Es una obviedad que la NCAA está en un proceso de reestructuración ante los problemas deportivos y extradeportivos que han ido surgiendo y apareciendo en los últimos años. Escándalos en procesos de reclutamiento en muchas de las grandes universidades del país y las distintas cuestiones con referencia a la gestión del talento freshman y los nombres que toman rumbo a la NBA son solo algunos de los problemas con los que la NCAA ha tenido que lidiar en la última década.

Por todo ello, y bajo las críticas constantes de prensa especializada, aficionados y las propias universidades, la NCAA parece que está dispuesta a intentar dar un giro en la competición de múltiples maneras para incentivar que los jugadores sigan apostando por el baloncesto colegial como vía principal para dar el salto al profesionalismo de manera anticipada. Es por ello que hace unos días el comité sacó a la luz varias medidas que suponen una revolución con respecto a la gestión individual de los jóvenes de cara a su llegada y abandono a la NCAA, que a continuación toca diseccionar punto por punto. ¿Será con ello capaz la competición capaz de relanzar una imagen que se ha visto en parte deteriorada en la última década?

El reclutamiento, pieza clave

Era una de las grandes quejas de los técnicos y staffs técnicos de las universidades. Pocas oportunidades para reclutar y en periodos cortos de tiempo. Parte de todo ello ha cambiado con estas nuevas reglas. A partir de ahora los distintos prospects tendrán la oportunidad de triplicar el número de visitas oficiales a las distintas universidades, pasando de las cinco actuales a las quince, organizadas en diferentes etapas. Cinco de ellas podrán tener lugar entre el 1 de Agosto y el final de su año Junior (el tercero) en High School. Las segundas cinco visitas se podrán producir desde la entrada de su año Senior (el último) y el 15 de Octubre, mientras que las cinco últimas quedarán disponibles desde esta fecha hasta el arranque de su periplo universitario.

Esta es una opción clave para universidades y jugadores, que tendrán oportunidad de dar un mayor impacto de forma transparente y con ello disminuir la cantidad de decommits y que surgen meses antes de la temporada colegial.

Otra medida con respecto al proceso de reclutamiento más que interesante es el aumento del número de visitas que las universidades podrán pagar a los diferentes recruits. El tope fijado anteriormente estaba en las 24 durante un periodo de dos años, mientras que esa cifra se ve ahora incrementada en cuatro hasta las 28 totales.

El calendario de reclutamiento también está a punto de sufrir cambios significativos, alegrando así y mucho a los técnicos que en numerosas ocasiones han expresado su disconformidad con el calendario actual. A un seguimiento más exhaustivo para evitar fraudes como el de Brian Bowen con la universidad de Louisville, se suma la posibilidad para los técnicos universitarios de estar presentes en el prestigoso NBA Top 100 Camp que se celebra en junio, acudir a más eventos (siempre sponsorizados) que hasta ahora y contarán un periodo de reclutamiento de cuatro días durante el mes de abril, hecho que se venía reclamando de forma intensa.

La NBA, un viaje de ida y vuelta

La medida adoptada por Adam Silver sobre la eliminación del denominado one&done de cara al año 2020 ha sido uno de los grandes quebraderos de cabeza por parte de la NCAA. Ante la imposibilidad de paliar la cantidad de bajas universitarias que eso causará en los prospects más reconocidos, la NCAA ha adoptado diferentes medidas de cara a ayudar y fomentar a los jugadores a regresar al baloncesto universitario si su salto a la NBA no se produce de forma óptima.

Es por ello que la medida que más llama la atención dentro de la nueva normativa es la que expone que los jugadores underclassmen que hayan decidido dar el salto a la NBA pero no hayan sido drafteados tendrán la oportunidad de volver a la NCAA respetando su completa elegibilidad y sin problemas para presentarse de nuevo hasta la temporada siguiente. Esto supone una indudable mejora con respecto a la normativa actual, ya que a todos os sonará el famoso “testing the waters”, con el que los distintos prospects anunciaban su entrada en el Draft (sin contratar agente) para tantear su terreno y tenían como fecha límite 10 días después del NBA Combine para retirar su nombre y volver a la NCAA.

Esta nueva opción rompe por completo con lo anterior, permitiendo a jugadores que veían como sus opciones se truncaban el mismo día del Draft para seguir desarrollándose y buscar así una nueva oportunidad en temporada posteriores. Todo ello siempre con una condición, y es que sólo los jugadores invitados al propio Combine serán los que tengan la posibilidad de regresar a la NCAA en caso de no ser drafteados, lo que reduce y mucho la cantidad de jugadores que tendrán disponible esa alternativa.

Los agentes son otro de los nombres clave en la nueva normativa impuesta por el comité. La duda sobre la profesionalización de la NCAA está en constante debate ante declaraciones de jugadores sobre la condición de amateurs y el no percibir dinero por el tiempo que los prospects permancen en la NCAA. Con respecto a este punto, la NCAA ha pasado en parte la moneda a USA Basketball, ya que ha introducido una categoría de proyectos de élite que sí tendrán la oportunidad de hablar y ser representados por agentes oficiales, siempre autorizados por la NCAA. 

Estos “Elite Prospects“, y ahí es donde está el debate, deberán ser señalados por USA Basketball y no la NCAA, por lo que de nuevo se genera debate ya que ha sido la propia USA Basketball la que ha reconocido no saber nada sobre este tipo de determinación hasta el anuncio de la nueva normativa. De esta manera NCAA pasa la pelota sobre la gestión de los diferentes proyectos que pasen por la NCAA, en parte los denominados one&done. Esta norma también se aplicará a los jugadores de High School, pero sólo entrará en vigor para ellos cuando la NBA formalice la eliminación de la edad límite para entrar en el Draft.

Los agentes, por otro lado, estarán autorizados a pagar comida y transporte al prospect y su familia, así como establecer reuniones con los equipos y llevar el proceso de selección de su representado. Además podrán ser elegidos inmediatamente después de cada temporada, pero deberán terminar su relación con el jugador en cuanto la siguiente temporada oficial NCAA de comienzo. 

La corrupción, la tercera pata a solucionar

Además de todas estas medidas anteriormente citadas, la NCAA ha hecho especial hincapié en intentar buscar una solución al principal problema que asola a la competición, la corrupción. Es por ello que Emmett y su grupo han acordado aumentar drasticamente los castigos, las sanciones de postemporada hasta cinco años, las sanciones a técnicos por violaciones en las reglas de reclutamiento y además la NCAA aceptará desde ahora en adelante ayudas externas en las investigaciones por parte de otros cuerpos administrativos como agencias gubernamentales, jueces o comisiones autorizadas por las propias universidades.

Todo ello con vistas a reducir la cantidad de escándalos extradeportivos que han sucedido, como es el caso de la investigación del FBI que ha conducido a arrestos de técnicos asistentes y despidos por corrupción con pagos ilegales.

En definitiva, la NCAA quiere dar un impulso a la imagen deteriorada del baloncesto colegial tras el informe de Condolezza Rice a raíz de las investigaciones del FBI en busca de mayor transparencia externa, ¿pero de verdad logrará solucionar algo con medidas que parecen insuficientes para frenarlo?