la nueva ilusión

El deadline de los Knicks parecía más que muerto. La lesión del gigante letón apagó de golpe todas las esperanzas por seguir viendo crecer al proyecto, y la gerencia deportiva aprovechó para hacer ruido en vistas a darle al aficionado algo más. Con todo eso llegó el motivo más ilusionante de los azules y naranja para este final de temporada. Mudiay llegaba a la Gran Manzana en un traspaso que involucraba a Doug McDermott y una segunda ronda a tres bandas con Denver y Dallas.

El congoleño por fin llegaba a una disciplina que se rumoreó como destino claro para él durante todos los workouts previos al Draft 2015, donde Porzingis fue elegido por los Knicks antes del sorprendente desplome de Mudiay debido a su presencia en China y las dudas sobre su lanzamiento exterior. Ese momento de duda lo aprovecharon unos Nuggets carentes de base franquicia en una NBA en la que el point guard es la cara principal de una franquicia y el rol más importante de los cinco en la cancha. No fueron pocos los que criticaron a Jackson y al resto de GMs del TOP 6 por pasar del talento de una de las perlas del High School americano, discípulo frustrado de todo un Larry Brown tras su decommit de SMU, y total incógnita tras un año irregular en una liga china en la que tardó en encontrar su sitio sin olvidar que era un chico de apenas 18 años de edad en una cultura completamente diferente.

Pero sus años en Colorado y la llegada de Malone a los banquillos de la franquicia no han hecho más que cortar la progresión de un jugador que iguala talento a irregularidad a partes iguales. La incapacidad para abrir la cancha y la desidia sobre la cancha terminaron por crear una relación rota entre jugador y técnico, que ha terminado en su tercer año en la liga por un evidente traspaso que lograría de esta manera que New York una al que podía ser su pick con el que de hecho lo fue. Sorprendió y mucho el movimiento a muchos expertos por la apuesta clara por Ntilikina este pasado verano, pero la realidad es que la coexistencia de ambos es algo que Jeff Hornacek cree fervientemente en un sistema en el que doble base cada vez tiene más sentido.

Los Knicks necesitaban como el comer agresividad desde el backcourt, con el perfil de jugadores como Jack o Ntilikina de forma más abierta. Todo ello contrasta con un Mudiay que vive por y para atacar la canasta, al mismo ritmo que su segundo rol como distribuidor necesita la coexistencia de una segunda pieza que pueda ayudarle en dicha tarea. El jugador se ha tomado su llegada a New York como una nueva redención, la opción de relanzar una carrera en la que sus minutos en cancha no han dejado de bajar, y en una situación en la que la franquicia neoyorquina está especializada como es el rescate mediático de jugadores por los que ya cada vez menos gente apuesta.

Un debut… plagado de ilusión

La lesión de Porzingis ha dado a Hornacek la opción de por fin poder hacer lo que tantos aficionados del equipo llevan pidiendo desde el arranque de la temporada. Es cierto que el éxito inicial a comienzos de año y la competitividad del equipo privaban al técnico de apostar por el talento y la juventud en detrimento de las victorias, pero los resultados mandan y Jeff tenía que asegurar su puesto en el proyecto de cara a la próxima temporada. Con el unicornio fuera de juego, la incógnita sobre el papel de Frank, un Kornet que ha aparecido con ilusión y la rotación exterior con un Jack que pinta bien poco era la duda principal de cara al duelo que disputaron anoche Indiana y NY en el Bankers Life Fieldhouse.

Y todo quedó más que despejado. Jack inició el choque, pero apenas 8 minutos de juego dieron paso a la minutada de Ntilikina y Mudiay con Trey Burke como recambio. Hornacek mostró que lo se espera del equipo en lo que queda de temporada (perder much) y la inevitable conexión en pista que el rookie francés y Mudiay están dispuestos a ofrecer sobre el parqué. Ambos disfrutaron de cerca de 30 minutos en cancha en los que 28 compartieron minutos en pista. Y la duda quedó disipada. Mudiay ejecutó como director y principal amasador de balón, atacando lineas de pase e incluso mostrando más capacidad de lo que imaginábamos para asistir.

El congoleño terminó el choque con su primer doble-doble de la temporada, con 14 puntos y 10 asistencias en 29 minutos de juego. Su confianza mostró un impacto desde el minuto uno y en su primer partido en la franquicia logró por segunda vez en su carrera un partido de 10 asistencias con menos de 3 pérdidas. Pero sin duda alguna la mejor noticia fue su conexión con Ntilikina. El francés terminó el choque con 12 puntos, en un rol más ejecutor  y con la tarea en defensa de compenetrarse con Mudiay para alternar defensas a un Oladipo al que lograron contener en la primera mitad pero que terminó por despuntar sin control durante los segundos 28 minutos.

Con el All Star a la vuelta de la esquina, es ahora el momento de que ambos sigan puliendo sus cualidades como piezas de futuro importante para acompañar a la vuelta de KP. Y es la oportunidad de Mudiay de encauzar una carrera todavía por rellenar con apenas 21 años. New York ha conseguido otro asset de futuro con talento de titular. Un nuevo viajero que se sube al tranvía en busca del sueño perdido en los últimos años. Una nueva oportunidad de volver a hacer a alguien despuntar.

Veremos si esta vez por fin lo aprovechan.