Para un jugador profesional, colgar las botas no debe ser algo sencillo. Luego de sentir el contacto con el parquet y la red durante tantos años, muchos deciden al paso del tiempo tomar la alternativa de los banquillos y comenzar a entrenar. De soldado a capitán, de camiseta a traje de chaqueta, de esprintar a estar sentado.

El último caso resaltable reciente de este cambio de rol lo hemos vivido con Bilbao Basket y la figura de Álex Mumbrú. Todo un campeón del mundo protagonizaba el giro de rol más rápido que se recuerda, pasando de jugar su último partido con los hombres de negro a entrenar el siguiente, cambiando la Liga Endesa por la LEB Oro y el clásico vía crucis de alcanzar de nuevo un puesto en la élite.

El inicio de un jugador temperamental como él está siendo de nota. En una casa como Bilbao, cuya camiseta defendiera durante casi diez años, no se dudó ni un momento en darle la manija de un proyecto hecho por y para volver a ACB. Hasta el momento, el rendimiento del catalán deja siete victorias y solo dos derrotas en nueve partidos, un balance que le coloca en el vagón de cabeza de la competición dorada.

Un deja-vu en el Prat

El ABC de cualquier equipo descendido a la LEB Oro es asumir que no hay partido fácil fuera de casa. Pabellones coquetos, equipos que conocen la categoría de sobra, y la motivación extra de enfrentarse a un gallito de la competición, hace que un desplazamiento sea en muchas ocasiones un buen dolor de muelas.

Para Bilbao Basket, en esta semana tocaba acercarse al coqueto Pavelló Joan Busquets de El Prat de Llobregat. El equipo potablava, afiliado del Joventut, afronta una temporada complicada luego de pasar por su mejor momento histórico la pasada campaña, donde alcanzaran las semifinales de la LEB Oro. Con un pabellón repleto y una sola victoria en el casillero, la localidad catalana recibía a un Bilbao Basket que tenía a un viejo conocido en sus filas: el propio Álex Mumbrú.

Al otrora alero le tocaba un partido muy cerca de casa. Pese a haber visitado Bilbao ya al Força Lleida hace un mes escaso, Mumbrú se enfrentaría a un afiliado de uno de los clubes de su vida, del club que le dio la alternativa en esto del baloncesto: la Penya.

Habiendo debutado con la camiseta verdinegra en máxima competición allá por 1998 e incluso habiendo formado del equipo EBA de los de Badalona un año antes, el coach catalá se enfrentaba por primera vez a unos chavales, los del Prat, que muchos estaban pasando por un trance similar más de quince años después. Nombres como los de Joel Parra o Pep Busquets traerían buenos recuerdos a un Mumbrú que sufrió de lo lindo en el Joan Busquets, pero que supo amarrar una victoria vital para no perder la meta de la ACB de vista. La rueda se repetía, no siendo un partido cualquiera para el entrenador de la escuadra vasca.

“Me recuerda a hace veinte años“

Con posterioridad al partido, Álex Mumbrú pasaba por la sala de prensa del Joan Busquets y dejaba claro que no era un partido cualquiera ante la pregunta de FullBasket. En palabras del coach, “siempre es una alegría llegar a un pabellón y conocer al delegado, chalar con Iván Corrales y conocer tantas caras de cuando era un chaval”.

La maquinaria de la Penya continua intacta desde ese 1998 donde un joven Álex Mumbrú pisaba el Olímpico por primera vez en la máxima categoría, y a eso también se refería el catalán. Deseando “la mejor de las suertes a los chavales”, Mumbrú no negaba la nostalgia, ahora desde los banquillos.

Recalcando incluso que «hace ilusión ver como tanto talento se sigue formando», las palabras de Mumbrú recalcaban que la maquinaria verdinegra sigue a pleno rendimiento. Esa suerte que deseaba, no es ya la de un equipo como el Prat, que actualmente marcha último y necesita victorias como agua de mayo, sino también la de un modelo de baloncesto que sigue dando sus frutos campaña tras campaña.

El rumbo del nuevo Mumbrú va sobre ruedas por Miribilla, pero nadie puede olvidarse de su pasado. En el Joan Busquets fue la primera tarde de recuerdo de un excelso jugador que anda demostrando que tampoco se le da nada mal la pizarra. El destino dirá si el año que viene será el momento de enfrentarse a la Penya en el Olímpico, pero hoy fue el primer paso.

Foto: Mundo Deportivo