Siempre que algún amigo o conocido me pregunta por mi experiencia en el baloncesto profesional sueco, siempre saco a colación la enorme importancia que se da al ganar o perder por encima de la difusión de valores. Al final, sacrificamos horas con la familia, con los amigos, con la pareja, etc… ¿sólo para ganar? Echo mucho en falta ese componente social de difundir, gracias al deporte, una serie de valores y comportamientos que nos mejoren como sociedad.

Es por esto, que me animo a escribir este post, sobre el papel que ocupa el deporte, sobre todo formativo, en la educación y el crecimiento de nuestra sociedad. Un ejemplo, es el del entrenador catalán que sufrió las vejaciones y el maltrato por parte de padres en un torneo 3×3… ¿en eso estamos convirtiendo el deporte? El deporte es una expresión más de la sociedad, pero, a diferencias de muchas, éste nos atrapa y nos atrae, por lo que el poder que puede ejercer para movilizar conciencias y como herramienta de mejora de la sociedad es maravilloso. No es una quimera pensar que el deporte contribuye activamente a nuestro desarrollo y al establecimiento de nuevos derechos y libertades, el caso del fin del Apartheid y la participación indirecta del deporte es un ejemplo, entre múltiples otros. Este es el deporte que me gusta, y el que me moviliza. Aquel que mueve montañas que antes parecían imposibles.

En muchos casos, la contribución a la difusión de valores en el deporte se limita a la elaboración de una serie de normas, casi de sentido común, que no tienen en cuenta las nuevas expectativas, intereses o necesidades de la sociedad actual. Un decálogo de normas inconexo con la realidad, no consensuado y no revisable lo que puede garantizarnos es cierta seguridad dentro, pero, ¿y fuera? La sociedad evoluciona más rápido que estos decálogos.

No podemos dar las mismas respuestas ante problemas totalmente diferentes. Antes, nuestras fuentes principales de educación eran la familia, la escuela, los amigos y las prácticas extraescolares, entre las que podemos incluir el deporte. Ahora, hay un fenómeno con el que difícilmente podemos competir: el fenómeno internet, y las infinitas posibilidades que éste ofrece: acceso a información (o desinformación), acceso ilimitado a todo tipo de contenidos y su posibilidad de uso durante 24 horas. Esta revolución tecnológica, también cambia el paradigma, porque ya el deporte no es la única fuente “educativa” que provoca placer… Ahora, por ejemplo, tenemos móviles con internet con disponibilidad de uso durante 24 horas. Una dura competencia que, de momento, no estamos sabiendo dar respuestas. No sólo hay que soslayar los perjuicios del uso abusivo de esas nuevas herramientas, sino también tratar de poner en valor su uso responsable. Esto da para otro debate, y no es el objetivo genuino del artículo.

Los entrenadores y clubes, debemos fijar hasta dónde queremos llegar y sobre todo cómo. Esto último es lo que definirá nuestra identidad. No va tanto de valores, sino de la jerarquización de los mismos. Todos podemos estar de acuerdo en que valores como el respeto, la generosidad o el trabajo en equipo, son valores casi inherentes a la práctica deportiva. Lo que cambia es la jerarquía de los mismos y qué no estamos dispuestos a negociar. Un ejemplo significativo es la dicotomía que intencionadamente muchos establecen entre el cómo ganar y el ganar. Es obvio que a todos nos gusta jugar bien y ganar… pero en jerarquía, ¿a qué no estamos dispuestos a renunciar? De eso tratan los valores, de determinar qué nos define y de qué no podemos renegar independientemente de la situación.

Es indispensable saber dónde estamos, entender es fundamental. Todo parte del análisis del contexto: ¿podemos ir a contracorriente?, ¿qué batallas seleccionamos para desgastarnos?

Uno de los graves problemas de la sociedad es el exitismo y cómo afecta éste a la confianza en unos métodos u otros. Hacer algo y ganar, legitima lo que se hace…hacer eso mismo, y perder no. Las personas que ganan “huelen mejor” y atraen, quienes solemos perder, todo lo contrario. La falta de análisis y la competitividad mal entendida nos vuelve una sociedad mucho más individualista e insolidaria, pero son términos que debemos entender, también, para producir un cambio de mentalidad.

El sentido común, ¿quién lo fija?, ¿quién fija la jerarquización de valores sociales? Son algunas de las preguntas que no logro responder. Lo que sí, estoy agradecido en cómo el deporte, mis entrenadores y compañeros de equipo han contribuido a desarrollarme humanamente y a fijar valores y principios que definen mi comportamiento, independientemente de la situación.

En síntesis, huyamos de los mensajes simplistas, que dicen lo que el otro interlocutor quiere oír. El deporte, el baloncesto, es lo suficientemente influyente como para ayudar a mejorar esta sociedad.

«Son mucho más importantes los principios que las conveniencias deportivas. Los equipos con principios terminan a la larga siendo mejores deportivamente» Marcelo Bielsa

ARTÍCULO DE GABO LOAIZA