Partamos de la base que en el deporte se puede perder, que el rival también juega y que puede ser superior a ti. Nada que objetar hasta ahí. Añadamos que el fracaso, subjetivo a todas luces, debe ser siempre puesto en contexto.

El Barcelona cayó anoche en cuartos de final de Copa del Rey. No ocurría desde A Coruña, en 2016. El Valencia fue superior y ganó con justicia, como el mismo Pesic afirmó en rueda de prensa. Los de Ponsarnau (entrenador infravalorado) jugaron como un señor equipo y zarandearon a un Barça sin un plan alternativo a lanzar de tres una y otra vez. Tras cinco meses de competición, y cuando las cosas iban maldadas, los azulgrana solo recurrieron al triple (13 de 43). Como lleva ocurriendo en gran parte del curso, se fió todo al talento. Y claro, cuando la pelota no entra, las carencias se destapan. Por momentos, el ataque culé fue circense. Hasta en el Carpena hubo run-run de estupefacción ante tan pocas soluciones. No sorprende, pero preocupa la poca evolución del equipo (dejando de lado los resultados). Y no vale eso de «con Heurtel…».

La de anoche sería una derrota más, como puede ocurrir en el deporte. Pero cuesta un título, así que la magnifica. El Barça ya ha perdido los dos primeros títulos del curso. Sí, los menos importantes (cualquiera firmaría un doblete Liga y Euroliga), pero en la Copa defendías doble corona y llegabas con nueve victorias seguidas bajo el saco. En la primera gran cita del curso, el Barça falló. Desde Pesic a Davies, pasando por Higgins o Hanga. Mirotic (25 puntos) fue el único que se salvó, si bien tampoco apareció en los últimos minutos. ¿Fracaso? La inversión del verano obligaba (y obliga) a ganarlo todo. Sin excusas. La presión para Europa y ACB será ahora aún mayor. Una de las dos deberá «trincar» el Barça.

Señalados

No es fácil apuntar culpables en un deporte colectivo, pero el tropiezo copero deja señalados a algunas figuras del equipo.

Empezando por Svetislav Pesic, inoperante en un último periodo donde Tobey hizo estragos en la pintura mientras Davies y Tomic se lo miraban desde el banquillo. El primer cambio llegó a falta de un minuto, Abrines por Claver. Extraño. El serbio, manos en el bolsillo, no dio con la tecla. Tampoco le funcionó Oriola al ‘5’. Un dato: Abalde capturó 9 rebotes, uno menos que la suma de Davies, Tomic y Oriola (10). Son ya cinco meses de competición y son varias las taras que cuestan entender. La gestión de Ribas, las rotaciones, los roles (no) definidos… Lo que se ve en pista, lo único que puede valorarse tangiblemente, suscita dudas.

Brandon Davies estuvo horrendo. Poco queda del pivot que empezó el curso siendo la mejor pareja posible de Mirotic. Revolucionado y precipitado, es como si tuviera que demostrar en cada minuto de lo que es capaz. Necesita reencontrarse o el Barça sufrirá en Europa.

Cory Higgins. Hasta ahora, la gran decepción de la temporada. Números en mano podría salvarse, otra cosa es el lenguaje no verbal. Apático y sin confianza, lejos queda su versión de Moscú.

Adam Hanga. Imposible cuestionar al húngaro, siempre aguerrido y valiente, pero está visiblemente fatigado. Sus minutos como base, hasta enero, son un milagro. Muy por encima de lo que se le puede pedir a alguien que juega en una posición que no es la suya. Por cierto, ¿estaba lesionado Pau Ribas, el mismo al que recurriste hace una semana en La Fonteta?

Smits no salió, Kuric apenas dispuso de ocho minutos y Tomic pasó desapercibido. El banquillo sólo anotó 12 míseros puntos. Los dos parciales taronja (0-20, del 18-12 al 18-32; 0-14, del 52-50 al 52-64) fueron demoledores.

Primer varapalo gordo del curso. En el horizonte esperan Panathinaikos y CSKA. Ambos fuera.