Shaquille O’Neal es considerado el pívot más dominante de todos los tiempos. Por su exuberante potencia física e, igual o más importante, por su habilidad para saber cómo aprovecharla. Algo parecido le ocurre a Liz Cambage, un perfil prácticamente inédito en el baloncesto femenino. Una bestia parda. Una fuerza de la naturaleza. Un monstruo indomable. Una jugadora irrepetible. La pívot lideró a Australia a su primera final internacional desde los Juegos Olímpicos de 2008. Diez años han tenido que pasar para ver a las aussies otra vez luchando por el oro en un campeonato intercontinental.

España trazó un plan para frenar a Cambage, y supo desquiciarla en varias fases del encuentro, pero la más que posible MVP del Mundial se disparó hasta los 33 puntos, 15 rebotes y un total de 41 de valoración. Una buena muestra de su impacto es ver que Nicholls y Ndour acabaron expulsadas con 5 faltas y Gil terminó con 4. Imparable.

La selección compitió como siempre y a falta de tres minutos todo estaba por decidir (64-64), pero las australianas manejaron mejor los nervios y sentenciaron gracias a un triple de George desde la esquina y el poderío de Cambage en la pintura. Dolió, porque otra final contra Estados Unidos y en casa era el objetivo, pero toca levantarse rápido porque este domingo se puede lograr otra medalla. Sería la sexta consecutiva (cada verano desde 2013) para una generación eterna. Bélgica espera. No será fácil.

ESTADÍSTICAS

Inicio irregular

España volvió a entrar con imprecisiones en el partido. No eran nervios, pues este grupo las ha vivido de todos los colores. Pero sí errores y, sobre todo, impotencia ante el poderío de Liz Cambage. La australiana sumaba ya nueve puntos en apenas siete minutos (6-18). Su fuerza de la naturaleza, unida a un elogiable movimiento de pies y coordinación de su cuerpo, asombraban a Tenerife. Como todo el campeonato, de hecho, pero esta vez era la rival.

El dúo dinámico… más Torrens

Necesitaba Mondelo chispa, piernas frescas, motivación, rabia. La fórmula la sabía. Ouviña y Casas saltaron raudas a la llamada del seleccionador y entraron a pista de la misma forma que ante Canadá en cuartos. Una bocanada de aire fresco para España, que mejoró en ataque y maquilló el marcador al término de los primeros diez minutos (15-23). La catalana y la aragonesa volvieron a generar ese efecto efervescente, cambiando el rumbo del encuentro.

Las anfitrionas, arropadas constantemente por el público, fueron reduciendo diferencias ante una Australia que se obcecó con algunas decisiones arbitrales extrañas, como una personal en ataque sobre Cambage, que llegó a rebotarse sobre el público exhibiendo su elástica. La pívot era consciente, seguramente, que por primera vez en el campeonato tenía enfrente un equipo que le dificultaba –si eso es posible- su despliegue de superioridad.

La mejoría defensiva de España dio sus frutos, aunque fue una secuencia de triples la que desató un parcial de 29-13 que le permitió irse por delante al descanso. Torrens, con dos triplazos consecutivos, y Ndour con otro sobre la bocina, pusieron el 33-32 en el marcador. Anotó entonces Talbot a nueve segundos tras una puerta atrás, pero Cruz corrió toda la pista y con una canasta en suspensión puso el 35-34 definitivo. Ver para creer. La selección se iba a vestuarios por delante tras ir perdiendo por 15.

El factor Bea Sánchez

La segunda parte comenzó con un agradable toma y daca. Dominaba Australia el marcador pese a errar algunos tiros libres, mientras que España se agarraba con pundonor al encuentro. El premio era demasiado goloso como para evitar sufrir. Cambage siguió sumando en la zona, sacándole a Nicholls y Ndour sus respectivas cuartas faltas. Era el momento de Bea Sánchez. Tras haber jugado apenas seis minutos en lo que iba de Mundial, la gaditana entró enchufada, con mucha actividad atrás y fue clave en el parcial de 12-2 que permitió a España abrir una renta de ocho puntos antes del último periodo (58-50). Ahí aparecieron Xargay, con cinco puntos, y Laia Palau con un triple casi sobre la bocina. El sueño estaba cerca.

Australia gana al batalla

Reaccionó súbitamente Australia con un parcial de 0-9 que obligó a Mondelo a detener el choque. Tocaba empezar de cero. La selección tardó tres minutos en anotar -con un triple de Ndour-. Quedaba un mundo. España se conjuró para un último impulso que parecía una realidad tras la técnica a Cambage y la picardía de Torrens para robarle la cartera a Talbot y anotar (64-61, min 36). Pero la bestia irrumpió con un 2+1 para poner las tablas en el marcador (64-64). Faltaban tres minutos.

Y Australia supo jugarlos mejor. Abrió una brecha de cinco puntos tras un triple de George desde la esquina que parecía definitivo (64-69). No por falta de tiempo, sino por el mazazo que suponía a esas alturas. Cualquier atisbo de esperanza se desvaneció cuando Cambage taponó, de forma consecutiva, los tiros de Xargay y Sánchez para acortar diferencias. El pescado estaba vendido y los tiros libres sellarían el pase de Australia a la final. España lloró, de rabia, pero deberá levantarse para afrontar este domingo una nueva cita con la historia.

Algunas jugadas…

El orgullo de Lucas Mondelo