Y lo consiguieron. El Real Madrid alcanza su décima Euroliga de su historia después de superar al Fenerbahce Dogus por 84-80. Un tercer cuarto muy efectivo de los blancos y una gran defensa desesperó a los turcos y a Obradovic en un pabellón que parecía el del equipo otomano. Fabien Causeur y Luka Doncic (MVP de la Final Four), artífices de un nuevo título blanco.

Como no podía ser de otra manera, el ambiente en el Stark Arena era plenamente turca. Animando y gritando sin parar y ante pocos aficionados del Madrid, el planteamiento de Obradovic era igual al de semifinales: defensa agresiva sin dejar espacios, como una ratonera. Vesely hizo su segunda falta en un minuto y medio, al igual que Ayón, pero el Madrid podría aprovechar para hacer daño en el interior, pese a la poca anotación inicial y con los 4 puntos blancos de Doncic (4-7).

Quien comenzó muy fuerte fue Duverioglou, con una intensa defensa y 8 puntos consecutivos, haciendo mucho daño dentro. El Real Madrid se encontraba acorralado pese que anotaba, le costaba bastante y en los últimos segundos de posesión. El partido se igualó por los errores de ambos equipos en ataque, pero los de Pablo Laso comenzaron a anotar triples y con unos minutos buenísimos se pusieron por delante al finalizar del primero (21-17).

La dinámica cambió y ahora era el Madrid quien sometía a su juego a los de Obradovic para escaparse y los turcos comenzaban a ponerse nerviosos. El acierto de los merengues hacia que el entrenador hiciera cambios, pero apareció Nicoló Melli para acercar a los suyos con 7 puntos seguidos. (29-26).

Ninguno de los dos equipos daba el brazo a torcer y la intensidad era palpable para todos. Los errores se pagaban caro y el Fenerbahce recuperó las sensaciones para acechar a los de Laso. El nerviosismo volvió a inundar las cabezas turcas porque el Madrid aprovechaba la altura de Tavares para imponerse bajo tableros, pero la agresiva defensa blanca les ponía en apuros por las faltas y los tiros libres dieron el liderato al Fenerbahce al descanso (38-40).

Al regresar del parón, el Real Madrid, comenzó más enchufado y más intenso que se volvió a poner a los de Laso por delante. La fuerza interior estaba haciendo daño, aunque Melli estaba muy inspirado y era el referente ofensivo turco, pero los triples en el Madrid entraban y se encontraban cómodos pese la poca diferencia y el partidazo de Causeur (52-48).

El choque se convirtió en un toma y daca constante, cuando uno metía, el otro respondía de la manera más rápida posible. Ninguno de los dos contenía el aire por la intensidad y la asfixiante defensa que habían propuesto ambos equipos, con marcajes fijados de unos y otros como Kalinic con Doncic. El Fenerbahce volvió a la precipitación y a la inestabilidad, y con Tavares en pista y Causeur en estado de gracia, la diferencia se ampliaba a la fase final (63-55).

Y en la batalla de los últimos 10 minutos, aunque la defensa madridista era superior, el Fenerbahce siempre sacaba brechas. Con la incorporación de Ali Muhammad, la rapidez se metía en el juego y era importante, sobre todo para Melli, la inspiración turca. Pero les faltaba una marcha más, en ataque no estaban nada finos. Una falta antideportiva de Vesely complicaba la situación (68-61).

El Real Madrid estaba superando en todo a los turcos, y al igual que contra el CSKA, el rebote ofensivo era su mejor baza. Melli seguía inspirado, pero era el único que mantenía a flote el barco. Era más equipo el Madrid, y quien tenía todo de cara para conseguir la décima. El Fenerbahce no estaba en el partido, parecía desconectado y eso lo aprovechaba los de Laso para seguir ampliando la diferencia. Murió a la deriva y lo intentó, pero un palmeo de Thompkins sentenció y el Real Madrid era el campeón.

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