La rutina, concebida como una secuencia de actos repetitivos, puede llegar a ser aburrida. La monotonía desmotiva. Solo la ambición alimenta el hambre de seguir ganando. Para el Real Madrid de Pablo Laso, el pasado no sirve. Ni tan siquiera una hegemonía incontestable. La obligación es ganar y volver a ganar. Y el mérito, en este equipo, ya no es hacerlo, sino convertirlo en rutina. Y no aburre. Los blancos sumaron en Málaga la sexta Copa del Rey en nueve años -Laso ya tiene una Copa más que Aíto-. El 19º título del técnico vitoriano en 26 finales disputadas. Cifras incontestables para un equipo que se ha ido reinventando temporada tras temporada para alargar un ciclo sin fecha de caducidad.

En la final ante Unicaja fue superior en todas las facetas y festejó un nuevo éxito. Uno más en la oficina. Facundo Campazzo, con 13 puntos y 13 asistencias, fue nombrado MVP. Amo y señor del Madrid.

ESTADÍSTICAS

El inicio de partido fue toda una declaración de intenciones. Atacó Campazzo la zona y cuando se encerró Unicaja el argentino la abrió para que Carroll lanzara sin oposición. Triple. Dentro. El primero de los diez que metió el Madrid al descanso [10/18, 17-30 al final]. Irrumpió Randolph en la fiesta, con Campazzo dirigiendo una vez más las operaciones. Como todo el fin de semana. Sufrieron los de Casimiro para anotar, y eso que Tavares se sentó rápido. Carroll, con cinco puntos seguidos, lideró un parcial de 12-3 que disparó a los de Laso ya en el primer cuarto [13-26].

No pudo ser más negativo el comienzo de segundo cuarto para los anfitriones, pues el talón de Jaime Fernández dijo basta y el Madrid, con tres triples -dos de Rudy y uno de Thompkins- amenazaba con dejar la final vista para sentencia [14-35, min 14]. Pero se sentó Campazzo. Y ahí la película siempre cambia.

Darío Brizuela dio un paso adelante, pidió el balón y se propuso que toda una ciudad volviera a creer. Y lo logró durante unos minutos. No titubeó en llevar el peso ofensivo, encadenando diez puntos seguidos para bajar de la barrera psicológica [26-35, min 18]. Perdió fluidez el Madrid, con un Llull empecinado en chocar una y otra vez con la defensa. Se levantó el Carpena, consciente que era el momento. Pero volvió Campazzo y los blancos enderezaron el rumbo. Asistencia para Taylor, triple. Triple sobre la bocina de posesión. 28-43 al descanso. Medio camino recorrido. Al son del Facu.

Cualquier atisbo de remontada local tras el descanso se esfumó cuando Alberto Díaz, con 30-43 en el marcador, falló un triple frontal liberado. Erró. Y el Madrid, que siempre huele la sangre, lo aprovechó para firmar un parcial de 0-8 y dispararse en el marcador. Ahí se acabó la final. No porque Unicaja bajara los brazos, sino porque los de Laso siguieron trabajando atrás. Con esa ambición que alimenta la voracidad de un grupo terriblemente competitivo. Carroll, tras unas semanas ausente, demostró que sigue contando con una de las muñecas más fiables de Europa. Se sentó tras anotar su cuarto triple y alcanzar los 20 puntos. Ovacionado tras otra noche de función. 40-68, game over.

El último cuarto ya no tuvo misterio. Pasaron los minutos y el Madrid celebró la 28ª Copa del Rey de su historia, aumentando su ventaja con el Barcelona -25-. Laso agranda su leyenda. Sigue comandando su dinastía.