Lo admito. Estoy enamorado de estos Clippers. De su descaro ofensivo. De su juego coral sin estrellas definidas. De la capacidad para reconstruir su identidad en tiempo récord cuando todo apuntaba a una larga odisea en el desierto tras perder a las grandes figuras del último lustro. Porque, también lo admito -y sé que soy uno más entre muchos-, no daba un duro por los de Doc Rivers antes del inicio de temporada. Ahora, ‘el hermano pobre’ de los Lakers -a quienes vencieron, por cierto, esta madrugada- se codea con éstos en la zona noble de un Oeste más salvaje que nunca.

Podría hablar de Tobias Harris y de un tercio de campaña que lo podría catapultar a su primer All-Star Game. O de Montrezl Harrell. De su intensidad, su entrega, su aporte a ambos lados de la cancha y su condición de candidato, sin discusión, al premio al Jugador Más Mejorado. O de Lou Williams y su inigualable aporte desde el banquillo -¿Mejor Sexto Hombre de la liga?-. O de Shai Gilgeous-Alexander, uno de los grandes robos y tapados del pasado Draft. Pero no. Hoy es día para hablar de Danilo Gallinari.

Su temporada de debut en Los Ángeles fue prácticamente inexistente. 21 partidos disputados a consecuencia de la devastación de las lesiones. Malditas lesiones. Una realidad que ha acompañado al internacional italiano a lo largo de su carrera: tan solo en dos temporadas ha logrado disputar más de 63 partidos, para un total de 515 de 888 posibles.

Este curso, de momento, rozando el pleno: 33 de 34 y dando evidentes muestras, noche tras noche, de por qué fue elegido en la sexta posición del Draft de 2008 y su nombre elevado al de máxima promesa del baloncesto transalpino.

Porque Gallinari anota y rebotea más y mejor que nunca: 19.5 puntos, con un 46% de acierto en tiros de campo y 46.6% en triples, y 6.1 rebotes. Todos ellos tope de carrera. Y tan solo necesita 31.5 minutos de media en pista. Además, presenta su mayor registro de siempre en diversos valores de estadística avanzada: true shooting percentage, player efficiency rating, value over replacement player y win shares.

Una mayor versatilidad ofensiva originada desde su evolución en la creación de sus propios lanzamientos. Un 39% de sus tiros de dos puntos anotados han llegado desde la asistencia de un compañero, una cifra que durante el resto de su carrera siempre había estado más próxima al 50%.

Eso sí, ‘Gallo’ no solo anota. También asiste, genera y absorbe mucho juego. Y condiciona mucho las defensas rivales. Un dato: de entre los 104 jugadores que atacan el aro, conducen a canasta o penetran (‘drives’), al menos, cinco veces por partido, el italiano saca la falta al rival en un 12.8% de las ocasiones, el segundo mayor registro de toda la liga, tan solo por detrás de Blake Griffin (15%) y por delante de auténticos talentos en esta faceta como James Harden (10.2%), Kevin Durant (10.4%), LeBron James (10.9%) y Giannis Antetokounmpo (11.5%).

Esta situación está, por supuesto, configurada por el hecho de que los defensores tienen que estar muy encima de un Gallinari más acertado que nunca. Conduciendo el balón y en estático tras recepción. Según datos de NBA.com, presenta el séptimo máximo acierto en triples en ‘catch&shot’ y el duodécimo en tiros de campo, tomando como referencia jugadores con al menos dos intentos por velada. Y con una facilidad pasmosa para encontrar el tiro liberado. La inteligencia del ‘Gallo’.

Como recalco al principio del artículo, la mayor preocupación que existe ahora con Gallinari gira alrededor de su estado física. Las lesiones. Siempre llegaron -o casi siempre- cuando mejor nivel estaba mostrando. Las sensaciones, a día de hoy, son buenas. Tremendas. Esperemos que, en este ocasión, los problemas físicos le den un respiro. Esta versión de Gallinari es demasiado vistosa y divertida como para perderla, una vez más. La NBA necesita más equipos como estos Clippers.

Foto: Eurohoops