En un patio de escuela suele haber dos perfiles de niños. El bajito listo que se las sabe todas y el grandullón que aprovecha su tamaño para dominar. De eso trató la primera semifinal, con Facundo Campazzo [15 puntos, 9 asistencias, y 7 robos para un 31 de valoración] y Walter Tavares [9 puntos, 10 rebotes y 3 tapones] como protagonistas. Una pareja incontestable.

El Real Madrid voló en semifinales ante el Valencia Basket y jugará su octava final de Copa del Rey en nueve años. Desde que llegó Laso, los blancos solo se han ausentado en 2013. Y son cinco títulos. ¿Llegará el sexto? Este domingo, nueva cita con la historia.

ESTADÍSTICAS

Como ocurrió en cuartos ante el Barcelona, el Valencia Basket salió espeso en ataque y algo permisivo atrás. Lo aprovechó el Madrid para abrir una brecha inicial [9-0, min 3]. Todo es más fácil bajo la dirección de un hiperactivo Campazzo, amo y señor de la ofensiva blanca -8 puntos, 3 rebotes, 4 asistencias, 5 robos y 16 de valoración en 11:32 minutos-. Como si estuviera en el recreo, el argentino marcó el ritmo a su antojo. Él y Tavares, cómo no, un cerrojo atrás. El caboverdiano se asienta en la zona y conjura un encantamiento que desvía los balones del aro blanco. Intimida, cambia tiros y carga absolutamente en todos los rebotes ofensivos.

Tardaron los taronja cuatro minutos en anotar sus primeros puntos, tres tiros libres de Doornekamp tras falta de Carroll. No encontrarías muchas más alternativas, terminando siete abajo el primer cuarto [18-11].

Campazzo robó otro balón nada más comenzar el segundo periodo, elevando su brazo en un pase dirigido a Colom. Más que picardía. Siguió el Madrid con la misma inercia, con un parcial de 10-2 que puso una máxima en el marcador [28-13, min 12]. Alarmas activadas. Llegó entonces el momento de sentar al Facu y a Tavares.

Nueva fase del partido.

Se sentó el argentino y el juego del Madrid dejó de fluir. Menos movilidad, menos espacios generados, más tiros facilones. Hasta ocho ataques consecutivos enlazaron los blancostirando de tres. Se sentó Tavares y Dubljevic anotó siete puntos consecutivos. Lo tuvo que parar Laso [28-20, min 18]. Tan evidente como tangible.

Seis minutos sin anotar estuvo el Madrid hasta que Thompkins rebañó un tiro de Llull punteado por Vives. Causeur, con una bandeja, puso el 34-20 al descanso.

Nada cambió tras el paso por vestuarios. Más bien todo lo contrario. El Madrid subió una marcha, activó el modo martillo pilón y rompió el partido. Ataque, canasta. Ataque, canasta. De nada sirvió el acierto de Vives en el otro lado de la cancha. Los de Laso quisieron finiquitar la semifinal y lo lograron con una superioridad aplastante. Despertaron Randolph y Carroll, mientras que el dúo dinámico siguió con su particular recital. El 67-44 con el que terminó el tercer periodo fue definitivo.

Los últimos minutos no tuvieron historia. El Madrid llegó a ganar por 30 en algunas fases [78-48] y Laso sacó a la segunda unidad pensando en la final. Una más para un equipo que ha recuperado las mejores sensaciones en el primer momento importante del curso.

La historia de siempre.