Dicen que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Eso le ocurrió a Queralt Casas (18/XI/1992) hace unos meses tras ser cortada inexplicablemente por el Carolo Basket.  Estuvo una semana sin equipo, pero el Sopron no dudó en apostar por ella. El cambio fue a mejor, desde luego. Ahora, a pocos días de la Final Four, la española atiende a Fullbasket ilusionada por el fin de semana que vivirá en casa.

Tras varios meses de competición llega la hora de la verdad. ¿Cómo os encontráis?

Estamos muy preparadas mentalmente, tenemos muchísimas ganas de hacer un buen papel, pero somos conscientes que el UMMC en semifinales será durísimo. Para tener alguna opción debemos ir al límite todas y jugar un partido muy completo.

Ya ganasteis al Kursk esta temporada, ¿es un buen ejemplo de que todo es posible?

No se pueden comparar las plantillas, eso es un hecho. Física y técnicamente son mejores, pero creo que tendremos opciones. ¿Muchas? No lo sé, pero tenemos nuestras bazas. Ganamos en Kursk hace unos meses, por lo que nada es imposible. Hay partidos en el baloncesto que se ganan con el corazón. Y si ellas no tienen el día… (risas).

¿Jugar en casa es una motivación añadida o un arma de doble filo?

Curiosamente en la liga regular hemos jugado mucho mejor fuera que en casa, algo que cuesta de entender. Pero bueno, la Final Four es distinto a todo. Cambian el color del parquet, habrá más aficiones… no sé hasta qué punto influye que seamos anfitrionas. Hay que olvidar la presión exterior y disfrutar del evento.

Si estuviéramos en la NBA, analizaríamos el cambio de Francia a Hungría como pasar de un equipo sin opciones de Playoffs a un aspirante al título. ¿Buen cambio, no?

La verdad es que sí, el cambio fue perfecto a nivel personal. Si me dicen a principio de temporada que jugaría la Final Four no me lo hubiera creído.

Desde fuera pareció que tu adaptación fue tan rápida como certera.

Individualmente ha sido un año complicado porque nunca había cambiado de equipo a mitad de curso. No tienes tiempo que perder. Fue llegar y tener la necesidad de rendir al máximo porque estábamos al final de la fase regular de la Euroliga. Las compañeras me ayudaron mucho y luego con Roberto (Íñiguez) he conectado desde el primer día. Entendemos el baloncesto de la misma forma, lo vivimos con mucha intensidad…

¿Tuviste alguna otra oferta?

Sí, tuve otra, pero con la de Sopron no me lo pensé dos veces. Quería trabajar con Roberto y sabía que podíamos llegar lejos. Creo que acerté (risas).

Equipo que coge, equipo que Íñiguez lo hace competitivo. ¿Qué transmite en el banquillo?

Es su sexta Final Four. Eso te lo dice todo. Personalmente creo que es de los mejores entrenadores del mundo. Te lleva el límite y es muy exigente, pero nos demuestra que si quieres algo tienes que trabajar duro para lograrlo. Te mete en situaciones de partido muy fácil y sus planteamientos son casi siempre acertados. Es un crack.

¿Notas una mejora en tu juego en el último año?

Creo que desde que marché a Francia he mantenido, individualmente, un nivel bastante alto. Lo que sí es cierto es que ir a la selección me ha permitido crecer y la gente me ha podido ver más. Ha sido un buen escaparate. Ahora entiendo mejor el juego colectivo.

¿Qué tal se vive en Sopron?

Sinceramente no he podido visitarla demasiado porque en plena competición pasamos muchas horas viajando, en el pabellón… hay poco tiempo libre. Sopron es pequeñita, pero muy bonita. Eso sí, como tenemos Viena a menos de una hora algún día libre nos desplazamos y pasamos el día allí.

¿Con quién has conectado más del vestuario?

Uf, es difícil escoger… lo que sí tengo que decir que es un auténtico honor compartir vestuario con Candice Dupree. Es una leyenda y ahora que la he conocido puedo afirmar que también es una fuera de serie como persona.