“Hay derrotas que tienen más dignidad que muchas victorias”

El baloncesto siempre te guarda alguna sorpresa, algo inesperado o improbable que a veces ocurre. Esa imprevisibilidad es lo que hace que los deportes de equipo tengan tanta atracción para el público. Si bien es cierto que no ocurre tanto como en el fútbol, el baloncesto también es una expresión donde no siempre tiene que ganar el poderoso. La derrota del Real Madrid este fin de semana es un claro ejemplo. Ese tipo de historias son las que engrandecen nuestro deporte.

La liga profesional sueca de baloncesto no tiene el gran seguimiento de las grandes ligas europeas, el baloncesto aquí no es ni el primer, ni el segundo ni tercer deporte. Por eso, sus historias tendrán menos trascendencia.

Los destinatarios finales del deporte de élite no son otros que los propios aficionados. Ser soñadores sin dejar de pisar el suelo. Decía Cruyff que no hay medalla más grande que defender un estilo, un estilo o una idea con la que se identifique un pueblo.

Más allá de todo esto, este fin de semana me tocó vivir una experiencia de esas que nos pasan y nos acompañan para siempre, de esas que daremos valor con el paso del tiempo. No salimos campeones, pero nos divertimos, crecimos, creímos… Si para ganar debes dejar de divertirte, ¿para qué sirve ganar?

Competimos contra el campeón de la liga sueca del año anterior, lo hicimos defendiendo una idea, un estilo agresivo, colaborativo, … donde todos somos importantes y ninguno imprescindible. El club con 4 años de existencia, desde la llegada de Boris Balibrea, se inyectó de una dosis de ilusión, crecimiento o pasión que nos ha conducido a cotas antes impensables. Estuvimos cerca, muy cerca de jugar la final… Quizá si el partido hubiera durado 5 minutos menos, y el nerviosismo propio de la inexperiencia no se hubiera apoderado de nosotros, el final hubiese sido diferente. Son experiencias, es un enriquecimiento individual y grupal inolvidable. Somos sabedores que, compitiendo así, que, jugando así, a pesar de tener que tragar ahora veneno, obtendremos lo que nos merecemos. El tiempo da dulces salidas a amargas dificultades, como decía el Quijote.

Sin embargo, la enseñanza más importante la obtuve lejos de los partidos, como casi siempre ocurre con este dichoso deporte que deja amistades y momentos que perduran en el tiempo. Recibimos la visita inesperada de un amigo, Robert Santos, quien quería poder decir que compartió con nosotros una experiencia así. Como decía Bielsa, no me quieras porque gané, necesito que me quieras para ganar. Estos son detalles, regalos de la vida, que no se olvidan. Recorrer 3000 km para ver a unos amigos y disfrutar con ellos de un momento así, solo lo hacen las buenas personas, y a este tipo de buenas personas debemos acercarnos.

Cuando hay dinero, como en el deporte de élite, pervertirte y perder tus valores individuales es más fácil. El baloncesto no debe caer en esa tentación. Creo en el espíritu quijotesco de luchar por nuestras utopías sin llegar a traicionar nuestras convicciones. Vivimos en la sociedad de lo inmediato, donde sólo se ensalza a quien gana y todo lo demás es sobrante. No se valoran los procesos, sólo el cortoplacismo. El alto rendimiento es un espejo donde los más jóvenes se miran, si no somos un ejemplo de comportamiento, de conducta, de defensa de una idea a pesar de las adversidades del momento, ¿qué ejemplo estamos dando? Todo lo que hacemos, lo hacemos para intentar ganar. Pero hay cosas que no se podrán negociar. Sentirse identificado con tu equipo no está vinculado a la victoria. Transitar la adversidad y superarla sin pervertirte enriquece el camino y establece unos lazos duraderos en el tiempo.

Al final, lo que queda es que nosotros fuimos terceros…Pero, ¿y qué? La imagen que encabeza este artículo es del partido por el tercer y cuarto puesto… Les quiero, admiro y respeto por actitudes como ésta.

Artículo de Gabo Loaiza