A pesar de que era algo que sabíamos desde hace varias semanas, creo que a muchos nos resulta extraño no ver a los Warriors como primeros de su conferencia. Podemos hablar del enorme mérito de los Rockets, que firmaron el mejor balance de la historia de la franquicia. Pero también de que los de la Bahía no alcanzaron las sesenta victorias. Un escenario, por complicado que resulte sumar tantos triunfos parciales, impensable cuando arrancó la temporada 17/18. Claro que si nos dicen que los Spurs iban a sudar la gota gorda para meterse en playoffs tampoco lo hubiésemos creído. Así se dibuja una eliminatoria, únicamente por historia reciente, con aroma a final del Oeste.

En la memoria aún sigue fresca (sobre todo para el aficionado spur) la acción de Zaza Pachulia sobre Kawhi Leonard en el primer enfrentamiento alcanzado el penúltimo escalón del bracket del año pasado. El momento que posteriormente desencadenaría, condenas y reproches a tan deplorable maniobra aparte, un puñado de dudas al respecto de qué hubiese ocurrido si la máxima estrella texana no dice adiós a las eliminatorias. Recelo justificado, toda vez que en ese partido los visitantes asaltaban en Oracle Arena, mostrándose tan superiores como llegaron a ser en los duelos que los enfrentaron esa temporada (incluyendo este último partido, en los cuatro choques los hombres de negro llegaron a estar con veinte puntos de renta en algún momento de los mismos). Podemos concluir que, si bien el ganador de la serie con casi total seguridad hubiera sido el mismo, era probable que el desenlace viera la luz tras varias noches más de baloncesto salvaje.

Con este precedente sobre el tapete, de no existir contratiempos podríamos estar relamiéndonos ante la serie que no pudimos disfrutar once meses atrás. Sólo que esta vez tampoco va a poder ser. Quizá la mayor dosis de protagonismo en el arranque de los playoffs se lo lleve la salud. Este año las lesiones han mermado sobremanera a equipos de diferente enjundia. Y si hay un claro perdedor este curso, no es otro que San Antonio Spurs. Imaginemos a cualquier otra franquicia perdiendo a uno de los cinco jugadores más determinantes de la competición. Partiendo de la base de que sólo un máximo de cinco equipos estarían en disposición de sufrir semejante percance, figurémonos el contexto. Sin Kawhi Leonard los del Álamo se han sentido desnudos. Una enorme defensa, el paso adelante de LaMarcus Aldridge y la magia de Gregg Popovich impidieron que el AT&T Center quedase a oscuras en fechas insólitas por aquellos lares. Pero es que además del extraño caso de Leonard, la plantilla ha sufrido bajas aleatorias durante toda la campaña.

En California tampoco están a salvo de este infortunio. Los más temerosos observan a Stephen Curry y no son capaces de controlar los flashbacks que los sitúan en 2016. Por aquel entonces, el doble MVP se mostró renqueante en el camino que condujo a los suyos a su segunda final consecutiva. Un descomunal Klay Thompson salvó del adiós a los pupilos de Kerr cuando los Thunder los habían colocado entre la espada y la pared. Curry es la principal preocupación. Pero no la única. Los fans de los Warriors han visto a sus otras primeras espadas caer en diversas fases de la temporada. Que falte una pieza del quinteto de la muerte cuando la exigencia es absoluta sería un revés, como poco, incómodo, máxime teniendo en cuenta que este año el banquillo se ha mostrado más irregular de lo deseado. El resultado de cóctel no es otro que el pensamiento, más o menos extendido, de que los campeones han dejado (aunque sea solo puntualmente y parezca que está en su mano recuperar tal condición) de ser el mejor equipo de la NBA.

Este sábado, 14 de abril, la eliminatoria entre Golden State Warriors y San Antonio Spurs abre el fuego con, pese que nos encantaría decir lo contrario, un favorito claro. Las piezas en Spurs con muy mayores o muy inexpertas. Pau Gasol sufre demasiado en defensa ante la versatilidad de los hombres teóricamente interiores de Warriors (el único emparejamiento sostenible sería con Zaza Pachulia) y los Spurs no pueden permitirse enfrentar un small-ball con Gasol y Aldridge de manera simultánea. Manu Ginóbili y Tony Parker llegan bien, pero no se les puede exigir que sean definitivos (por mucho que el argentino se empeñe en alcanzar la eternidad). Y luego los jóvenes. Es una gozada ver a Dejounte Murray atacar a campo abierto o defender. Pero la curva de aprendizaje no ha hecho más que comenzar para él. Miras al resto del roster y comprendes que, aún sacando lo mejor de cada jugador, como consigue Pop, sus condiciones les dan para avanzar hasta donde pueden.

Si fuese Steve Kerr, intentaría retrasar la reaparición de Curry el mayor tiempo posible, asegurándome así de que la recuperación de su lesión es total. Vas con Kevin Durant. Casi que ante un rival mermado debería bastar. A su demoledor ataque (a mi juicio es el jugador con mayor arsenal ofensivo del mundo) ha añadido una actitud defensiva extraordinaria, que por condiciones podíamos intuir, pero que hasta su llegada a la Bahía no había mostrado de manera continuada. Si a él le sumamos a Klay Thompson, baloncestista a todas luces infravalorado, que es capaz de fajarse con el mejor contrario de ataque y ser un puñal cuanto toca ver aro, o a Draymond Green, termómetro del grupo, vital en el funcionamiento coral y la fluidez en ambas zonas, comprendemos que la balanza del talento está claramente desnivelada. No hace falta ir más allá, profundizar. Livingston, Iguodala, West…

Es una lástima tener que cerrar así, pero pienso que sin Kawhi Leonard los Spurs apenas pueden aspirar a arañar alguna victoria. Si al menos en el banquillo no se sentara un estratega como Steve Kerr, Popovich podría tratar de inventar algo. Pero se trata de uno de su pupilo más aventajado. Imposible, falta material. Pero, ¿saben lo peor de todo? Que de nuevo asoma la posibilidad de que Manu diga que ya no más, que fue suficiente, aunque físicamente lo veamos tan entero. Esperemos que el amor por el juego y la esperanza de un próximo curso con mejor perspectiva en el horizonte spur sean suficiente para disfrutarlo un poco más.

Texto de Jacobo Correa