El cuadro insular va a disputar la tercera semifinal copera de su historia tras derrocar a un Fuenlabrada que compitió de forma férrea. Los amarillos no tuvieron una buena primera parte en defensa y, aunque estaban acertados, no terminaban de dejar buenas sensaciones. No obstante, la aparición de un Rabaseda diferencial en la segunda mitad le dio al Granca ese punto que necesitaban, una cuestión en la que también fueron claves el fondo de armario del que disponían y la superioridad en la pintura de Balvin.

Las bajas de Popovic y Sekulic habían condicionado la previa de un choque en el que Montakit Fuenlabrada fue muy valiente. El cuadro dirigido por Néstor García impuso su ritmo y se aprovechó de la tibieza de su rival. Los amarillos no entraron demasiado bien al partido algo a lo que se sumó un Olaseni inspirado; Casimiro lo tuvo que parar con un tiempo muerto. No obstante, los fuenlabreños estaban jugando muy sueltos, anotando triples y encontrando huecos en la defensa de un Granca al que le faltaba un punto de más en defensa. Eso sí, la reacción isleña llegaría de la mano de un Pablo Aguilar desatado y de un parcial de 11-3 que apretó el marcador (25-27).

A pesar de la notable mejoría amarilla, el Fuenla mantuvo el tipo y siguió sacándole partido a su agresividad en ataque a través de la cual estaba encontrando buenos tiros y estaba sacando faltas. Pero otra vez Aguilar, acompañado en esta ocasión por un Eriksson con la muñeca tonta, le dieron a los grancanarios su primera ventaja importante del choque hasta el punto de que Néstor García lo tuvo que parar. Tras ese primer momento crítico, Eyenga y Smits le dieron la vuelta al electrónico a pesar del clinic de poste bajo que estaba dando Oliver. Aun así, Balvin hizo valer su fuerza y sus centímetros en los instantes finales para darle al Granca una pequeña ventaja (58-52).

El ritmo de partido bajó un poco tras el paso pos los vestuarios. Ambos equipos pusieron un poco más de énfasis a la hora de proteger su aro, lo que provocó ataques un tanto más largos en los dos lados de la pista. En ese sentido, fueron los de Casimiro los que mejor se estaban sobreponiendo a ello, algo en lo que también tenía que ver su mayor arsenal ofensivo. Un Seeley más entonado ayudó en la estirada amarilla, pero lo notorio en esos momentos fue el plus defensivo donde Rabaseda volvió a ser el hombre determinante; el catalán se llevó la ovación de la tarde tras ser pieza clave en el despertar atrás de un Granca que estaba necesitado en dicha faceta (79-67).

Con una distancia considerable, el cuadro insular entraba en el último cuarto habiendo encontrado ese punto que necesitaba atrás e imponiendo su fondo de armario en ataque. Sin embargo, Fuenlabrada no iba a desistir y O’leary lideró otro empujón madrileño que dejaba el partido abierto. En ese pequeño momento de duda apareció la experiencia de Oliver y Báez para apagar el fuego; el Granca recuperó el tono y Néstor García lo volvió a parar porque se le terminaba de escapar el partido.

Pero no fue posible. El Gran Canaria ya había puesto mucha tierra de por medio y complementó todo lo bueno que hizo en ataque con una defensa más cerrada. Eso no hizo desistir a un Montakit Fuenlabrada que compitió de una forma formidable de principio a fin a pesar de tener las dos bajas con las que había llegado al cruce. Y aunque lo pusieron muy complicado hasta el final, el cuadro dirigido por Luis Casimiro demostró ser mejor en una segunda parte en la que cimentó su triunfo (107-92).

El partido en clave:

1. Fondo de armario amarillo: Las bajas de Popovic y Sekulic eran un pequeño drama para Fuenla. Dos jugadores importantísimos se caían de la Copa y poco se podía hacer. Y aunque compitieron como jabatos prácticamente sin descanso, el Granca sacó a relucir su fondo de armario cuando lo necesitó, una cuestión que le llevó a superar a su rival anotando 38 puntos más desde el banco. Con más jugadores sanos que de costumbre, Casimiro lo aprovechó.

2. Rabaseda entró en juego: Cuando al Gran Canaria le faltaba un poco de chispa atrás apareció uno de los mejores defensores de toda la ACB. Xavi Rabaseda fue clave en la estirada amarilla y acabó por convertirse en estilete defensivo. Su intensidad, su capacidad para meter manos, frenar rivales con el cuerpo y esa mentalidad de hierro que trae de serie fueron un empujón importantísimo tanto en lo baloncestístico como en lo anímico.

3. Balvin demasiado superior: Hoy era sub día y así lo demostró. Ondrej Balvin tenía que demostrar cierta superioridad y acabaría haciéndolo sin ningún tipo de tapujo. Imponiendo sus centímetros y su peso en la zona, el checo fue uno de los principales focos de anotación y su buen hacer desviando tiros también sería importante, aunque en menor grado.