Plantilla Golden State Warriors 18/19

Está engrasada y ha sumado incluso nuevas piezas. Los Warriors aparecen, una temporada más, como los clarísimos favoritos al anillo, que sería el tercero consecutivo. Es decir, desde que Durant aterrizó en La Bahía, no se conoce un final distinto.

El equipo de Steve Kerr es el rival a batir. En todo, por todos. Mejor ataque, mejor defensa en PO, más asistencias, más tapones, más y mejor en tiros de campo, en triples…no hay por donde cogerles.

El bloque se mantiene y no hay vistas de que pueda romperse. ¿Por qué tocar lo que funciona? El equipo de culto lo continuará siendo. Y van más allá: incorporan a otro All Star como DeMarcus Cousins. Bueno, bonito y muy barato: cinco millones por una temporada. Riesgo cero para los Warriors: si el pívot no funciona, no se adapta o simplemente no cuentan con él, le darán puerta el próximo verano. Y si vuelve a ser el jugador que fue, estaríamos ante el mejor quinteto de la historia: Curry, Thompson, Durant, Green y Cousins. No hay antídoto posible.

La incógnita de Cousins es la que da juego a la temporada de los Warriors. El ex de Nueva Orleans sigue lesionado de su tendón de Aquiles. Con su peso, el agravante es mayor. Su vuelta a las pistas no tiene fecha fija. Golden State no piensa apresurarse: hay plantilla de sobra para aguantar sin Cousins y protegerle para un regreso soñado y sin complicaciones. En las rondas de Playoffs, ya con DeMarcus sano, los Warriors darán (aún) más miedo.

El insulso dominio durante la liga regular (en Playoffs sí han estado contra las cuerdas más de una vez) llega a ser hasta insultante. Nadie en el Oeste puede plantar cara a tal equipo, que registra unos números ofensivos históricos. Curry y Durant (renovado), con más de 26 puntos de promedio, prometen otro año de superioridad.

Además de Klay Thompson y Draymond Green, siguen piezas fundamentales del bloque campeón como Livingston e Iguodala. Además, se espera a Jordan Bell como pívot titular -esperando a Cousins- y a Kevon Looney como el factor diferencial en momentos clave de los partidos. Es decir, funciones a las que se dedicaba Javale McGee, ahora escudero del rival LeBron James. En definitiva, una segunda unidad con nivel para rendir ante suplentes de otros conjuntos.

Los otros buscarán los resquicios en estos Warriors. El Oeste es más salvaje que nunca, y los Celtics sin enfermos piden cita en unas futuribles finales NBA. No llegan a la enormidad de Golden State, pero los Celtics pueden plantar cara. Ya se ha demostrado que el equipo de Steve Kerr sufre más de lo debido en la postemporada.

Su principal competidor, no obstante, serán ellos mismos. Las cabezitas de Green y Cousins, el sistema de egos y las posibles lesiones. El resto está controlado, bien atado y trabajado hasta la médula.

Sencillo-para ellos- el llegar a las 60 victorias y ganar la Conferencia Este. Y después, el objetivo es muy claro. El anillo es una obligación. Todo lo que en junio no sea sacar el champán, las gorras y la posterior ruta descapotable, título en mano, por San Francisco, será un fracaso para una franquicia ya histórica, dominante de la época y con una aglutinación de estrellas nunca vista.

La estrella: Kevin Durant

En un equipo plagado de All Star, también está el mejor jugador de las pasadas dos finales. Durántula pica letal en La Bahía: 26,4 puntos por partido, 6,8 rebotes y 5,4 asistencias. Nada que no conozcamos. Es el Rey a destronar.