A principios de siglo, en pleno cisma del baloncesto europeo por la guerra FIBA-Euroliga, empezaba a coger forma en Madrid una idea tan innovadora como necesaria para el deporte de la canasta. Innovadora por inédita, necesaria por el bien de la formación deportivo-académica de los jóvenes.

¿Cómo nació la Copa Colegial? ¿Quién estuvo detrás de todo? ¿Qué objetivos tiene? Todas estas preguntas las responde Pablo Martínez-Arroyo, director de la Fundación Baloncesto Colegial.

Vayamos al origen de todo…

La Copa Colegial tiene dos nacimientos, como los buenos ríos. El primero es en el año 2002. La idea inicial nace de Pablo Carabias, que es la persona que se dirige a mí para ponernos en marcha. Y es curioso porque ambos coincidimos en el mundo del tenis. Fui a jugar a un torneo y me di cuenta que era diferente, se respiraba mucha pasión, no era como los demás… Ahí decidimos comenzar la Copa Colegial, volviendo a los orígenes de nuestro deporte, que es la escuela.

No sonaba mal, desde luego.

Me pareció una magnífica idea porque yo además empecé a trabajar en el Estudiantes y les presenté el proyecto. No tardaron en aceptarlo y le llamamos “Series Colegiales” con el apadrinamiento del ‘Estu’. Por aquel entonces solo en Madrid. Después, en el 2006, la ACB entró a formar parte del proyecto para hacerlas en las 18 ciudades de aquel entonces.

Pero no duró mucho ese vínculo.

Vimos que las ciudades ACB no acababan de involucrarse lo suficiente y decidimos que no se hicieran cargo del proyecto.

Entonces irrumpe la figura de Anselmo López, o la de su hijo más bien, para relanzar el proyecto.

¡Absolutamente! Anselmo es una figura importantísima en el deporte español del Siglo XX. Gracias a él comenzamos a jugar al minibasket. Lo inventó él. Y por ello decidí contactar con Alberto, su hijo, para darle una vuelta de hoja a todo. Nació entonces la Copa Colegial.

De pequeño a lo grande.

Eso es. Tras el experimento fallido con la ACB volvimos a Madrid para cuajar nuevamente el proyecto. Y a partir de ahí ya comenzamos a creer, sobre todo porque los colegios se sintieron muy cómodos jugándola. Creamos la Asociación Baloncesto Colegial, que pasó a gestionar la competición. Los propios colegios eran (y son) los dueños de su destino.

Crecimiento sostenido y en 2011, el siguiente paso.

En 2011, con la creación de la Fundación Baloncesto Colegial, se nos propone, a través del patrocinio de Calidad Pascual, que lo hagamos en más ciudades. Ahí es cuando nos expandimos a Barcelona, Sevilla y Zaragoza. Y en apenas un año cumplimos las expectativas y nos fuimos a 9 ciudades (las mismas que ahora).

¡Qué barbaridad!

Nos hemos convertido en un torneo de referencia a base de esfuerzo y muchísima ilusión. Con la Fundación hemos asentado unas bases muy sólidas, con un reglamento claro, una estructura profesional… Estamos satisfechos de la acogida.

Algo ha tenido que ver tu paso por Estados Unidos para saber gestionar y transmitir tu idea de baloncesto colegial, ¿verdad?

Me formé en el Ramiro y he vivido en primera persona cómo se siente el baloncesto en el ‘college’ americano. Creo que el sentimiento de pertenencia es básico en este proyecto. Nuestra idea es generar mucho ruido y entusiasmo en la base del baloncesto español. El verdadero activo de este proyecto es la competición entre colegios. No que compitan los jugadores o un equipo en sí, eso ya lo hacen las federaciones, sino que compitan los colegios entre ellos.

Innovador.

Claro, yo siempre digo que esto es un teatro con unas gradas repletas de colorido que son los estudiantes de cada colegio. Y buscamos ofrecer el mejor espectáculo, la mejor obra. Los protagonistas, los jugadores, son los mejores actores/actrices posibles. Lo demás es puro sentimiento.

Además, indagando, creo que este torneo es único en el continente.

En Europa no hay nada parecido a esto. Los clubes han comido todo el terreno a las escuelas. Y eso no me gusta. Piensa que en las Copas Colegiales han jugado Ricky Rubio, Pere Tomàs, Javier Beirán… Es decir, que aquí también nacen y compiten futuras estrellas. Pretendemos ser un torneo de referencia y estamos en el buen camino.

¿Y el objetivo de la Fundación?

Que los colegios entiendan el deporte como una herramienta de educación. A través de la Fundación tenemos el proyecto “Basketball is Education” donde entregamos premios a los mejores estudiantes, hacemos un Hall of Fame, organizamos cafés con los padres… Buscamos que el torneo funcione pero sobre todo que el baloncesto sea una herramienta educativa. Sin eso, nada tendría sentido.