Hanga intimida a Tavares, coge su propio rebote, lanza el contraataque y asiste para que Oriola finalice con una bandeja que tapona ilegalmente el gigante caboverdiano. La jugada, una más de un partido con infinidad de detalles e intercambios de canastas, marcó un antes y un después en el choque [63-57]. Fue el preludio del festín azulgrana, que anuló al Madrid como hacía tiempo que no se veía. Es difícil recordar cuál fue la última vez en la que los pupilos de Laso sufrían tanto en ataque. De hecho, era la primera vez este curso que los madridistas no llegaban a los 70 puntos. Los de Pesic lo bordaron en tareas defensivas. Las largas ayudas, las manos pertinentes para desestabilizar al atacante, el control del rebote. Hasta 15 pérdidas acumularon los visitantes. Todo funcionó al gusto del técnico serbio, que gesticuló menos de lo habitual, consciente posiblemente del buen hacer de los suyos.

Con Campazzo exhausto y un Randolph con pocas luces -se autodescartó con la técnica del segundo cuarto, cuarta falta personal, cuando estaba siendo probablemente el mejor blanco-, el Barça aniquiló a su eterno rival en un último cuarto de fantasía. Kuric, el tirador anhelado por el Palau, sentenció con tres triples casi consecutivos. Uno detrás de otro. Como si de tres aces de Ivo Karlovic se tratasen. Inapelables. Estuvo infalible el estadounidense, que desafiaba a la grada mientras simulaba la cinematográfica escena de pistolero del lejano Oeste que sopla tras disparar y atinar. Acabó con 16 puntos. Junto a él, un inmenso Oriola, efervescente y amante de estos partidos -firmó un mate  bárbaro en transición-, y Hanga, omnipresente en ambos lados de la cancha. El húngaro llegó a todas, salvo un despiste en una puerta atrás de Taylor. Mención especial para Claver: un +26 el Barça con él en pista.

En lo que va de siglo se han jugado 19 partidos de temporada regular (ACB) en el Palau. El Barça ha ganado 16 y el Madrid 3. ‘Es un partido más de liga’, dijo Laso en rueda de prensa. Quizás con esas seis palabras se refleja bien la importancia, a efectos prácticos, del partido. Emotivo y anímico, sí, pero los títulos se ganan en mayo-junio.

Resumen, cortita y al pie

Antes del citado último periodo, el Clásico fue un vaivén constante. Un toma y daca basto, sin excesivas florituras. Comenzaron mejor los locales, con un 6-0 de inicio que se mantendría hasta el 20-15. Tomic superaba a Tavares. Pero la entrada de Ayón y Taylor revitalizó a los blancos, que con un parcial de 4-18 darían la vuelta al marcador [24-33, min 13]. El Barça, fiel a su filosofía defensiva, apretó los machos y se fue al descanso tres arriba con Singleton y Kuric como estiletes [39-36]. El tercer periodo mantuvo la tónica de la primera mitad, con un Carroll que entró en ebullición y puso por delante nuevamente al Madrid [44-48, min 24]. Pero esa sería la última vez que los de Laso tendrían ventaja en el partido. Aparecieron Séraphin y Heurtel, con un triple en transición, para darle la vuelta al marcador. Ya no dejarían de liderar los azulgrana el encuentro, sentenciando en un apoteósico último cuarto.

El Barça es líder en solitario tras diez jornadas con un balance de nueve victorias y una derrota.

LAS CLAVES:

  • Kuric, raza blanca tirador: hacía tiempo que el Barça no tenía un triplista nato -con el permiso de Navarro-. El estadounidense clavó 4 triples, tres de ellos en un último periodo sensacional. De los 20 partidos oficiales que ha disputado el Barça este curso, Kuric ha anotado al menos un triple en 18 -se quedó a 0 vs Manresa y Khimki-. Y ya suma cinco partidos metiendo 4 o más.
  • Claver, Hanga y Oriola, where defense happens: Pesic alabó en rueda de prensa el trabajo defensivo de sus hombres. En el pick’n roll, en los mismatch, en el rebote. Los azulgrana ganaron prácticamente todas las situaciones, forzando hasta quince pérdidas al Madrid. Claver estuvo soberbio, primero con una defensa asfixiante sobre Carroll -que tuvo solo tres minutos de plentiud- y después con ayudas exquisitas. Después Hanga, un todoterreno que da un plus al Barça. Tácticamente brillante, cada vez más a tono físicamente. Y finalmente Oriola, hiperactivo y autodidacta, porque no permitió que Felipe Reyes se la jugase más tras lo ocurrido en la primera acción en la que se vieron las caras -el capitán blanco capturó un rebote ofensivo y le sacó la falta-. Defensivamente, un clínic.
  • Randolph, cabeza endeble: sin Llull, el estadounidense debía erigirse como referencia del Madrid. Y empezó bien, anotando ocho puntos casi seguidos, abriendo la pista… Pero se le cruzaron los cables y tras un triple errado desde la esquina fue con demasiado fuerza, y sin explicación, a por un rebote imposible, cometiendo falta sobre Singleton y prácticamente autoeliminándose del choque, recibiendo una técnica que le tuvo en el banquillo una ingente cantidad de minutos.
  • Un Madrid sin respuesta: cuesta ver un Madrid tan espeso en ataque. Hizo méritos el Barça, desde luego, pero los blancos también echaron de menos las genialidades de Llull o las piernas frescas de Rudy -lesionado, no jugó el segundo tiempo- y Causeur, que apenas jugó nueve minutos. O la muñeca de Thompkins, otra pieza que hubiera abierto la pista en momentos puntuales. La dura semana de Euroliga hizo mella en los de Laso.