Adam Hanga es como un tubo de oxígeno, salvador e inagotable. Imprescindible. El húngaro lideró el triunfo del FC Barcelona con 14 puntos y dos acciones magníficas en los últimos minutos. La primera, en defensa, taponando a Davies (con falta incluida) cuando el estadounidense se disponía a anotar sin oposición. La segunda, tras un robo sensacional -tirándose al suelo- que acabaría con una canasta suya a aro pasado. Enloqueció el Palau, más alterado que de costumbre para igualar los incansables cánticos de los aficionados de Zalgiris -unos 500-. Fue el colofón a un partido con un trasiego constante. Sin respiro, porque los de Jasikevicius -ovacionado al ser presentado por el speaker- se presentaron en la ciudad condal con todas sus armas dispuestos a librar una batalla de fuego cruzado divertidísima para el espectador.

No lo tuvieron fácil los azulgrana, que ganaban de diez al inicio del 3Q [48-38] pero se toparon con un inspirado Milaknis, disfrazado de Carroll y autor de tres triples casi seguidos -acabó con cinco- que revirtieron el marcador antes del último periodo [60-62]. Pero ahí, como ya le ocurrió hace una semana en Moscú, Zalgiris colapsó y apenas pudo anotar 10 puntos. Oriola, pura vitalidad, y el mencionado Hanga dieron un paso adelante y el Barça sumó su 13ª victoria en Euroliga. Quinta plaza consolidada -el Olympiacos cayó en Tel Aviv- y el Efes, a un partido.

ESTADÍSTICAS

El Zalgiris presentó sus cartas rápido, atacando con celeridad y acierto. White, con un espectacular alley-oop, y Milaknis desde el triple, abrieron una primera brecha [4-9, minuto 3] en el marcador. Rápidamente respondieron los azulgrana, con un Tomic que anotó los 6 primeros puntos del Barça y dos triples consecutivos de Pangos y Singleton. Pese al ensordecedor ruido de los aficionados lituanos -dijo Saras en rueda de prensa que se sintieron como en Kaunas-, los de Pesic se fueron por delante al término de los primeros diez minutos [23-20].

Contribuyó a tal ventaja Séraphin, al que se le sumaría después un Oriola siempre cumplidor. El Barça castigó al poste una y otra vez, manteniendo la ventaja en el marcador con un Blazic exquisito atrás. Pero Zalgiris no dio su brazo a torcer. Ulanovas desde más allá del arco, Davies a tabla, el siempre eficiente Jankunas, Wolters y su particular bomba… El partido entró en una fase de intercambio de canastas sin respiro. Era tal el ritmo que ni la bolsa de pipas podía uno abrir. Al descanso, 45-38.

Un triple de Kuric nada más comenzar la segunda mitad puso la máxima diferencia en el marcador [48-38]. Pintaban bastos para los de Jasikevicius, que en otro ejercicio brillante de resiliencia volvieron a meterse en el encuentro. Avisó Wolters con un triple y acto seguido comenzó la exhibición de Milaknis. Tres triples, casi seguidos, y empate a 56. Vuelta a empezar. Salió Heurtel al rescate culé, pero una canasta de White daría ventaja a los bálticos justo antes del último periodo [60-62].

Diez minutos, depósito escaso y ritmo peligroso. Pesic apostó por las piernas frescas. Las de Oriola, que abrió el cuarto con un triple desde la esquina y en la siguiente defensa taponó a Ulanovas. Vibraba el Palau. El técnico serbio leyó bien el cansancio de un desacertado Claver y señaló a Hanga con el dedo para que saliera a pista. El húngaro estuvo sublime, así como un Séraphin que aprovechó su fortaleza física para atacar a un Davies cargado de faltas -acabaría expulsado-. El francés sigue creciendo y Hanga lidera espiritualmente a un equipo sin límite. O sí. Solo Pesic sabe cuál es.