Luz verde en la Conferencia Este

Cuesta no caer en los análisis precipitados tras una exhibición tan avasalladora como la que ofrecieron anoche los Celtics ante Cleveland en el primer partido de la final de la Conferencia Este. Pero la realidad, como dijo LeBron al término del encuentro, es que “no estamos en el March Madness” y los Cavs no están eliminados.

Pero deberán mejorar ostensiblemente si quieren competir ante un bloque tan compacto como efectivo en todas sus vertientes, desde la ya inherente defensa a un pragmático ataque pasando por un inconfundible espíritu colectivo. Porque Boston, tras su encomiable serie ante los Sixers, mandó un severo señal a los de Ohio: hay luz verde en la Conferencia Este.

En la peor versión de LeBron James en mucho tiempo en postemporada -7 pérdidas, algunas de ellas impropias del ’23, y 5 de 16 en tiros de campo-, los Cavs naufragaron con estrépito y, quizás lo que es peor, no tuvieron capacidad de reacción (pese a colocarse a 14 puntos justo antes del 4Q con un buzzer-beater de Green, hasta que Tatum dijo basta). Aunque también es mérito de los Celtics, ejecutando brillantemente la telaraña defensiva diseñada por Brad Stevens sobre ‘The King’ (Morris estuvo soberbio y todos los mismatchs fueron subsanados con ayudas desde el lado débil o la siempre fuente inagotable de Smart) y destapando todas las carencias –ya sabidas- de los vigentes subcampeones.

Sin entrar a fondo en guarismos ni protagonismos específicos, el partido de Morris, Horford, Tatum y Brown fue de matrícula. Aunque sería injusto olvidar a Rozier y Smart. Los seis, bajo la atenta mirada en tejanos de Irving y Hayward, encendieron al devoto público de Boston a base de triples, penetraciones sin ayudas defensivas, tapones y un juego coral que arrasó a Cleveland. Seis gladiadores dispuestos a elevar el orgullo verde a los límites de lo imaginable. Morris frenó a LeBron, Horford prosiguió con su línea de Playoffs (20 puntos, anotando los 7 primeros lanzamientos que realizó), Tatum destiló talento a raudales (sentenciando en el último periodo) y Brown ejecutó con tanta efectividad como preciosismo (23 puntos). El quinteto titular rozó el 60% en tiros de campo (por un 34,5% el de Cleveland). Casi nada.

Más allá de la paupérrima defensa, el ataque de Cleveland volvió a pecar de inmovilismo, esperando a un LeBron que esta vez no apareció. Ni para generar ni para finalizar. Solo Love, de menos a más, intentaba asumir galones. Ni Hill, ni Korver ni JR Smith buscaron canasta (y cuando lo hicieron fue sin éxito). Los intentos, más desesperados que creíbles, de Clarkson y Hood fueron estériles.

Primer cuarto y adiós

Rugía el TD Garden, fiel a las grandes citas. Fruncía el ceño Brad Stevens, más por convicción que por incertidumbre. Sonreía pícaramente Tatum al hacer su ritual previo con Brown. Morris se golpeaba el pecho para, quién sabe, ahuyentar a LeBron. Al Horford daba dos saltos, suficientes para avisar que estaba listo para la batalla. Y esta fue tan avasalladora como efímera. Apenas diez minutos tardaron los Celtics en abrir una brecha de 21 puntos tras un parcial de 25-4 (del 7-7 al 32-11) en el primer periodo, que acabaría 36-18.

Desnortados, los de Lue ofrecieron su versión más dantesca en defensa, permitiendo canastas sencillas en la pintura y mostrándose terriblemente endebles en el cuerpo a cuerpo. Buena muestra de ello fue, por ejemplo, el movimiento de Al Horford al poste ante un Love que apenas opuso resistencia tras los dos primeros contactos y se alejó, como si con él no fuera la cosa, para que el dominicano anotara a aro pasado con facilidad. Tampoco ayudó el inexistente sistema de ayudas que dejó a Brown solo en más de una ocasión.

Podía uno pensar que los Cavs reaccionarían, que LeBron daría un paso adelante y asumiría ese protagonismo que hasta ahora ha conducido a los de Ohio a otras finales de Conferencia. Pero por una vez no ocurrió. La máquina también tiene malos días. En ningún momento dio la sensación de estar totalmente conectado al partido y Cleveland, perdido sin su faro, fue una caricatura de lo que vimos contra Toronto. Un 2 de 16 en triples en los primeros 14 minutos (al final 4 de 26), tiros que se quedaban cortos y ni una sola jugada en transición. Tristan Thompson fue el único que bregó en la zona, cargando el rebote ofensivo con relativo éxito. Pero ni por esas.

Boston supo mantener la renta, rozando los 30 puntos de diferencia tras un triple de Brown que obligó a Lue a pedir otro tiempo muerto a mitad del segundo periodo (se quedó sin ellos a falta de 8 minutos para que terminase el encuentro). Las caras en el banquillo de Cleveland eran un problema. Y no había solución.

Hood y Clarkson trataron de maquillar el resultado en el tercer periodo, con un ligero repunte de LeBron, que superó a Baynes en dos acciones seguidas. Pero fue un mero espejismo. Tatum y Morris no iban a dar esperanzas de remontada a los Cavs, que deberán ser mucho más consistentes y agresivos si quieren pelear con estos Celtics. Al final del túnel, todavía lejos, se percibe una luz… y de momento es verde.