Uno de esos días marcados en rojo en el calendario de todo aficionado al baloncesto. De esos en los que la previa en el 5 sentidos no se perdona. Día grande baloncesto. Un Madrid – Barça de Euroliga no es moco de pavo. Es la madre del cordero. 

A 20 minutos del arranque saltó el Barça a calentar, con sus silbidos reglamentarios, poca cosa, todo sea dicho. Otra historia fue cuando Bonofiglio, speaker merengue, mencionó el 33 del que no puede ser nombrado, como diría Harry Potter: Niko Mirotic. La verdad es que fue ensordecedor. Tomic, que venía detrás, se llevó la resaca, de propina, con la que seguro contaba. 

Aclarado este punto, Pesic puso a dirigir al equipo a Adam Hanga, que naufragó estrepitosamente ante Campazzo. Se jugaba a lo que decía el pibe. Triple de Randolph, otro de Facundo y sin querer 12-3 y primer tiempo de Pesic. La defensa de los de Laso era impecable, de manual. Seguía sin anotar el Barça, 24-6 mediado el cuarto con Randolph en plan estrella: 11 puntos del esloveno. Una cosa de locos, arrasaba el Madrid al Barça como si fuera un equipo menor, totalmente maniatado, un juguete roto, y así se llegó al final de los primeros 10 minutos: 32-14.

No sabría cómo arrancar el segundo cuarto. Digamos que entre Tomic y Delaney se bastaron para liderar un parcial de 5-13, que luego fue de 5-21, para poner en jaque a los blancos, 37-35. Nacho Rodríguez disfrutaba desde una esquina del show blaugrana. Pesic movió el árbol y volvió a depositar su confianza en Hanga, esta vez liberado al no tener que soportar a Campazzo, con dos faltas y sin jugar en el segundo cuarto. Todo lo bien que esto le venía al húngaro, asfixiaba un poco más cada minuto al Madrid, que casi que terminó el cuarto pidiendo la hora. Un último sereno culé, liderado por Mirotic, puso en ventaja al Barça al final de los primeros 20 minutos y por primera vez en el partido: 48-50.

Y este juego tiene esas cosas que lo hacen impredecible. Si el Barça terminó como un tiro el segundo cuarto, pareció diluirse como un azucarillo al arranque del tercero mientras el Madrid entraba en plena efervescencia. Con Campazzo en pista la historia era diferente, el base ve las cosas a otro ritmo, y encontró en Taylor, con 8 puntos casi seguidos, un filón: 61-50 min 24, y tiempo de Svetislav. Se enfrió el partido con un intercambio de canastas, trascendental desde el punto en el que Tavares hizo la cuarta falta personal a 05:07 y Jordan Mickey se retiró expulsado por cinco faltas a 01:13 para el final del cuarto. Laso protegió a Walter y recurrió a Randolph primero, y después a Garuba en esta posición. 71-64 al término del tercer acto. 

Con todo por decidir una canasta de Llull abrió el último acto. Pasaban los minutos y el Barça no era capaz de recortar la diferencia. Con 75-65 a falta de 7 minutos apareció Higgins para firmar su primera canasta en juego y un tiro libre. El run-run se hacía notar, la angustia invadía cada alma del Palacio. Y apareció el esloveno, sin anotar desde el primer cuarto. Anthony Randolph puso en pie a las más de doce mil personas que se daban cita en el acto con un triple que ponía algo más que tierra de por medio, 78-68 a 4 para el final. Un golpe demasiado duro para los de Pesic.

Volvió el muro de Cabo Verde para terminar de poner el cerrojo a su aro. Tapón a Mirotic y acto seguido a Higgins, que reaccionó poniéndole la zancadilla. Tavares se encaró y ambos recibieron una técnica. Eliminado Tavares, 82-72 a 01:30 para el final del partido, y balón para el Madrid.

Pau Ribas ajustó desde el triple, demasiado tarde. “Somos los Reyes de Europa” gritaba la afición blanca, en lo que Campazzo, robaba la última bola del partido a Kuric en una nueva muestra de que para él, esto no termina hasta, mínimo, el minuto 40.