El Palau despidió este jueves la Euroliga en un ambiente frío, nuevamente en abril y sin Playoffs. Por segundo curso consecutivo, el FC Barcelona verá los cuartos de final desde casa. Se lo ha ganado, eso sí, por una ignominiosa regularidad fuera de casa -solo tres victorias en quince partidos-. Con el nuevo formato, apenas 23 victorias en 60 partidos. Una cifra impropia de un club que pisaba, en la época de Pascual, la Final Four con total asiduidad.

El conjunto azulgrana, o sus directivos, no han entendido todavía que el nuevo formato exige tener plantillas físicamente portentosas, no excesivamente amplias, pero sí de alto nivel. Y el Barça, carente de un base suplente -considerando a Heurtel como un correcto ‘primero’-, un interior defensivamente diferencial y un anotador compulsivo, no entra en ese selecto grupo de cuatro-cinco equipos que optan realmente al título: CSKA, Fenerbahce, Olympiacos, Madrid y Panathinaikos.

Tampoco el Khimki de Bartzokas, aplaudido en su regreso a la ciudad condal, debería entrar en las quinielas. Pese a tener al que probablemente vaya a ser MVP de la temporada [Shved] y contar con un elenco de jugadores físicos -Gill, Thomas o Robinson-, la anarquía y una improductiva segunda unidad -con el permiso de Jenkins- pasarán factura al conjunto ruso tarde o temprano.

Los de Pesic continuaron con esa línea de juego que están mostrando en los últimos compromisos. Alto acierto desde la línea de tres, sencillez al poste -Tomic tuvo facilidades para asistir de espaldas, leyendo bien los cortes- y buena ocupación del lado débil para atacar a un Khimki despreocupado.

El 45 – 25 que registró el marcador tras catorce minutos no fue más que el fiel reflejo de un acierto sobrenatural del conjunto catalán [11 triples al descanso, 17 en total]. Bartzokas, en la banda, se secaba el sudor para intentar no caer en la desesperación.

Le animaron tímidamente sus pupilos, aupados por los mates poderosos de Gill y los triples de Jenkins -impoluto 4 de 4 al descanso- para reducir la ventaja a ocho puntos. Mero espejismo.

El tercer periodo sirvió para entretener al joven público del Palau con un intercambio de canastas e imprecisiones propias de dos equipos que ‘no se jugaban nada’. El Khimki, con un irreconocible Shved, fue incapaz de darle la vuelta al partido. Ni en la anarquía se sintieron cómodos los moscovitas, que perdieron demasiados balones en momentos puntuales. Fallos imperdonables.

El Barça no sufrió, pese al marcador final de 86-82, y cerró la Euroliga con una undécima victoria del curso que le aúpa hasta la duodécima posición en la tabla a la espera de lo que hagan Brose y Valencia este viernes. Un epílogo dulce para concluir una longeva travesía por el desierto.

Navarro, ¿último partido en Euroliga?

La eliminación del Barcelona -o la no clasificación para los cuartos, si preferimos maquillar el desastre- podría suponer que el partido de este jueves haya sido el último de Juan Carlos Navarro en la Euroliga. Todo, evidentemente, a la espera de lo que decida este verano el capitán azulgrana, que fue el máximo anotador del Barça con 17 puntos [5 triples incluidos].

Una leyenda de la competición: 1º en puntos, minutos, valoración, partidos jugados y triples anotados. Ahí es nada.