Columna de Millán Cámara

En nuestro país hay una epidemia. No se asusten: no es cosa de la gripe A, el ébola o algo similar. No, el síndrome que abunda por doquier es el de la piel fina. Vamos, la fiebre de molestarse por todo y por todos. De vivir en un bucle de palabras, temas y personas tabú infinito. De criticar a destajo para hacer posible que las alabanzas cada vez sean un fenómeno más paranormal. Dicho de otra manera, hemos encumbrado a los haters hasta límites insospechados.

Si la tendencia a destilar rabia ante los éxitos ajenos no era ya suficientemente alarmante, ahora se ha convertido en deporte nacional. Parece que la envidia nos corroe cuando a los demás les va bien. Y que la suerte, y no el talento o el esfuerzo, define todos y cada uno de los logros del otro. Este odio visceral hacia el triunfo, no me pregunten por qué, afecta cada vez más a los buenos. En la vida y en lo profesional.

El baloncesto tampoco escapa a esta corriente. En su día, todos adoraban a los Golden State Warriors. Pero eso ya es cosa del pasado. Ahora parece que hay que odiarles casi por decreto. “Hombre, es que ganan mucho y tienen que dejar algo para los demás”, pensarán algunos. Cualquiera diría que Stephen Curry era el yerno perfecto no hace tanto. O que Kevin Durant rezaba antes de los partidos (por lo menos, cuando aún jugaba en los Thunder). Tanta bondad es indigna de unos hijos de Belcebú hechos y derechos (nótese la ironía…). Quién diría que había quienes celebraban las derrotas de LeBron James en el pasado. A él le tocó la conversión inversa: de villano a héroe en el imaginario colectivo.

Molesta que los cracks despunten tanto. Que se lo pregunten a Luka Doncic. De un tiempo a esta parte, su figura y sus gestas cansan. A algunos, matiz importante. ¿Por qué? Según se dice, el precoz esloveno acapara más foco mediático que cualquiera de los jugadores españoles presentes en la NBA. Vamos, que los medios y periodistas nacionales, para variar, hacemos mal nuestro trabajo.

Vaya, lo siento si le damos tanto bombo a un más que serio candidato a Novato del Año. A un jugador cuyo impacto empieza a traspasar las fronteras europeas y a ser global. Al actual santo y seña (que nos perdone Don Dirk Nowitzki) de los Dallas Mavericks. A alguien capaz de colocar su nombre junto al de mitos como Magic Johnson, Oscar Robertson y hasta Michael Jordan en tan sólo un mes de competición. Pero, sobre todo, a un crío de 19 años empeñado en darnos una lección de precocidad tras otra desde que empezó a tener uso de razón baloncestística.

Quien todavía piense que Doncic es noticia porque jugó en el Real Madrid, disputó la ACB y la Euroliga, explotó en España y tiene un agente de nuestro país (Quique Villalobos. Esto sería rizar demasiado el rizo) no ha entendido nada. ¿Que influye haber vivido y jugado aquí desde los 12 años? Pues sí, pero comprueben cuántas noticias protagonizan o protagonizaron otros tantos destacados de la liga nacional que hicieron las Américas. Ni la mitad, desde luego.

Nadie se llevaba las manos a la cabeza durante las dos últimas temporadas, cuando la perla balcánica acaparó todo tipo de atención a nivel español y continental. Si a eso le añadimos que nadie dice ni mu cuando los aplausos proceden de los colegas norteamericanos… Pero, de repente, tanto elogio patrio molesta. A algunos les rechina que el chico sea tan bueno. Como se pase de listo, habrá quien le meterá en el saco de los Lannister de la canasta (uno, que se ha enganchado a Juego de Tronos). Es decir, de los chicos malos. Que al chaval no se le ocurra protestar de más o aficionarse demasiado a los tatuajes. Parecerse a Dennis Rodman se ha puesto muy barato hoy.

En fin, a veces la memoria es caprichosa y prefiere no acordarse de cómo se abordó el estrellato en la mejor liga del mundo de Pau Gasol, el propio Nowitzki, Tony Parker, Drazen Petrovic y varios europeos sobresalientes más. Lo fácil es mirar con desprecio al que brilla. Y más, por triste que parezca a día de hoy, si no es de aquí. ¿Conclusión? Luka, hazte español. Buena selección, buen país, buena comida, buen tiempo y buenas palabras para ti. O no, quién sabe.

PD: bromas aparte, los haters pueden decir misa. Más les valdría disfrutar más del nacimiento, crecimiento y desarrollo de una futura leyenda de las canchas. Lo será, tiempo al tiempo. Aunque todos somos libres de hacer, decir o pensar lo que nos plazca. ¿Que no saben apreciar a Doncic? Ellos se lo pierden. Quizá se caigan del caballo algún día, como con LeBron.