Plantilla Utah Jazz 18/19

Gordon Hayward rumbo a los Celtics y George Hill camino de los Kings tras un año fantástico para los de Salt Lake City. Una plantilla joven, una estrella de la Liga, un magnífico defensor como Rudy Gobert y 51 victorias coronadas con unas semifinales de Conferencia. Los Warriors seguían siendo un rival demasiado fuerte, pero con la juventud de la plantilla, un buen pick en el Draft tras un traspasó que les agenció a un prometedor Donovan Mitchell, y la posibilidad de que Hayward se siguiera desarrollando en su, hasta entonces, único equipo en la NBA, el sueño podía continuar. Sin embargo, el ex de Butler decidió reunirse con su exentrenador en la universidad en Boston y dejó herido, ¿de muerte? El proyecto.

Un año después, todo vuelve a brillar. Los Jazz comenzaron la temporada temblorosos, con Gobert lesionado y un Donovan Mitchell que acumulaba demasiados tiros y mostraba poca eficiencia cara al aro. El récord al acabar enero era un bastante pobre 22-28, que dejaba al equipo alejado de los Playoffs en el competidísimo Oeste y parecía marcar la necesidad de retocar la plantilla. Sin embargo, y a partir de ese momento, el milagro. Con Gobert recuperado, Ricky Rubio, nuevo base, acoplado y Donovan Mitchell subiendo puestos en la lucha por el Rookie del Año hasta mirar a la cara a Ben Simmons y sus espectaculares actuaciones, los Jazz ganaron nueve de once partidos en febrero, doce de quince en marzo y cinco de seis en abril. Un récord de 26-6 que dio la vuelta a la situación por completo y llevó a los pupilos de Snyder a la quinta plaza y a una visita a la postemporada contra los Thunder de George, Westbrook y Carmelo Anthony, equipo temido por todos a principio del año.

¿Y qué ocurrió? Que el espíritu de los Jazz volvió a sobreponerse al teórico mayor star power de los de Oklahoma. Derrota, por los pelos y por la repentina inspiración desde la línea de tres de los Thunder y, especialmente, de Paul George. Luego, tres victorias seguidas, factor cancha invertido, derrota en Oklahoma y victoria para celebrarlo por todo lo alto en Salt Lake City. Sin Hayward, con un rookie convertido en el máximo anotador del equipo y con un proyecto que parecía naufragado en enero, los Jazz se plantaban en una semifinales de Conferencia donde las lesiones de Ricky y de Mitchell dañaron seriamente sus posibilidades de hacer más daño a unos supersónicos Rockets. Poco importaba. El año había sido un éxito.

La consigna para esta temporada ha sido mantener lo que funcionó tan bien el año pasado. Derrick Favors, a ratos candidato al traspaso y a ratos versátil interior capaz de hacer pedazos a la defensa de los Thunder con sus puntos dentro y fuera de la pintura, ha renovado por dos años y treinta y seis millones. El resto de los jugadores clave, Mitchell, Ingles, Gobert y Rubio, siguen atados en contratos razonables, y el banquillo mantiene a sus piezas sin grandes estridencias. Los Jazz dependen de su habilidad para no ser solo un conjunto de jugadores, sino de ser un equipo que funciona de manera coral. Y, pese a que parece que lleven en la Liga una vida, Favors es del 91, Ricky del 90 y Gobert del 92. Junto con Mitchell, aún tienen margen de mejora y muchos años de baloncesto en la cartuchera.

A través del draft, los Jazz hicieron su único movimiento “arriesgado”. Grayson Allen, uno de los jugadores más conocidos y polémicos de la clase de 2018, que tras varios años en Duke, salta a la NBA para aportar todo aquello por lo que es conocido. Tiro, pase, lucha, entrega…y probablemente muchas peleas. Ha sido conocido por sus problemas dentro y fuera de la cancha, pero con el número 21, no parece tan arriesgado como podría haber sido jugar a la ruleta rusa en la lotería. Tendrá un rol reducido y no tanta presión como en equipos que necesitan ver a sus jugadores jóvenes desarrollarse desde el principio, y su plus de dureza puede acabar beneficiando a los Jazz si se acopla bien para la esperada postemporada. Cara o cruz, pero probablemente con muchos más beneficios que problemas asociados a su persona.

Salga como salga Grayson Allen, los Jazz han hecho una postemporada conservadora y eficaz, como debe ser con un equipo joven y con posibilidades de crecimiento que experimentó grandes éxitos el año pasado. Rockets y Warriors, salvo catástrofe en forma de lesión o inesperado bajón en el rendimiento de demasiados jugadores, parecen inalcanzables, pero la pelea por los puestos comprendidos entre el tercero y el octavo será feroz, y los Jazz querrán dar otro paso este año. Una nueva visita a la segunda ronda y a soñar con lo que venga después.

Estrella: Donovan Mitchell

Gobert es un nombre más importante en la NBA de hoy, pero Donovan Mitchell representa el brillo estelar del equipo sin fisuras y el proyecto de superestrella pescado en los últimos puestos de la procelosa corriente de la lotería. Comenzó la temporada forzando demasiado la máquina y seleccionando mal sus tiros, pero fue ajustándose al esquema ofensivo de Snyder con el correr de los partidos y su propio ajuste a la NBA. Regaló actuaciones estelares, mates imposibles y una tranquilidad impropia de un jugador recién llegado a la Liga. Cara a su segundo año, debe seguir mejorando en todas las áreas e intentar ser más hábil al entender cuándo es más necesario un pase que seguir intentando anotar. Dar esos nuevos pasos en eficiencia y control del juego lo llevarían a empezar a entrar en discusiones no ya por el Rookie del año…sino por objetivos más ambiciosos.

Objetivo:

Superar las cincuenta victorias, y si pueden superar las cincuenta y uno de la 2016-2017, aún mejor, y llegar de nuevo a la segunda ronda de los Playoffs. Allí, plantar cara a Houston o Warriors, sus más que probables rivales.

Previsión:

Cincuenta y un victorias. Segunda Ronda.