El Real Madrid se llevó el primer envite y conquistó el primer título de la temporada. El menos importante, pero uno más a la interminable colección de trofeos desde que llegó Pablo Laso. 18 van ya (en 25 finales disputadas). La sexta Supercopa del club blanco, empatando precisamente con los azulgrana en el palmarés histórico la competición.

Aprovechando el ritmo de competición de sus mundialistas, el Madrid dio un primer aviso a los de Pesic. Aviso porque el 2Q fue una clara demostración de que los blancos, cuando corren, son imparables. Con Rudy marcando el ritmo atrás (y Llull manteniendo el altísimo nivel defensivo del Mundial), Deck fue el puñal en ataque. Agazapado en la línea de fondo, listo como pocos (qué gozada su capacidad para leer los espacios), martilleó una y otra vez a un Barça que pecó de comunicación. Nada grave a estas alturas, más aún ante un equipo cohesionado y que por momentos activó el botón automático de sistemas. El 48-33 del descanso reflejó con total justicia la superioridad local.

Tomic – Davies, qué diferencia

El Barça, eso sí, no le perdió la cara al encuentro. Y eso que algunos jugadores hicieron mérito para ello. Pangos, pese a repartir 5 asistencias, transmitió esa falta de confianza que arrastra desde final de curso. (Qué diferencia con el Pangos de Canadá, ¿culpa de Pesic?). Tomic, por su parte, estuvo horrendo. En ataque anotó 4 puntos (todos desde el tiro libre) y falló tres tiros relativamente sencillos. Apoderado del miedo, ausente en las grandes citas. Mientras, Mickey brincaba en ambos lados de la cancha y no parecía el nuevo. El croata no se contagió de la energía de su defensor y con él en pista el diferencial fue rotundo: -11.

Volviendo al intento de reacción culé (69-63, minuto 30), el tercer periodo de Brandon Davies fue sensacional. Superó una y otra vez a un Tavares que saltó a todas las fintas y se fue al banquillo tras una falta innecesaria cuando Davies ya había hundido el balón. La inteligencia del pívot estadounidense con pasaporte de Uganda, la contundencia para finalizar y su vitalidad en pista serán de mucha utilidad en el Barça. Por no decir de cómo agradecerá el aficionado culé su ímpetu. Acabó con 23 puntos, a solo cuatro de su tope personal en Euroliga (27, precisamente ante el Madrid). Por cierto, su nivel no sorprende para los que seguimos estas dos últimas temporadas al Zalgiris de Jasikevicius.

Lo intentaron hasta el final los de Pesic, pero los triples de Campazzo fueron un jarro de agua fría. El primero, desde la esquina, porque frenó la inercia catalana (74-65, min 32). El segundo, a pase de Llull, porque sentenció (87-79, min 39).

Campazzo se llevó un merecido MVP (16+5+5, 22 de valoración), aunque permítanme que destaque a Deck por su impacto en el partido. Su defensa sobre Mirotic fue deliciosa. Como un escorpión con su aguijón. No le hizo falta veneno, pero su presencia y sus interminables manos asfixiaron al ala-pívot, hastiado de tanta presión. Cometió una falta en ataque y todos sus últimos tiros en el 4Q fueron punteados al límite. Alejado de la pintura, acabó con un 2 de 7 en triples. Un último dato: con Deck en pista, +18 para el Madrid. Es su año.