El conjunto blanco doblegó a un combativo Iberostar Tenerife que puso en aprietos y dio problemas prácticamente hasta el tercer cuarto. Sin embargo, cuando el Madrid solventó sus problemas atrás y los triples empezaron a entrar, pusieron el modo rodillo activado y se llevaron por delante a los aurinegros sin compasión. Doncic y Rudy serían claves en esta victoria blanca que vale un billete para la final.

La falta de fluidez en el juego marcó un poco el inicio de partido de ambos equipos. Los ataques eran largos y la selección de tiro era dudosa dada la intensidad defensiva existente. Sin embargo, tres errores defensivos seguidos del Real Madrid le dio alas a un Tenerife que encontró bajo el aro un hueco por el que colarse. El equipo de Katsikaris castigaba la zona y dominaba la situación con un lenguaje corporal que reflejaba que no venían como un cordero al matadero, una cuestión que quedó demostrada cuando empezaron a tirar desde fuera. A los blancos se les atragantaron los triples y Tobey se encargó de volver loco a Tavares (19-11).

A los hombres de Laso les estaba faltando acierto y eso les desesperaba. Iberostar Tenerife se lo fue creyendo y desde la paciencia estaba sabiendo encontrar espacios en la defensa del actual campeón, intentando siempre tomar la mejor decisión. Aunque poco a poco el Madrid fue entrando en el partido todavía andaban un poco nerviosos. Doncic y Carroll hicieron acto de presencia, pero Fran Vázquez se convirtió en el hombre clave para los aurinegros; con el gallego hacía daño tanto con balón como sin él, abriendo huecos con bloqueos directos en la bombilla que le daban al los tinerfeños la oportunidad de incordiar a los blancos y marcharse al descanso mandando (38-37).

El nerviosismo merengue se mantuvo a pesar del paso por vestuarios. Los madrileños no estaban cómodos ante la defensa planteada por Katsikaris y el acierto seguía sin acompañarles del todo. Uno de los más negados era Thompkins, quien no había sido capaz de anotar ninguno de sus seis tiros intentado hasta el momento. Pero la mejoría del Madrid llegó cuando apretaron de verdad atrás y Facu Campazzo encontró el ritmo que mejor les venía. Con el argentino entonado, los madrileños consiguieron ponerse por delante con bastante más solvencia que en la primera parte y, aunque todavía continuaban sin estar cómodos, ya mostraban otra cara bien distinta (49-56).

Con Rudy siendo también determinante tanto atrás, donde estaba cerrando muy bien el lado débil, los blancos levantaron el vuelo. Con un ritmo de partido bastante más acorde a lo que les venía bien, el cuadro dirigido por Laso encontró el camino y empezó a mostrar su versión premium en un momento importante del choque. Los puntos de, como no, Rudy Fernández también fueron bastante claves para obligar a Iberostar Tenerife a dar un paso atrás; el mallorquín se estaba saliendo y estaba caliente.

Pero Tenerife no se iba a rendir y Tobey volvió a poner emoción al partido. Laso lo paró para evitar sustos de mayor índole y tras el tiempo muerto Doncic se encargó de recobrar ventaja con varias jugadas de genio. El esloveno había sumado como una hormiga y en el tramo final de partido empezó a finiquitar el mismo. De ese modo, Iberostar Tenerife se quedó sin fuerza y fue el Real Madrid el que tomó las riendas gracias a su enorme inercia ganadora que, a pesar de no desplegar un gran juego, le vale para estar por quinto año consecutivo en la final de la Copa (59-77).

El partido en clave:

1. Un Iberostar fallón, pero peleón: Como ya le pasó en los cuartos de final, al equipo tinerfeño se le atragantó otra vez el tiro exterior y lo pagó. Ante un equipo como el Madrid no se pueden dar ciertas concesiones y el equipo aurinegro lo notó. A pesar de ello, cuajaron un partido digno de elogio; pelearon hasta que pudieron y no se pueden ir con la cabeza gacha.

2. Apretar en el momento justo: Una zona hizo añicos el buen hacer de un Iberostar Tenerife al que su pobre lanzamiento exterior le acabó perjudicando. Laso leyó perfectamente la situación, posicionó a sus jugadores de mejor forma y arregló ciertos problemas que obligaron a los tinerfeños a responder. El equipo de Katsikaris no pudo dar la réplica.

3. Hago lo que quiero, como quiero y cuando quiero: Luka Doncic sólo hay uno. Eso lo tiene todo el mundo claro, pero es evidente que por mucho que se acostumbre uno a verle jugar no puede dejar de sorprenderse. El general esloveno manejo el partido como quiso cuando estuvo en pista y en el momento de la verdad fue un martillo pilón indestructible.