Luka Doncic demostró anoche que es un jugador especial. Solo unos elegidos pueden jugar mal y firmar un final de partido tan brillante. El esloveno sufrió ante Harden y no atinó demasiado en la primera mitad, pero se desquitó en un último cuarto de fantasía, liderando la remontada de los Mavericks, que acabaron ganando 107-104 a Houston.

Doncic decidió echarse el equipo a las espaldas, como si de un veterano se tratase, y suyos fueron los 11 puntos consecutivos que permitieron a Dallas revertir un marcador que estaba realmente cuesta arriba a falta de tres minutos [94-102]. Dos triples tras stepback, una bombita marca de la casa y una sensación de control impropia para un chico que aún no ha cumplido los 20 años.

El American Airlines Center se rindió a la elegancia del 77, a su liderazgo, a su inteligencia en la pista. Tocado por una varita mágica al nacer. Su partido, al alcance de muy pocos rookies. Acabó con 21 puntos, siete rebotes, una asistencia y tres robos de balón. Coetáneos de un genio.

Harden, 35 puntos y ocho asistencias, y Chris Paul, 23 puntos y ocho asistencias, se quedaron sin recompensa.