En esta ocasión, me gustaría hablaros sobre cómo es una semana tipo para un entrenador ayudante en un equipo profesional.

Nunca he creído demasiado en los libros de autoayuda, donde con frases muy manidas se nos trata de vender una realidad casi paralela: si trabajas, llegarás donde quieras; sólo los que se esfuerzan llegan… y un largo etcétera, que sólo pone el foco en la persona obviando todo el contexto y condicionantes en los que nos movemos.

Con esta reflexión quería comenzar este post, ya que en muchas ocasiones la función del entrenador asistente, va más allá de la pista, y de lo estrictamente relacionado con el baloncesto. Tenemos que llevarnos al jugador a nuestro terreno, tratando de facilitar un clima positivo de trabajo. Para ello, no podemos caer en la tentación de frases trasnochadas con énfasis en el aspecto motivacional. La motivación es algo intrínseco, nosotros podemos ser únicamente facilitadores de que ésta se manifieste.  Debemos evitar el impulso de basar nuestro discurso con los jugadores en contenidos vacíos de baloncesto y repletos de “emocionalidad” Nosotros debemos ayudar al jugador a mejorar. Si el jugador mejora con nosotros, con las herramientas que le ofrecemos, éste confiará en nosotros. En cambio, si nuestra forma de ganarnos al jugador es por la vía que antes he expuesto, nuestro recorrido será tan corto, como el tiempo en el que tarden en aparecer las adversidades.

En mi caso, en Suecia, tenemos competición bisemanal donde jugamos, normalmente, martes y viernes. Mis funciones principales como entrenador asistente son las siguientes:

-Preparación de Scouting individual de los rivales

-Preparación de Auto-Scouting individual de nuestros jugadores

-Elaboración de planes de mejora individual

– Anticiparme a las necesidades del equipo

En base a esas cuatro ideas capitales, tengo un planing semanal que podría resumir en: 24 horas de baloncesto. Siendo un poco asocial, viviendo lejos de la familia y amigos, quienes me conocen, se pueden imaginar cuánto disfruto con esto.

También, a esos cuatro objetivos-tareas, me gusta añadirle siempre que puedo, tiempo echando un cable ya sea con el segundo equipo o equipos formativos del club. Creo que la mejor manera de crecer como entrenadores es beber de muchas fuentes, y si es en formación, mucho mejor. Convivir entre el profesionalismo y la formación es uno de mis sueños más recónditos: conocer necesidades del jugador profesional, para optimizar los procesos de entrenamiento en formación. Sin embargo, aquí en Suecia no es muy común esta idea. Ojalá algún día pueda desarrollarla.

Durante los días de partido, por las mañanas, tenemos o sesiones de vídeo (si jugamos de visitante) o de tiro (si jugamos de local). Quizá el día menos ajetreado sea el día de partido, pues es la “función final”, donde ya no hay instrucciones que dar o aspectos que controlar, pues ya todo está mascado de los días anteriores.

Después de esta sesión matutina, solemos tener una reunión el cuerpo técnico, donde comentamos aspectos básicos a tener en cuenta durante el partido, a los que damos una vuelta final 2 horas antes del comienzo.

En el partido, mi función principal es mantener a todos enganchados. El banquillo tiene que ser uno más. Cuando los jugadores son sustituidos, darle feedback, o simplemente darle espacio (conocer LOS MOMENTOS). También, tratar de anticiparme al primer entrenador y filtrar la información relevante de la que no es. Al final, ésta es nuestra principal función…”quitarle trabajo” al primer entrenador, para que no tenga distracciones más allá de leer los requerimientos del partido.

Tras el partido toca la preparación de los vídeos individuales sobre los errores y aciertos cometidos en el partido. Es una faena que me encanta, pues me permite repasar acciones y verlas desde otra perspectiva, lo que hace que pueda reflexionar no sólo sobre aspectos de nuestros jugadores, sino como entrenador: cómo mejorar en “el directo”, saber cómo mirar durante los partidos, etc.

El día después de partido, tenemos sesiones de recuperación. Es, probablemente, mi día preferido, ya que con los jugadores que menos tiempo han participado, hago un entrenamiento individual, lo que me permite probar cosas nuevas. Para mí, esto es fundamental, porque es otra forma de coger responsabilidad y poder tratar de llevar a la práctica ideas que te sobrevuelan la cabeza o ves en otras competiciones, antes de filtrar al entrenador si serían ideas útiles o no. Algo con lo que estoy muy empecinado, es con el trabajo del desbloqueo de muñeca, pues es un déficit que veo en muchos jugadores.

Tras el día de recuperación, tenemos un día de optimización que normalmente es para corregir algunos errores y empezar con el Scouting del rival. A partir de ahí, se repite la misma dinámica anterior.

Los días libres con práctica voluntaria son los que, en muchas ocasiones, nos permiten conocer mejor al jugador, y por eso me apasionan. Son días, donde me encuentro sólo con 1 o 2 jugadores, y ahí, ellos, te expresan sus inquietudes, opiniones, etc. En definitiva, se abren a que los conozcas más. Esto es muy valioso para mi función, porque conocerlos nos permite reaccionar antes de que ocurran las cosas. Me enamoran, como a todos, esos jugadores que sin que algo sea exigido o necesario, te dan.

Siempre he sido un poco quijotesco. Demasiado iluso y soñador. El espíritu que debemos tener es el de un niño, porque sólo éstos aprenden: preguntar por todo, capacidad de querer escuchar,… y es algo que no debemos perder nunca. Desarrollar la capacidad de empatía  y escucha son aspectos indispensables para cualquier entrenador.

En definitiva, y parafraseando a un viejo profesor de universidad, dejemos de lado los libros de auto-ayuda y leamos más a Sócrates.