Boris Diaw ha anunciado este jueves, a los 36 años de edad, su retirada definitiva del baloncesto. El francés cierra así una notable carrera, sumando cinco medallas con la selección de Francia y un anillo de la NBA con los San Antonio Spurs en 2014.

El anuncio ha llegado de una forma original, con un vídeo grabado en alta mar junto a Ronny Turiaf y Tony Parker, dos de sus mejores amigos. ¿Y por qué así? Según ha explicado el propio Diaw, porque no quería superar el número de internacionalidades de su madre Élisabeth Riffiod, que vistió la camiseta gala 247 veces. ‘He querido dejarlo aquí’, ha apostillado.

Diaw, sobre todo en el tramo final de su trayectoria deportiva, fue la inteligencia antes que el físico, fue la determinación de alguien que jugaba casi andando. El talento expuesto para el beneficio común.

Y su IQ, desde luego.

En las Finales del 2014, contra los Heat de LeBron, Wade y Bosh, Boris Diaw impartió un clínic en el pase. 5,8 asistencias de media en los 5 partidos que duró la final [4-1 para los texanos], liderando holgadamente esa faceta estadística. A eso le añadió 6 puntos y 8,6 rebotes -solo superado por Duncan-. Y fue titular en tres de los cinco partidos. En definitiva, una pieza indiscutible del último anillo de la dinastía más exitosa en lo que va de siglo.

Diaw llegó a la NBA en 2003 tras ser elegido por los Hawks en el puesto 21 -sí, en el Draft de LeBron, Wade o Melo-, jugando dos temporadas en Atlanta antes de ser traspasado a Phoenix a cambio de Joe Johnson. Aterrizaba en Arizona para formar parte de uno de los equipos más divertidos de siempre: los Suns del run&gun, de Nash, de Mike d’Antoni.

Y ya en su primer curso allí dio muestras de todo su potencial -jugando a caballo entre escolta y alero y siendo galardonado con el premio a Most Improved Player-, anotando por ejemplo 34 puntos en el primer partido de las finales de Conferencia vs Dallas. Era 2006 y Phoenix soñaba con el anillo. Pero los Mavericks les frenaron el paso -cayendo posteriormente en la final ante los Heat de Wade y O’Neal-.

Tras tres cursos en Phoenix fue traspasado a Charlotte, donde nunca acabó de encontrar acomodo. De hecho, en 2012 fue cortado por los extintos Bobcats, aunque solo estaría dos días en el ‘paro’. Los Spurs le contrataron… y dos años después ya conocen cómo terminó la historia -anillo-.

Su periplo en la NBA finalizó antaño en Utah, ya con un rol más residual -y alguna lesión de por medio-. 14 temporadas, un anillo y el respeto de toda una liga.

Dijo Gregg Popovich un día, en una de sus afirmaciones más genuinas, que lo que más le gustaba del francés era su ‘buen gusto por los vinos’. Seguro que en un futuro tomarán alguno juntos y recordarán tantos buenos recuerdos.

Ídolo en Francia

La carrera de Diaw comenzó en el mítico Pau-Orthez, ganando dos ligas y siendo nombrado MVP del campeonato doméstico en 2003, justo antes de dar el salto a la mejor liga del mundo. Allí brillaba al lado de los hermanos Pietrus, otros dos jóvenes con una carrera prometedora por delante.

Con la selección francesa logró seis medallas, una de ellas en categorías inferiores [Europeo de Lituania U20 en 2002] y cinco con la absoluta, siendo el Europeo de 2005 uno de sus puntos álgidos [incluido en el quinteto ideal junto a Navarro, Papaloukas, Diamantidis y Nowitzki]. Francia se colgaría entoces el bronce, algo que repetiría diez años después.

Tuvieron que pasar seis años para colgarse otra medalla. Fue en 2011, cuando llegaría la plata en el Eurobasket de Lituania tras perder la final ante la España de un excelso Navarro. Pero la revancha llegaría pronto, dos años más tarde, en Eslovenia y derrotando a la selección en semifinales [Lituania, en la final, no fue rival]. Se colgaba el oro al fin la generación de Parker y compañía. Y lo saboreaba Diaw, que anotó 15 puntos en la final.

La penúltima medalla, muy especial también, la conseguiría el combinado nacional dirigido por Collet en el Mundial de España de 2014, superando nuevamente en el partido por el bronce a Lituania [93–95].

Echando la vista atrás, no está nada mal. Gracias por todo, Boris.