“El talento ofensivo frente a la fe en el colectivo”

Ya están aquí los playoffs de la NBA, el momento más esperado de toda la temporada en la mejor liga baloncestística del planeta. Dos meses de baloncesto al más alto nivel de exigencia posible. Gracias, en parte, a una regular season de muchos quilates, tenemos ante nosotros un ramillete de eliminatorias fabulosas, como el Oklahoma City Thunder-Utah Jazz del que vamos a hablar ahora.

Cuando Russell Westbrook lideró una noche más a OKC en la victoria ante los Grizzlies, las matemáticas dictaban que los Thunder tendrían que vérselas, sí o sí, ante los Jazz por un puesto en las semifinales del Oeste. Faltaba saber quién tendría el factor pista a favor. Esa última bala era para los pupilos de Snyder en su visita a Portland, pero cayeron de forma clara ante los Blazers y se vieron abocados a la quinta plaza, la que les correspondía al tener el mismo récord que Oklahoma (48-34) pero el duelo individual perdido (3-1 a favor de OKC).

Estas dos franquicias son antónimas en cuanto a formas de jugar y estilos tácticos se refiere. En Oklahoma manda el caos, siempre caracterizado por el enorme caudal ofensivo del que disponen gracias a los puntos de Russell Westbrook y Paul George. Dos jugadores ofensivamente superiores a cualquier talento que pueda tener en sus filas Utah. Eso, sumado a las rápidas transiciones defensa-ataque y el alto ritmo que le gusta imprimir a sus encuentros, hace que Oklahoma no sea, ni por asomo, el rival ideal para los Jazz. Los de Salt Lake City, por el contrario, cimentan sus éxitos en la defensa y el ataque en estático. Un complejo entramado táctico creado por un superdotado de los banquillos como Quin Snyder.

Pero vayamos por partes. ¿Qué armas tiene Utah y cómo puede utilizarlas? La principal es su defensa. Una defensa que descansa sobre los hombros de Rudy Gobert, aka el próximo DPOY. Con el francés sobre el parqué, los Jazz son el mejor equipo en puntos permitidos al rival y el primero en rating defensivo. Además, jugadores como Ricky, Ingles, Crowder u O’Neale ayudan con su inteligencia táctica y sus recursos defensivos a crear una telaraña prácticamente inexpugnable.

Ya en ataque, al margen de poder correr cuando recuperan balones atrás, los Jazz poseen un estático fabuloso que nace a partir del pick and roll de Ricky, Mitchell o Ingles con Gobert y Favors. Un movimiento elevado a categoría de arte que genera ventajas para sus compañeros, mayormente para los tiros de tres de Ingles y el rookie. No son uno de los mejores equipos desde más allá de arco pero, cuando sus porcentajes suben del 40%, son imbatibles. La segunda unidad siempre encabezada por Crowder y Favors aporta al equipo una estabilidad fundamental en los encuentros.

Oklahoma es una historia bien distinta. Pese a lo ilusionante del proyecto, el Big Three se ha quedado reducido a Russell Westbrook y un poco de George (sus pocos son muchos para el resto de los mortales). Curioso el caso de Paul George, quien antes del All-Star estaba lanzando de fábula (22.5 pp, 44’8% TC y 43’2% T3), pero tras el partido de las estrellas está bastante peor (19.7 pp, 37% TC y 30’2% T3). Un bajón que Oklahoma ha notado y mucho.

Pelear en los últimos partidos por entrar en playoffs no entraba en los planes, pero el año horrible de Carmelo, el rendimiento intermitente de Adams y la lesión de Roberson han cambiado la película. En ataque, Westbrook genera casi todo el peso ofensivo del equipo, tratando de liberar para que sus compañeros puedan anotar. En defensa, tienen días. Cuando las estrellas bajan al barro y meten manos, la defensa Thunder es una de las más eléctricas de la liga. La segunda unidad la lidera Grant con más de 8 puntos por encuentro.

A diferencia de otros bases majestuosos de la liga, el tiro de larga distancia de Westbrook no es su mejor arma. Él prefiere penetrar en carrera o mediante bloqueos para atacar el aro, circunstancia que puede resultar un hándicap cuando tenga enfrente la pegajosa defensa de Ricky y el cierre del aro de Gobert. Es por eso, que el papel de George asumiendo más tiros, el acierto de Carmelo cuando se levante y la aportación de Adams en ambos lados de la pista va a resultar fundamental para Oklahoma si quiere seguir adelante en la eliminatoria.

Utah no debe cambiar un ápice el plan que le ha llevado desde mediados de febrero, cuando iban 19-28, a terminar quintos del Oeste con un respetable 48-34 de récord. Defensa, galones y una circulación exquisita de balón en ataque, donde cuentan con tres generadores en estático de gran nivel como son, y ya hemos advertido, Ricky, Mitchell e Ingles. El duelo Gobert-Adams se antoja fundamental para saber qué equipo dominará el rebote y cerrará con candado la pintura. Para la esperanza Jazz frente al poderío del actual MVP de la NBA, un dato importante. Durante los dos últimos años, cuando Westbrook y Gobert coinciden en pista, Russell ha dejado para el olvido un 37% en tiros de dos (15 de 68) y un reseñable 45% (13 de 29) en tiros de tres. Conclusión: la pintura de la NBA habla francés.

Por último, la labor de los técnicos. Snyder ha demostrado este año ser un hombre capaz de darle la vuelta a sus ideas y sus esquemas cuando las cosas no van del todo bien, cosa que Donovan no ha sabido hacer durante este curso baloncestístico tan aciago (de momento). Las cartas están sobre la mesa, y la eliminatoria pinta muy interesante. Mi corazón mormón me dice que Utah se lo lleva en siete partidos, pero veremos qué pasa al final. Long live the NBA.