Foto: Omar Rawlings/Getty Images

Quintos de la Conferencia Este, con un balance de 21-14, a cinco victorias de Toronto Raptors y con tan solo cuatro triunfos más que los Nets, noveno clasificado. Después de la sorprendente actuación de la pasada campaña pese a las delicadas ausencias por problemas físicos, somos muchos los que, a nivel colectivo, esperábamos un poquito más de estos Celtics. Un peldaño más en la escalinata hacia el trono de la NBA. Un golpe de autoridad sobre la mesa.

No obstante, no podemos negar la realidad: en Boston están construyendo un proyecto ilusionante y se están estableciendo como uno de los mejores equipos del Este. Numerosas, versátiles y talentosas figuras a las órdenes de un obseso maestro del baloncesto como lo es Brad Stevens, quien ha sabido sacar todo el jugo a todas y cada una de las piezas que han caído en sus manos. Todo jugador tiene dos caras: con y sin Stevens.

Quizá el más especial, tanto por sus condiciones, características e impacto, así como por su rareza dentro del ‘Universo NBA’ es Kyrie Irving. Un talento singular a la altura de sus propias armas que puede cargar con la responsabilidad -y cumplirla- de llevar a su equipo más lejos que la mayoría de los jugadores de la competición. Un aforismo necesario en los niveles más altos de los Playoffs, el momento cumbre de la temporada. Porque si hablamos de ‘momento clave’, pocos jugadores responden de una forma tan contundente como lo hace Irving.

Ahora, Boston se encuentra en los equipos más dinámicos y versátiles de toda la NBA, e Irving está dirigiendo el ataque con una eficiencia y una comprensión del juego que, por una razón u otra -¿inmadurez en sus inicios y la presencia de LeBron James después?-, nunca pudo lograr en Cleveland.

La creación de espacios, así como su vocación anotadora, nunca fue puesta en tela de juicio, no así su capacidad para liderar una ofensiva eficiente como director de orquesta. Seamos serios: Irving nunca será un base puro, y cualquier equipo que desee limitarlo a dicho rol no solo se llevará una gran decepción, sino que estará, por otro lado, ahogando sus principales virtudes. Que no son pocas. No obstante, durante este curso hemos podido disfrutar de la versión más organizadora y solidaria del base. Las premisas están bien definidas: agudeza ofensiva, descaro y creatividad.

A medida que crece esta comodidad y química hacia ‘el nuevo Irving’, más versátil y peligroso se convierte el ataque de los Celtics. Atrae la atención de los defensores exteriores, con dobles y triples ayudas que generan valiosos espacios para sus compañeros. Los datos no mienten: según datos de NBA.com, casi todos los jugadores de la plantilla aumentan su rendimiento y anotación cuando comparten cancha con el Irving más generoso que se recuerda: 6.6 asistencias por noche, su tope de carrera. Todo ello con un Use Rating del 29.5% y un Net Rating de +13.

Su manejo de balón y facilidad insultante para atacar el aro y ‘romper’ a su par ocultan el resto de su arsenal ofensivo: un tiro letal, principalmente en el ‘clutch’, eficaz en el pick&roll y una agilidad sobrehumana que le permite no solo controlar su cuerpo sino, además, aprovechar el movimiento de sus rivales en su contra. Fantasía, cuando faltan las ideas. Eficacia, cuando el ataque se atasca.

Habilidades, ambas, que han demostrado ser fundamentales en Playoffs. Los Celtics destacan por el trabajo colectivo. Sin embargo, Irving se ha convertido en un arma ofensiva indispensable en los Celtics y la pieza que, probablemente, determine que tan lejos llegue el equipo al final de temporada.