Sabían que tenían que hacer el partido perfecto para poder imponerse al Valladolid en el Pisuerga apoyado por unos aproximadamente 5.000 espectadores y así fue. Los guipuzcuanos se agarraron al plan de partido a la perfección para poder completar una noche histórica en la que levantar un título como la Copa Princesa con el que refuerzan su candidatura al ascenso directo a la ACB.
Los primeros nervios y el empuje de Dee pasan factura al Pucela

Ambos técnicos entregaron a Frank Bartley y Johnny Dee los primeros lanzamientos de la noche. En ellos recayó la responsabilidad de manera equitativa pero no así la fortuna ya que, en esas primeras acciones, tan sólo el exterior visitante lograba sentirse cómodo de cara al aro. Así lograron los donostiarras un primer parcial con el que inquietar por primera vez a un Hugo López que se veía obligado aparar el encuentro de manera prematura (0-8).

Hasta 3´30” tuvieron que pasar para que los locales anotaran sus primeros puntos, esta vez sí, a cargo de un Bartley que abría la lata desde el exterior pero, para entonces, el plantel visitante se encontraba ya en vuelta rápida. Especialmente de la mano de un Dee que anotaba incluso desde 7 metros para no desaprovechar el trabajo de sus compañeros en el rebote (5-15). Tan sólo un último aliento final de los vallisoletanos pudo reducir las diferencias al término de un primer cuarto en el que el plan de partido delos visitantes comenzaba a dar sus frutos (11-17).

La inercia de Dee no puede con el primer conato de remontada

Estaba obligado a dar un golpe de autoridad el Valladolid para poder recuperar el mando de partido, pero las cosas no terminaron de mejorar para sus intereses en el comienzo del segundo cuarto. Con el equipo impreciso en los pases y el rebote como asignatura pendiente, el GBC supo aprovechar cada error del rival para castigar con canasta. Una lectura que ningún otro jugador supo ver mejor que Mikel Úriz quien, con dos canastas consecutivas, lograba recuperar la decena (11-21).

Los minutos pasaban y ambos técnicos introducían en pista las primeras rotaciones de la noche, un baile que permitía al Donosti GBC mantener el nivel competitivo pero que comenzaba a ayudar a los de casa a dar con la tecla. Le costaba a los pívots, alejado de los aros ante la sólida defensa vasca, pero no así a los exteriores. Así llegaron cinco puntos consecutivos de color carmesí. Pero el Pucela fue capaz de volver al partido apenas unos instantes antes del descanso de la mano de Seydou Aboubacar (29-30).

Los vascos tiran de oficio para acercarse al triunfo
Parecía que el Carramimbre Valladolid podía dar un auténtico golpe de efecto al partido a tenor de sus últimos minutos de la primera parte e incluso llegaron a tener bola los de casa para haberse puesto por primera vez por delante pero esta no entró y las cosas comenzaron a complicarse para sus intereses.
Y es que el parcial de 1-9 favorable a su rival impulsó sobremanera a un Delteco Gipuzkoa que comenzaba a ver las cosas mucho más claras. Hasta tal punto que el tiempo muerto de Hugo López no pudo enfriar a un rival que sacaba petróleo con su defensa zonal (33-46). Y más aún cuando Johnny Dee seguía intimidando en un ataque en el que sus puntos seguían siendo el mejor complemento a los rebotes de Rozitis y Kawara (39-50).
La inercia ganadora entrega el título a Donosti GBC
Las cosas se complicaban para sus intereses y el reloj no ayudaba lo más mínimo a que el Carramimbre encontrara la calma. Llegaba el momento más complicado de la noche para el cuadro castellano-leonés y la afición supo responder elevando sus ánimos a la búsqueda de la remontada.
Hasta tal punto, que Jubril Adekoya encontró las fuerzas necesarias para poder anotar un triple desde la esquina con el que meterse de nuevo en partido (53-55). Las gradas soñaban con la remontada pero en el momento más decisivo del partido, la fortuna no acompañó a los vallisoletanos. A partir de aquí, el Donosti GBC no falló a la hora de imponer su inercia para poder cerrar un triunfo histórico en una noche para el recuerdo (55-62).